El papel de Roma en la construcción de la Provincia de Córdoba en las primeras décadas del siglo XIXRome’s role in building the province of Córdoba in the rst decades of the nineteenth centuryO papel de Roma na construção da Província de Córdoba nas primeiras décadas do século XIXValentina AyroloUniversidad Nacional de Mar del Plata/CONICET, Argentinavayrolo@gmail.comDOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i50.779Fecha de presentación: 4 de agosto de 2018Fecha de aceptación: 3 de abril de 2019Artículo de investigaciónProcesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 50 (julio-diciembre 2019), 69-96. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780-PRO50-4sept..indd 6924/10/19 11:06
RESUMENEste artículo explora el papel de Roma en el desarrollo estatal-provincial de Córdoba (Argentina). Se considera el rol que tuvo el papa y los Estados Ponticios en el proceso de externalización de la Provincia y cómo estos actores sirvieron a la élite local en su propósito de rearmar y legitimar su poder. Para ello, se estudia el juego de imágenes evocadas en función de dotar de identidad al sistema político vigente en la Provincia-Diócesis de Córdoba.Palabras clave: historia latinoamericana, historia de Argentina, historia de la Iglesia, Roma, Estados papales, Argentina, siglo XIX, Estado, administración católica.ABSTRACTThe present article explores Rome’s role in building the state-province of Córdoba (Argentina). It takes into consideration the role played by the Pope and the Papal States in the process of externalizing the province and how these stakeholders were at the service of the local elite to reassert and legitimize their power. For this purpose, it examines the set of images evoked to provide an identity to the political system in force at the time in the province-diocese of Córdoba.Keywords: Latin American history, history of Argentina, history of the Church, Rome, Papal States, Argentina, nineteenth century, state, Catholic administrationRESUMOEste artigo explora o papel de Roma no desenvolvimento estatal-provincial de Córdoba (Argentina). Considera-se o papel que teve o Papa e os Estados pontifícios no processo de externalização da Província e como estes atores serviram à elite local no seu propósito de rearmar e legitimar o seu poder. Para tanto, se estuda o jogo de imagens evocadas para dotar de identidade o sistema político em vigor na Província Diocese de Córdoba. Palavras chave: História Latino-americana, História da Argentina, História da Igreja, Roma, Estados papais, Argentina, Século XIX, estado, administração católica. -PRO50-4sept..indd 7024/10/19 11:06
introduCCiónLa construcción de los Estados nacionales es un tema que, de una ma-nera u otra, importa a toda la historiografía dedicada al siglo XIX e incluso a una parte de la que se ocupa de las últimas décadas del XVIII. La cuestión concita interés porque es el proceso que domina y marca ese siglo. No obs-tante, pese a los intentos sistemáticos de muchos investigadores, no existe un solo modelo de construcción estatal ni una sola manera de concebir al Estado. Lo mismo ocurre con la Iglesia, sobre la cual también existen diver-sas deniciones que contemplan la historicidad de la institución, así como su autodenición y percepción.1Durante los siglos XV y XVI se precisó de un nuevo término para dar en-tidad a los extensos ordenamientos políticos que excedían los límites de las ciudades, y fue así como el término Estado comenzó a mutar su signicación y se convirtió en un concepto objeto de teorizaciones. Sin duda, después de Machiavelo, la interpretación más popular es la de Max Weber, quien anali-zó el proceso de construcción del Estado deniéndolo básicamente a partir de dos atributos: la existencia de un aparato administrativo y el monopolio legítimo de la fuerza.2El caso argentino es un ejemplo de un proceso de construcción estatal no lineal.3 No fue la Argentina que existe hoy la que declaró la independencia, ni esa declaración implicó el inicio de un Estado único. Por el contrario, el Es-tado nacional argentino, tal como lo conocemos, fue un resultado alcanzado luego de treinta años de vida confederada para trece Provincias soberanas.4 1. Las reexiones acerca de la Iglesia, de su esencia, de cómo se constituye en sujeto de teoría y cómo crea y recrea su propia denición y su imagen ha merecido la atención de muchos investigadores. Destaco los trabajos de Dominique Iogna-Prat citados en la bi-bliografía, sobre todo el artículo “¿Sociedad perfecta, sociedad completa? La Iglesia frente al riesgo de la modernidad”, donde aborda este asunto. Para el Río de la Plata, quien ha reexionado sobre este asunto cuestionando el uso del término Iglesia para el siglo XIX es Roberto Di Stefano. Véase “En torno a la Iglesia colonial y del temprano siglo XIX. El caso del Río de la Plata”, Takwá, Revista de la Universidad de Guadalajara, n.º 8 (otoño 2005): 49-65.2. Véase Norberto Bobbio, Estado, gobierno y sociedad (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, FCE, 1985), 86-116.3. Para el caso argentino observamos que la forma y el ritmo del proceso de construc-ción estatal según esquemas modélicos no fueron lineales. 4. En un libro sugerente y muy difundido dentro de la historiografía argentina, Óscar Ozslak consigna una serie de atributos que, a su juicio, dan cuenta del carácter estatal de las unidades políticas destacando la capacidad de externalizar el poder y la de internalizar una identidad colectiva como forma de control ideológico y mecanismo de dominación. -PRO50-4sept..indd 7124/10/19 11:06
Procesos 50, julio-diciembre 201972El presente artículo analiza el tema enfocándose en la experiencia de Córdoba en tanto ente soberano, con precedencia a la conformación del Es-tado nacional argentino.5 En el caso en estudio, la necesidad de externalizar el poder a través de su reconocimiento como unidad soberana dentro de un sistema de relaciones interestatales se maniesta como una de las aristas del proceso de construcción provincial. En ese contexto general, y continuando con reexiones anteriores, este trabajo propone explorar el lugar de Roma y del papa en el desarrollo esta-tal-provincial de Córdoba, considerando el rol que estas entidades tuvieron en el proceso de externalización de la Provincia.6 Además, se observará cómo sus representaciones sirvieron a la élite local en su propósito de rearmar y legitimar su propio poder. Para ello reparamos en el juego de imágenes evo-cadas en función de rearmar la soberanía del sistema político vigente en la Provincia-diócesis de Córdoba.7 Este análisis pone el acento en la cooptación por parte del Estado de las unidades políticas menores (las Provincias). Véase Oscar Oszlak, La formación del Estado argentino (Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1982). Su tesis ha sido cuestionada en un libro aparecido en 2010, donde se plantea que el Estado argentino resultó de la convergencia de las dinámi-cas provinciales con las del poder centralizado, lo que implica el reconocimiento de que hubo un proceso anterior que dotó a cada unidad política menor (Provincia) de elementos de estatidad que nutrieron el proceso de construcción del Estado nacional. Véase Beatriz Bragoni y Eduardo Míguez, eds. Un nuevo orden político. Provincias y Estado Nacional, 1852-1880 (Buenos Aires: Biblos, 2010), en particular la introducción. 5. Si bien la calidad estatal de las Provincias argentinas durante el período que com-prende los años 1820-1852 es muy discutida por la historiografía, las considero como tales en tanto manejan sus atributos soberanos. Acordamos con Chiaramonte cuando arma que el uso de la denominación de Provincia “remite a una posición subordinada en una unidad política mayor”. José Carlos Chiaramonte, “El federalismo argentino en la primera mitad del siglo XIX”. En Federalismos latinoamericanos: México/ Brasil/ Argentina, coord. por Marcello Carmagnani, 81-127 (México: FCE, 1993), 96. Usaré mayúscula cuando me reera a la Provincia en este sentido.6. Teniendo en cuenta que todavía a principios del siglo XIX Roma era sede de los Estados Ponticios y también centro de la Iglesia católica, nos referiremos a Roma en tanto sede binaria de poder. 7. La denominación de Provincia-diócesis en tanto unidad dotada de un sentido y una lógica propios parece la más adecuada para el período que va de 1820 a 1852, años en los que se conjugan factores ideológicos (federalismo), morales (catolicismo) y políticos para dar coherencia a una organización “estatal” y facilitándole la gobernabilidad política en tiempos de altos niveles de conictividad y violencia. En otro lugar analizamos la deni-ción de Córdoba de cara al interior provincial; véase Valentina Ayrolo, “La construcción de un sistema político alternativo. Córdoba durante el gobierno de Juan Bautista Bustos, 1820-1829”. En Actores, representaciones e imaginarios, nuevas perspectivas en la historia política de América Latina: homenaje a François Xavier Guerra, comp. por Jaime Peire, 197-216 (Bue-nos Aires: Editorial Universidad Nacional de Tres de Febrero, 2007).-PRO50-4sept..indd 7224/10/19 11:06
Procesos 50, julio-diciembre 201973Empezaremos describiendo la comunicación y los vínculos que se esta-blecieron entre Sudamérica y Roma para ver las bases de esa relación. Luego analizamos los elementos que contribuyeron a la autopercepción provin-cial de cara al Papado, para continuar examinando las imágenes que sobre este vínculo circulaban en Córdoba. Por n, concluiremos nuestro artículo mostrando cómo esas imágenes, a modo de los espejos de un caleidoscopio, fueron apuntalando el proceso de construcción provincial, otorgándole una oportunidad de autodenición en tanto entidad política, esto es como Pro-vincia, de cara al exterior.la CoMuniCaCión entre sudaMériCa y roMaComo es sabido, el uso del patronato obstaculizó la posibilidad de esta-blecer una relación uida entre Roma y América. Por eso, durante el período colonial, pero también después de la Independencia, la información relativa a ambas partes estuvo mediada por los patronos de la Iglesia: primero por España y luego por los gobiernos locales.8 Recordemos que el término patronato designa, básicamente, el derecho que tenía un patrón de presentar ministros para una iglesia bajo su tutela.9 Este derecho fue uno de los más importantes que obtuvo la Corona espa-ñola de manos del papa entre nales del siglo XV y principios del XVI.10 La calidad asignada a esta potestad fue creciendo a lo largo del tiempo. En un 8. Para ayudar al lector a ubicarse cronológicamente indico algunas fechas clave. El Virreinato del Río de la Plata se funda en 1776 al desprenderse del Virreinato del Perú. La capital virreinal estuvo en Buenos Aires y la ciudad de Córdoba fue sede del gobierno de una de las gobernaciones intendencias virreinales. En 1810 se constituye una Junta revo-lucionaria en Buenos Aires que logra la adhesión de gran parte de las jurisdicciones que le estaban sujetas y se inicia el proceso de guerra de independencia. Luego, hacia 1813, la re-volución da un giro y en 1816 se declara la independencia de las Provincias Unidas en Sud América. En 1820 ese proyecto político se termina y las ciudades recuperan su soberanía, constituyéndose una confederación de Provincias, que sin perder de vista la idea de cons-tituir un país común, se manejan y se vinculan entre sí por medio de pactos y acuerdos hasta 1852. Véase el manual de Tulio Halperin Donghi, De la revolución a la confederación rosista (Buenos Aires: Paidós, 1984).9. Como reconocimiento del descubrimiento de América, el papa Julio II por medio de la Bula Universalis ecclesiae regiminis del 28 de julio de 1508 otorga a los reyes de España el pa-tronato sobre las iglesias de Indias y el derecho de presentación. Véase Christian Hermann, L’Eglise d’Espagne sous le patronage royal (1476-1834) (Madrid: Casa de Velásquez, 1988). 10. Otros derechos se sumaron a este, como el de la percepción de los diezmos de Indias cedido por Alejandro VI el 16 de noviembre de 1501. Los documentos de ambas concesiones pueden consultarse en Archivo General de Indias (AGI), 29.1.1/Patronato, 1, N, 8, R, 1.-PRO50-4sept..indd 7324/10/19 11:06
Procesos 50, julio-diciembre 201974principio el patronato signicó la posibilidad de elegir y presentar al papa los candidatos para cubrir benecios eclesiásticos señalando el aspirante preferido. Aunque siempre se manejó de forma útil a la monarquía, hubo diferencias notables entre la concepción de los Austrias y la de los Borbones vinculadas a las necesidades y prioridades de cada dinastía, así como del momento histórico. En el siglo XVIII, cuando se desarrollan las teorías del re-galismo, el patronato fue considerado como un derecho soberano y se logró la calidad de universal para la administración de las Indias. Pese a que existieron mecanismos a través de los cuales la Santa Sede po-día tomar conocimiento directo del estado de las iglesias de América, estos no eran ecaces como para garantizar a Roma una información rápida, segura y de primera mano. Uno de los instrumentos pensados y creados para lograr una comunicación directa entre el papa y sus obispos eran las llamadas Visitas ad limina. Según estableció la Bula de Sixto V Romanus Pontifex, de 1585, los obispos (entre otras dignidades) debían jurar visitar “a su debido tiempo” las tumbas de San Pedro y San Pablo,11 tenían que informar al papa cómo cumplían sus funciones pastorales y visitar su diócesis ellos o delegar la tarea. Para el caso americano, los informes resultantes debían ser enviados a Roma cada diez años por medio de la Congregación del Concilio previa remi-sión al Consejo de Indias para que las estudiase y le diese pase.12 La irregulari-dad en la realización de las visitas estuvo motivada, sobre todo, por las dudas que había sobre el carácter obligatorio de las mismas. El incumplimiento por parte de los obispos americanos del envío de los informes a Roma quitó a este recurso su peso y el verdadero carácter de canal directo de comunicación. La última Visita ad limina enviada a Roma desde el virreinato del Río de la Plata fue la que hizo el obispo de Buenos Aires, Benito de Lué y Riega en 1804. Para la diócesis que nos interesa, Córdoba, la Relation del obispo del Tucumán Pedro Miguel de Argandoña, de 1750, fue la última.13 Conviene aclarar que en ese momento Córdoba era parte de la diócesis de Tucumán –la de Córdoba se crea en 1806– y que no resulta extraño que luego de esta fecha no existan más Relatio ad limina para la región ya que por la Real Cédula del 1.° de julio de 1770 el cumplimiento de las visitas quedaba a criterio de los prelados. Esta disposición se rearma en 1777 cuando se resuelve que los obispos de Indias no tenían obligación de realizar las visitas ni de enviar los 11. Esta disposición se delegó, de manera general, a procuradores o miembros de las órdenes con casa en Roma. Véase Fernando Aliaga Rojas, La relación de visita ad limina de 1609 y los precedentes de la iglesia en Chile en el siglo XVI (Santiago: Universidad Católica de Chile,1967), 26.12. Ibíd., 23.13. Véase Santiago Barbero, Estela Astrada y Julieta Consigli, Relaciones ad Limina de los obispos de la diócesis del Tucumán (s. XVII al XIX) (Córdoba: Prosopis, 1995).-PRO50-4sept..indd 7424/10/19 11:06
Procesos 50, julio-diciembre 201975informes correspondientes.14 Todo lo dicho explica la desinformación que el papa tenía sobre América. Con todo, y sumados los problemas surgidos por la entrada de Napo-león a España, podemos decir que a partir de 1820 la percepción del papa so-bre la Iglesia americana se fue modicando. Este cambio fue estimulado por los acontecimientos políticos, pero fundamentalmente por los informes que recibieron los Estados Ponticios de manos de eclesiásticos recién llegados a Roma desde América. Es a partir de ese momento que la Secretaría de Estado comienza a tomar conciencia de lo que estaba pasando en Sudamérica y de la gravedad del caso para sus intereses: los recientes acontecimientos políticos podían signicar para Roma la pérdida de esas iglesias.ROMA ENTRE ESPAÑA Y AMÉRICA: CONTACTO Y COMPROMISOEn 1814 Fernando VII volvió al trono español. El monarca informó al papa lo que estaba ocurriendo en América de forma confusa y poco preci-sa. Mencionó la extensión y continuidad de “la revolución americana”, pero menguó su peso. Roma a su vez, también desestimó la información, conside-rando dichos movimientos revolucionarios como resonancias lejanas de las revoluciones europeas. Por una cuestión estratégica y política luego del regreso del papa a Roma, en 1815, para la Santa Sede lo más importante era estabilizar su pro-pia administración,15 y, de cara a lo que ocurría en España, donde también se había librado una revolución de independencia durante el cautiverio del rey, retomar los vínculos sin conictos.16 En 1816, en el Río de la Plata, un Congreso reunido en la ciudad de Tucu-mán declaró la independencia de las Provincias Unidas en Sud América y dis-cutió la forma de gobierno que adoptaría el nuevo cuerpo político.17 Sin duda, los diputados no eran ajenos a lo que estaba pasando en Europa, y entre ellos muchos estaban seriamente interesados en instaurar una monarquía por con-siderarla la forma de gobierno más adecuada y más viable para la región. Un 14. Aliaga Rojas, La relación de..., 28.15. Recuérdese que entre 1812 y 1814 el papa Pío VII es prisionero de Napoleón y solo regresa a Roma en 1815. 16. Véase Roger Aubert, “La Iglesia católica de la Restauración” En Manual de Historia de la Iglesia, coord. por Hubert Jedin, t. VIII, 2.º parte, 282-308 (Barcelona: Herder, 1978). 17. Este es el nombre que toma gran parte del territorio de lo que luego será la Re-pública Argentina. En este sentido, señalamos que las ciudades de Charcas, Mizque y Chichas que rmaron el acta de independencia no se integraron luego a la Argentina y las de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y San Luis no la juraron y sí integraron después el país. -PRO50-4sept..indd 7524/10/19 11:06
Procesos 50, julio-diciembre 201976sector de aquellos que apoyaban este último proyecto, quería un rey europeo para el Río de la Plata. Otro grupo sostenía que debía coronarse un rey inca.18 En el último año de lo que se conoce como el primer ciclo de la revolución rioplatense (1810-1815), algunos agentes locales fueron enviados a Europa con el propósito de lograr el apoyo de las potencias extranjeras. El primer acercamiento entre Roma y América del Sur coincidió con la restauración mo-nárquica en Europa bajo el signo de la Santa Alianza, rmado en septiembre de 1815. Por ello, muchos de los sectores allegados al papa vieron con buenos ojos la instauración en América de monarquías constitucionales en armonía y bajo la tutela ponticia. Entre aquellos que avalaban esta idea se encuentra el presbítero Pedro Ignacio de Castro Barros, diputado por ciudad de La Rioja en el Congreso de 1816, quien el 31 de julio de ese año, coincidiendo con otros diputados, sostuvo que la forma de gobierno del nuevo Estado debía ser mo-nárquica, constitucional y hereditaria.19 También apoyó la moción de enviar a un representante de las Provincias Unidas a Roma para establecer relaciones con la Sede Apostólica, aportando para ello parte de sus pensiones.20 Además de Manuel Belgrano viajaron a Francia y España Manuel de Sarra-tea y luego Bernardino Rivadavia con la intención de lograr el apoyo de esos países y coronar como rey al príncipe de Luca, quien desposaría una infanta portuguesa para incorporar la Banda Oriental del Uruguay al nuevo Estado. Aunque el proyecto parecía atractivo, no logró el apoyo deseado. En 1820 Fran-cia manifestó su total negativa a apoyar el plan, con lo que el caso se cerró. 21 18. Esta última propuesta fue defendida por Manuel Belgrano quien creía que una mo-narquía de esas características lograría reconciliar la revolución rioplatense con Europa y con América transformándola en un suceso continental. Véase Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y la Independencia Argentina (Buenos Aires: 1857), cap. XXIX, “El Inca, 1816”, 182-211. 19. Manuel Belgrano, recién llegado de Europa ya lo había propuesto en sesión secre-ta del 6 de julio de 1816. Véase Gabriela Tío Vallejo y Facundo Nanni, “Una difícil centra-lidad. El clima político en Tucumán en tiempos del Congreso”, Anuario del Instituto de His-toria Argentina, vol. 16, n.º 1 (abril 2016): 2-7. http//www.anuarioiha.fahce.unlp.edu.ar/.20. En sentido estricto, el Río de la Plata nunca había mantenido relaciones directas con la Santa Sede por la intermediación que en uso del Patronato hacía España. En 1813, la asamblea había decretado: que “el Nuncio Apostólico residente en España” estaba im-pedido de ejercer “acto alguno de jurisdicción en el Estado de las Provincias Unidas del Río de la Plata” y por ello se ordenaba “que habiendo reasumido los Reverendos Obispos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sus primitivas facultades ordinarias, usen de ellas plenamente de sus respectivas diócesis mientras dure la incomunicación con la Santa Sede Apostólica”. Los detalles de esta cuestión pueden verse en Valentina Ayrolo, El abra-zo reformador. Las reformas eclesiásticas en tiempos de construcción estatal. Córdoba y Cuyo en el concierto iberoamericano (1813-1840) (Rosario: Prohistoria, 2017).21. En 1820 el encargado francés de asuntos diplomáticos en Buenos Aires, H. Le Moyne, escribía a su gobierno: “Monsieur, le gouvernement français a le plus vif inté-ret pour la situation de Buenos Ayres et il est disposé á faire de tout son mieux pour -PRO50-4sept..indd 7624/10/19 11:06
Procesos 50, julio-diciembre 201977Varios autores arman que el diputado y eclesiástico Valentín Gómez, que partió en misión diplomática hacia París en 1818, llevaba como uno de sus cometidos establecer contacto con la Santa Sede. Según supo monseñor Raaele Mazio cuando en 1823 actuaba en la Comisión de Asuntos Eclesiás-ticos Extraordinarios: por decreto del Senado [se reere al Congreso de 1816] se le suministraron al Dr. Valentín Gómez 30.000 escudos del erario público encargándole buscar en Fran-cia la protección de S. M. cristianísima para aquellas provincias, luego pasaría a Roma a suplicar al Santo Padre que tenga a bien proveer de obispos a las diócesis vacantes [...] pero temiendo la presencia del embajador español en Roma, no osó venir y volvió a América sin haber cumplido la misión que se le había conado.22 Pero, aparentemente, dicho contacto no se logró.23 Como es conocido, una vez repuesto Fernando VII en el trono de España intentó restaurar el orden colonial en América, buscando el apoyo papal. No obstante, lo único que consiguió fue el breve Esti Longgisimo promulgado por Pío VII en 1816 que, dirigido a los obispos americanos, los exhortaba a que encarrilasen a sus feligresías y retornasen al gobierno de España. Si bien el Breve tuvo repercu-sión en América, no fue obedecido.24 faciliter les moyens á n qu’il se constitue en une monarchie constitutionelle, car c’est l’unique systhème gouvernamental qui convienne aux intérets de tous les deux (...)”. Sin embargo, la propuesta fue desestimada. Archivo del Quai d’Orsay, “Correspondence Politique”, vol. 2 (1820-1827), 38.22. Relaciones entre la Santa Sede e Hispano América (RSSHA), t. II (Roma-Caracas: 1959-1960), doc. 2: 8-9. Mi traducción.23. La supuesta misión de Gómez no está documentada en los archivos vaticanos consultados; solo encontramos un párrafo de la carta del religioso Idelfonso Villaroel que dice: “que la Santa Sede Apostólica provea quanto antes de opoxtunos xemedios à tantos males: a este efecto acoxdaxon, tres años hace, de embiar un diputado o representante à esta curia romana, como el hecho vino el Dr. Dn. Valentín Gómez, ahoxa actual pxovisor de Buenos Ayxes, è ignora la causa de no haber llegado à Roma”. Archivo Secreto Vaticano (ASV), Carte Mazio n.° 41 (América). Sin embargo, varios autores han hablado de ella como de un hecho real sin demostrar ninguno dónde obtuvieron la información. Un ejemplo de esto se encuentra en el libro de Rubén Vargas Ugarte, El episcopado en los tiempos de la eman-cipación sudamericana (Lima: Lib. Imp. Gil, 1962), 332, y en Avelino Gómez Ferreyra, Pedro “El americano” y una misión diplomática argentina (Buenos Aires: Huarpes, 1946).24. El Breve decía: “uno de sus hermosos y principales preceptos es el que prescribe la sumisión a las Autoridades superiores, no dudamos que en las conmociones de esos países, que tan amargas han sido para Nuestro Corazón, no habréis cesado de inspirar a vuestra grey el justo y rme odio con que debe mirarlas”. En 1824 el papa León XIII da a conocer un nuevo breve denominado Etsi iam diu. En él se alienta nuevamente a los americanos a volver a España esta vez incluyendo en la lista de males a los que están so-metidos los americanos las ideas secularizantes. La noticia llegó al Río de la Plata en 1825 por medio de El Observador Eclesiástico de Córdoba. -PRO50-4sept..indd 7724/10/19 11:06
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