Intelectuales, pedagogos, maestros, niñez y escuela pública entre 1925 y 1948Intellectuals, educators, teachers and public school between 1925 and 1948Intelectuais, educadores, professores, crianças e escola pública emtre 1925 e 1948Fernando López RomeroUniversidasd Central del EcuadorDOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i50.801El libro de Sonia Fernández Rueda, La escuela que redime. Maestros, in-fancia escolarizada y pedagogía en Ecuador, 1925-1948, investiga la historia de la institución escolar pública en la primera mitad del siglo XX, con énfasis en los maestros, en los niños, en las nuevas propuestas pedagógicas, en la agenda estatal y en sus políticas educativas, revelando el papel de una nueva capa de inuyentes intelectuales: los pedagogos de la época. Es valiosa su contribución al conocimiento de los discursos sobre los docentes y sobre la niñez en el aparato escolar primario público, y acerca de la manera en que estos niños institucionalizados fueron examinados e intervenidos en el mar-co de las transformaciones estatales de la época.Sonia Fernández Rueda se pregunta si a lo largo del período “fue posible para el Estado articular un programa educativo consistente y sostenido” y si la época se podría “pensar como un momento de inexión dentro de la historia de la educación en el Ecuador, tal como lo fueron para la historia general del país” (p. 19). Su investigación revela la presencia de un programa “que modeló el campo educativo en esos años y que se expresó en un interés prioritario por la escuela primaria sobre la secundaria, por la tecnicación educativa, la profesionalización del magisterio, la implantación de la Escuela Nueva y la atención a la educación rural” (p. 19). Este programa, que en al-gunos aspectos puede parecerse a las líneas de fuerza que caracterizaron a Procesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 50 (julio-diciembre 2019), 210-213. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780-PRO50-4sept..indd 21024/10/19 11:07
Procesos 50, julio-diciembre 2019211la educación en la etapa liberal, al ser desentrañado, dice la autora, mostró un campo educativo signado por sus propias particularidades; y aunque su concreción estuvo plagada de incongruencias, inconsistencias y limitacio-nes, no dejó de ser objeto de interés y de constante debate. Constatación que le conduce a replantear la pregunta inicial en el marco de la crisis polí-tica y económica del período, para indagar sobre qué bases el Estado pudo articular y sostener un proyecto educativo orientado al control social y a la inclusión cultural.El trabajo de Fernández Rueda da cuenta del peso que adquirió en el Ecuador la llamada Escuela Nueva, a partir de la inuencia de las ideas pe-dagógicas de Decroly en los más importantes pedagogos ecuatorianos del período como Fernando Chaves, César Mora, Emilio Uzcátegui y otros. Sos-tenida en las nuevas ciencias humanas como la psicología, la antropología y la sociología, y en otros desarrollos cientícos, que reivindicaron el reco-nocimiento social de la infancia y de una educación centrada en la actividad del niño, la Escuela Nueva se constituyó en la inspiración para la reforma educativa en el período abordado. Este nuevo discurso sobre los niños y los maestros desplazó a la Escuela Tradicional enmarcada en las ideas pedagógicas de Lancaster y Hebarth. El renovado discurso pedagógico planteó otras miradas sobre los niños y sobre el maestro de aula, quien sometido a esta pluralidad de discursos debió mul-tiplicar sus funciones para convertirse en instrumento de examen y vigilan-cia sobre los niños, a la vez que él mismo era examinado y vigilado por un Estado que convirtió a la educación pública en el instrumento fundamental de intervención, control y reforma social, para crear un nuevo perl de indi-viduo, incluso de una “raza nueva”. Coincidieron así las agendas moderni-zadoras del Estado, de las élites y de los intelectuales pedagogos. La autora destaca el papel de estos intelectuales pedagogos, quienes a pesar de la crisis política del Estado fueron capaces de proponer un progra-ma educativo y de sostenerlo. Surgidos de la Revolución Liberal, identi-cados con la “cuestión social” e inuidos por las revoluciones mexicana y bolchevique, desde el Ministerio de Educación estos intelectuales se convir-tieron en actores fundamentales de la orientación que la educación asumió en estos años. La visibilidad que Fernández Rueda les otorga y el papel des-empeñado por los normalistas, contrasta con la atención privilegiada pres-tada usualmente por las ciencias sociales a los intelectuales políticos y a los creadores artísticos en este período. El trabajo es una contribución al conocimiento de la escuela pública bajo el régimen del laicismo. En medio de la crisis política y económica, para los intelectuales pedagogos este fue un campo propicio para gestar un nuevo tipo de individuo. La autora destaca que los pedagogos, muchos de ellos -PRO50-4sept..indd 21124/10/19 11:07
Procesos 50, julio-diciembre 2019212intelectuales socialistas, sostuvieron que el laicismo ya no era suciente re-curso para liberar al hombre, la escuela debía encaminar sus esfuerzos a la formación de una nueva humanidad evolucionada, regenerada, productiva y activa (p. 273). Estas miradas sobre la escuela no se sustentaron solamente en la aplicación de nuevos saberes pedagógicos sino de la compleja conjun-ción de muchos factores, entre los que la autora destaca: las percepciones negativas de los intelectuales, del Estado y las élites sobre la “raza ecuatoria-na”; los procesos de modernización que experimentaba el país; y el interés estatal por gestionar una población productiva que sirviera a los intereses económicos de las élites y del Estado. Los niños, “los olvidados por la histo-riografía ecuatoriana” (p. 274), fueron también dotados de un nuevo sentido, superándose la concepción del niño como adulto en miniatura, para mirarle como un ser dotado de su propia individualidad.En esta nueva función civilizadora y modernizadora asignada a la es-cuela, médicos, psicólogos e higienistas le adscribieron también una serie de programas que rebasaron las responsabilidades especícas asumidas tra-dicionalmente por la institución escolar. Un descubrimiento signicativo es la agencia entregada por el Estado a los maestros en el campo de lo social a partir de 1925, que se mantuvo durante los años treinta. Esta agencia contu-vo los desbordes de la movilización social, otorgó legitimidad y credibilidad a las políticas ociales y obtuvo información sobre los pobres, por lo cual ese disciplinado maestro fue un actor importante en la aplicación de las políticas sanitarias e higienistas para el mejoramiento de la raza.En el marco de las políticas educativas del Estado laico, y rechazando la visión conservadora del maestro dotado por naturaleza para el arte de educar, este trabajador intelectual debió ser formado como profesional de la enseñanza en los institutos normales y en la universidad. Desde la pers-pectiva de Foucault, la investigación contribuye a caracterizar al maestro como un “intelectual especíco”, identicado con un quehacer especializado y fragmentado, y que actúa como “juez de normalidad”. En esta dirección, se pregunta si dicho intelectual sirvió para promover “regímenes de verdad” o fue capaz de “trastocar el imaginario dominante “y gestionar una “subver-sión cognitiva” o liberadora. Es evidente, y de ello da cuenta el mismo texto, que un sector del magisterio, vinculado al Partido Socialista y a la izquierda, asumió ese papel. La derecha, católica y liberal, expresó una enorme preo-cupación por la actuación de estos maestros subversivos, tomando medidas para eliminarla. Bajo la inuencia de los pedagogos politizados o partidizados por el so-cialismo, estos nuevos maestros se organizaron y demandaron al Estado rei-vindicaciones sociales y económicas acompañando a las movilizaciones de otros sectores populares, lo que llevó al maestro pedagogo a identicarse no -PRO50-4sept..indd 21224/10/19 11:07
Procesos 50, julio-diciembre 2019213estrictamente con los sectores medios, de los que provenía, sino con una per-tenencia al pueblo, arrogándose el papel de conductor político de los obreros y de los destinos educativos del país. Y, señala al nal la autora, fueron estos maestros distinguidos quienes encaminaron en ese momento los rumbos de la educación primaria desde el Ministerio de Educación, donde a pesar de los vaivenes políticos sostuvieron un programa educativo que superó estas contingencias. La nueva propuesta educativa, implementada en la escuela pública en el marco de una confrontación de mediana duración entre la Igle-sia y el Estado, signicó el nal del monopolio de la educación clerical, cuyos directivos desplegaron importantes esfuerzos para adaptarse a los cambios en curso y a las nuevas propuestas pedagógicas.La autora realiza también importantes contribuciones sobre la identidad social y política de los maestros, destacando que fueron un producto carac-terístico de la Revolución Liberal. Su crecimiento en el período fue signi-cativo, junto con el del presupuesto del Ministerio de Educación que entre 1927 y 1944, a pesar de la gravísima crisis económica y scal, se incrementó en un 246,7%. Asimismo, el magisterio se transformó en una profesión que contribuyó de manera signicativa para la inclusión de las mujeres en la vida pública, en el proceso de deconstrucción del maestro tradicional y de formación de un maestro moderno, apropiado de las nuevas metodologías y presupuestos pedagógicos. También es valiosa la información que el libro aporta sobre las condicio-nes de vida de las clases trabajadoras y, especialmente, sobre la situación de la infancia, al igual que la visibilización de la disputa de liberales y socialis-tas contra la Iglesia y los conservadores por el espacio de la vida privada. Mientras que la relación entre proyecto educativo y modernización, plantea-da por la autora, es un tema que requiere investigarse como una situación marcada por condiciones estructurales negativas no superadas. Además, las propuestas educativas de los años posteriores y el enorme peso social de la educación privada y religiosa.En suma, la investigación de Fernández Rueda sobre la escuela reden-tora, los maestros, la infancia escolarizada y la pedagogía en Ecuador entre 1925-1948, es un aporte sustantivo para la historia de los sectores subalternos y para la historia social ecuatoriana. Es cierto que como a toda investigación pueden imputársele ausencias y debilidades, pero estas deben ser colocadas en la agenda de nuevas investigaciones, y su libro se constituye en una refe-rencia indispensable e inevitable.-PRO50-4sept..indd 21324/10/19 11:07

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