Una aguda revisión de la historiografía
conservadora ecuatoriana
A critical review of conservative writing of Ecuadorian history
Uma revisão critica da historiografía conservadora equatoriana
Hernán Ibarra
Universidad Central del Ecuador (UCE)
DOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i49.742
El culto a la nación. Escritura de la historia y rituales de la memoria en Ecua-
dor, 1870-1950 de Guillermo Bustos (2017) debe ser valorado por los argu-
mentos, problemas y preguntas que propone. Se advierte una construcción
historiográca situada en un esfuerzo por relacionar elaboraciones teóricas
con fuentes pertinentes. Pienso que marcará un hito en el conocimiento de
la historiografía conservadora puesto que el período elegido entre el último
tercio del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX incluye una revisión de
autores, textos y fundamentalmente su relación con los procesos constituti-
vos de la nación y el nacionalismo.
La referencia que hace Guillermo Bustos a Las convenciones contra la cul-
tura de Germán Colmenares (1987) es el hilo conductor, especialmente en la
primera parte. Colmenares llamó la atención sobre la necesidad de estudiar
la historiografía latinoamericana del siglo XIX buscando su propia lógica
como construcciones narrativas para lo que eligió una muestra de autores
representativos. Propuso evitar una lectura de esos historiadores del siglo
XIX con argumentos políticos e ideológicos que trasladan razonamientos
disciplinarios de la historiografía contemporánea. Lo medular era entender
las ideas de civilización y barbarie como una antinomia constitutiva de las
interpretaciones del pasado construidas en el siglo XIX. En un enfoque algo
diferente sobre la cultura política del siglo XX, Richard Morse planteó esta
problemática en El espejo de Próspero (1982).
Aunque no se detiene demasiado en las discusiones sobre el naciona-
lismo que promovieron las obras de Eric Hobsbawm y Benedict Anderson,
Procesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 49 (enero-junio 2019), 194-196. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780
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se debe insistir en que para estos dos autores la nación y el nacionalismo se
construyeron sobre todo desde arriba. También hay una visión selectiva de
las construcciones historiográcas sobre la nación –especialmente de aque-
llas provenientes de los enfoques poscoloniales– que permiten situar el ob-
jeto del texto. Entre los autores que sustentan la reexión teórica se encuen-
tran de Certeau, Foucault, Nora, Koselleck y Jelín. Anoto que La escritura de
la historia de Michel de Certeau cumple un papel articulador en lo relativo
a las consideraciones epistemológicas sobre las condiciones de la práctica
historiográca.
El objeto del texto se reere a la manera en se produjo un discurso his-
toriográco que fundamentó el hispanismo como una base cultural de la
nación. Más ampliamente se trata de cómo se produjo una construcción cul-
tural conservadora que alcanzó un sitial predominante. Es necesario men-
cionar dos antecedentes sobre el tratamiento de la nación: la compilación de
Blanca Muratorio, Imágenes e imagineros (1994) sobre las imaginarios de la
nación construidos en los siglos XIX y XX y el libro de Mercedes Prieto, El li-
beralismo del temor (2004), que revisó exhaustivamente los discursos liberales
sobre el indio y la nación en la primera mitad del siglo XX. Estos textos que
abrieron nuevas perspectivas de investigación son mencionados y discuti-
dos por Bustos.
Las consideraciones propuestas por Bustos sobre las obras de Pedro Fer-
mín Cevallos y González Suárez son muy reveladoras de la construcción de
metarrelatos sobre la nación. En el caso de Pedro Fermín Cevallos con su
visión del pasado colonial y los procesos de independencia, mientras que
González Suárez realizó una narración centrada en la época colonial.
En la gestación del hispanismo como una clave de lectura de la historia
ecuatoriana ocupó un lugar central la Academia Nacional de Historia –fun-
dada en 1920– como una institución que, originalmente alentada por Gonzá-
lez Suárez, alimentó y fundamentó el discurso conservador sobre la nación.
Después de todo, resulta que Jacinto Jijón y Caamaño es la gura dominante
en la construcción del hispanismo, un personaje de las élites aristocráticas
que combinó la gura del intelectual y el político. El análisis que provee
Bustos sobre Jijón y Caamaño permite entender sus investigaciones arqueo-
lógicas e históricas como una dimensión del intelectual y, por otra parte, su
intervención política destinada a promover la política conservadora. La re-
visión de su trayectoria puede considerarse como una demolición amigable
del intelectual aristócrata.
Es muy interesante como está expuesta la coyuntura de 1934 cuando el
hispanismo dominante se ve confrontado con la memoria disidente de la
muerte de Atahualpa y la irrupción de la cuestión social. Así mismo, es muy
sugerente como está planteado el asunto del archivo colonial. En efecto, el
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archivo no es solo un repositorio documental, sino un lugar de conguración
de clasicaciones, taxonomías y redes textuales.
Tengo algunas observaciones que surgen de la lectura del libro. En uno
de los volúmenes de la obra de Pedro Fermín Cevallos hay una sección dedi-
cada a una descripción de la cultura indígena que hubiera sido provechoso
utilizarla. Así mismo, debemos recordar que González Suárez fue el primer
compilador de la obra de Eugenio Espejo que redescubrió al personaje para
situarlo entre las guras precursoras de la independencia.
Un tema que queda abierto es la indagación sobre los intelectuales como
categoría. ¿Qué implicaba el estatuto de intelectual en la primera mitad del
siglo XX? Se trata de la existencia de un campo intelectual en el que guras
como Jijón y Caamaño y Carlos Manuel Larrea reúnen atributos de poder so-
cial y cultural tal como han sido descritos por Gramsci en sus apreciaciones
sobre los intelectuales junker de Alemania.
¿Cómo proseguir en el estudio de la relación entre nación, nacionalismo
y política? Después de 1930 emergen discursos nacionalistas del más diver-
so signo, aunque unicados con la problemática del antagonismo territorial
con Perú. Situándome en el momento nal del libro de Bustos, menciono
textos en la vertiente liberal y progresista de la nación, tales como Atahuallpa
(1934) y Cartas al Ecuador (1943) de Benjamín Carrión; y Ecuador. Drama y
paradoja (1950) de Leopoldo Benites Vinueza. El conocimiento de cómo la
historiografía conservadora y liberal se diseminó en el sistema escolar es un
tema que surge como una gran interrogación.
Se abre la necesidad de evaluar con mayor amplitud la historia de Juan
de Velasco, sus adherentes y detractores a lo largo del siglo XX. Los adheren-
tes han abarcado todo el espectro ideológico y los detractores han provenido
más de la etnohistoria y la historia social.
A pesar del cuidado que tiene Guillermo Bustos en el manejo de fuentes
secundarias, menciono dos omisiones: un artículo de Carlos Arcos dedicado
a las ideologías terratenientes en las primeras décadas del siglo XX y otro ar-
tículo de Erika Silva relativo al hispanismo literario. Estas referencias podían
haber permitido una ampliación de la argumentación hacia otros aspectos
discursivos.
Finalmente, la cuestión de la modernidad y el progreso se presenta como
una problemática que, si bien aparece tangencialmente, abre la posibilidad
de pensar estas categorías como ideas que manejaban tanto liberales como
conservadores e izquierda.

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