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a abandonar sus “trabajos extradomésticos”, desaando lo que Prieto deno-
mina “la frontera de género” imaginada por el PIA: mujeres en lo doméstico-
comunitario y varones en lo laboral-comunitario (43, 257).
Sin duda, se trata de una obra ejemplar que reeja un trabajo epistemoló-
gico integral poco común en las ciencias sociales de la región.
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Supera el na-
cionalismo metodológico y propone nuevas nociones, indispensables para
comprender los Estados en los Andes “desde abajo”, donde el género deja
de ser únicamente una perspectiva de análisis y se convierte en el corazón
de la problemática. Su vocación interdisciplinaria es indiscutible y revela el
carácter delegativo del Estado, fragmentado en agentes que lo encarnan a
lo largo del siglo XX, despertando en el lector posibles conexiones con otros
conceptos que permiten repensar la institucionalidad contemporánea como
son la “autoridad”, el “individuo”, el “lazo social” y la “socialización”, pro-
puestos para América Latina desde la sociología.
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Salomé Cárdenas Muñoz
Centre d’études sociologiques et politiques Raymond Aron - EHESS/CNRS
jHosmane jesús rojas Padilla, sin caraBinEros no hay rEvolución.
participación dEl cuErpo nacional dE caraBinEros y policías En la
rEvolución dE aBril dE 1952. la Paz: toPaz editores imPresores, 2016, 166 PP.
DOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i47.682
Este libro sobre la Revolución de 1952 en Bolivia ofrece una nueva pers-
pectiva de la lucha armada en la ciudad de La Paz del 8 al 10 de abril, hacien-
do énfasis en una institución que jugó un rol importante: el Cuerpo Nacional
de Carabineros y Policías. Luego de los sucesos de abril, la cúpula del Movi-
miento Nacionalista Revolucionario (MNR) procuró dejar sentado, tanto en
las versiones ociales como en las del partido, que la Revolución del 52 fue
realizada por el pueblo. Esta generalización a nombre de “pueblo” dejó en el
anonimato a instituciones y sectores que tuvieron una trayectoria de lucha
social, política y sindical ajena al MNR y que participaron en la revolución
2. Véase Paul Pasquali, “Combinar etnografía y socio-historia. De la unidad de las
ciencias sociales a la complementariedad de los métodos”, Revista Colombiana de Antropo-
logía, n.° 54-1 (2018): 31-57.
3. En referencia a las publicaciones de Danilo Martuccelli, ¿Existen individuos en el sur?
(Santiago de Chile: LOM, 2010); Kathya Araujo y Danilo Martuccelli, Desafíos comunes. Re-
trato de la sociedad chilena, vols. 1 y 2 (Santiago de Chile: LOM, 2012); y, Kathya Araujo, El
miedo a los subordinados. Una teoría de la autoridad (Santiago de Chile: LOM, 2016).
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por distintos motivos. Por lo tanto, este texto, como dice el autor, critica la
historia ocial y profundiza los sucesos de abril.
El Cuerpo Nacional de Carabineros de Bolivia no existe en la actuali-
dad; en el capítulo primero se explica a qué se dedicaba esta institución. Los
carabineros eran uniformados que combatían el crimen; a diferencia de los
policías que investigaban el crimen y el delito, estaban organizados por una
jerarquía militar y estaban adscritos a las Fuerzas Armadas. El uso de armas
livianas y pesadas, el uso de uniformes y grados, y la duplicidad de funcio-
nes de seguridad y defensa, generaron rencillas con el ejército.
En el mismo capítulo se explican las diferentes versiones de la revolu-
ción. Es evidente la amplia lectura del autor para lograr identicar los dis-
tintos discursos; sin embargo, no logra establecer con más datos el momento
en que el “golpe de Estado” pasó a ser una “revolución”. Se limita a señalar
que si el pueblo participó en los sucesos y la repercusión es a nivel nacional,
entonces el golpe se vuelve legítimo y revolucionario. No hay un diálogo
teórico sobre qué es una revolución, y tampoco una profundización de la
campaña política realizada por el MNR.
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El segundo capítulo trata sobre la formación de los cadetes carabineros
y la estructura interna de la institución. El Cuerpo Nacional de Carabineros
estaba conformado por veteranos de la Guerra del Chaco (1932- 1935) y reen-
ganchados de las las del servicio militar obligatorio, en su mayoría perso-
nas del área rural. Rojas señala que la población veía a los carabineros como
ignorantes, analfabetos, alcohólicos y abusivos. Los jefes de la academia es-
taban al tanto de esta situación que, a la vez, empeoraba con las permanentes
quejas por la falta de cultura general de los uniformados, que al parecer no
sabían expresarse en forma escrita y oral, lo cual entorpecía los procesos.
Para solucionar estos problemas, en los años 1940 se obligó a la tropa a tomar
cursos de cultura general (lenguaje, aritmética, historia, geografía), defensa
personal, derecho (procedimientos, leyes y códigos), instrucción de armas,
instrucción cívica e higiene, entre otros. La profesionalización de los carabi-
neros, además de solucionar la atención de las comisarias, también pretendía
mejorar el servicio de vigilancia y evitar el abandono de funciones.
Finalmente, el tercer y último capítulo explica por qué los carabineros
participaron en la revolución y su rol en los días de abril. Entre 1949 hasta
1952 los problemas políticos se agudizaron en Bolivia; el “Mamertazo”, au-
togolpe perpetrado en junio de 1951 por el presidente Mamerto Urrolagoitia
para no entregar la presidencia al jefe del MNR Víctor Paz Estenssoro, logró
4. En su momento, el aparato estatal represor consiguió que no hubiese otra versión
de los hechos; los testimonios de los perseguidos políticos y sobrevivientes de los campos
de concentración son escasos y muy poco difundidos.
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instalar a las Fuerzas Armadas y a la “Rosca” (la oligarquía minera) en el
poder. El pueblo, no conforme con la violación a los resultados democráticos
de las elecciones, comenzó a sublevarse. El Cuerpo Nacional de Carabineros
como institución fue el arma represiva del Estado durante estos años, a pesar
de que tanto el MNR como la Falange Socialista Boliviana (FSB) desde 1943
(y sobre todo en 1949), habían logrado atraer a los uniformados a sus las.
Los carabineros que fueron excombatientes de la Guerra del Chaco esta-
ban más vinculados al MNR y su proyecto nacionalista, como la mayoría de
los veteranos mestizos e indígenas. Padilla ve esta alianza como algo natu-
ral, aunque no explica que luego de la Guerra del Chaco grupos políticos de
izquierda retomaron fuerza y los sindicatos proliferaron. Los exsoldados no
recibieron las compensaciones que habían sido prometidas y, más importan-
te aún, la guerra había desestructurado los estratos sociales en las trincheras:
blancos, cholos, mestizos e indios habían padecido por igual las carencias y
el horror de la guerra y se impuso un espíritu socialista e indigenista.
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Un cambio rotundo dio el Cuerpo Nacional de Carabineros cuando el mi-
nistro del Interior, el general Antonio Seleme Vargas, decidió, a pocos meses de
la revolución, respaldar al MNR. Desde la noche del 8 de abril, alrededor de
2.400 carabineros tomaron plazas, calles y barrios estratégicos. El autor hace
una descripción exhaustiva sobre el despliegue de tropas por la ciudad de La
Paz. Sobre todo, hace hincapié en los días 9 y 10 de abril, momento cuando
las asperezas acumuladas entre el ejército y los carabineros estallaron cuando
se enfrentaron en la Ceja (límite entre las ciudades de La Paz y El Alto). Los
carabineros tenían armas y municiones limitadas (a pesar de haber tomado el
Polvorín de Caiconi), situación que inquietó a los movimientistas. El rumor de
que el ejército movilizó a los regimientos del interior de la ciudad y del depar-
tamento para sofocar el golpe se convertía en realidad. En la madrugada del 10
de abril, el general Seleme renunció a la conducción del golpe y dejó las puertas
abiertas para continuar, si así lo decidía cada carabinero, ocial, clase o tropa.
Algunos carabineros se retiraron, pero un grupo importante decidió con-
tinuar en la contienda. Ante la desventaja numérica y de armamento Hugo
Roberts, líder movimientista, puso en marcha una estratagema con el n de
lograr la movilización y descenso de las tropas militares de la ciudad de El
Alto. Tras varias horas de lucha, los carabineros fueron respaldados por el
pueblo y lograron exitosamente la rendición del ejército.
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La posición del autor sobre la participación de los carabineros entre el 8 y
10 de abril de 1952 está plasmada en el título: Sin carabineros no hay revolución,
5. Posteriormente, la historiografía denominó a los excombatientes como la “Genera-
ción del Chaco”, los verdaderos pensadores y gestores de la Revolución de 1952.
6. El Colegio Militar pasó varios años cerrado para evitar futuros golpes de Estado
al MNR.
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y es que la intervención de estos fue decisiva en la toma de la sede de gobier-
no. Es evidente que la revolución del 52 fue un proceso que se gestó desde
nales de la Guerra del Chaco y sus alcances repercuten hasta la actualidad.
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Sin embargo, el rol de los carabineros fue indiscutible en el momento del
golpe de Estado, es claro que “el pueblo” no hubiera podido enfrentarse al
ejército solo.
El texto proporciona un excelente contexto, descripción y cronología de
los tres días de combate en la ciudad de La Paz. Pero deja de lado dos puntos
importantes que repercuten hasta la actualidad: la venganza del ejército, y la
rivalidad de las FF. AA. y la policía en 2003. Luego de varios años, el Colegio
Militar volvió a abrir sus puertas y encabezó la represalia a los carabineros.
Esta institución no pudo sobrevivir a ello y solo quedó vigente la policía, que
desde entonces lleva malas relaciones con el ejército. Permanentemente a los
cadetes del Colegio Militar se les recuerda los acontecimientos de la revolu-
ción, y la policía es catalogada como “golpista” e “insubordinada”. Además,
se hace alusión negativa al origen rural y clase baja de los efectivos.
Luego de varias décadas, la policía y el ejército volvieron a enfrentarse
en el “Octubre Negro de 2003”, cuando los conictos sociales llegaron a su
clímax y la policía como institución se amotinó y junto al pueblo pidió la
renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Por varios días, ambas
instituciones (ejército y policía) se enfrentaron en el centro paceño, la memo-
ria del 52 seguía presente entre los insultos y gritos de lucha.
Finalmente, es importante recalcar que, debido a la represalia hacia los
carabineros, su intervención en el 52 fue minimizada. El tema en sí es no-
vedoso y las fuentes con las que contó el autor son pocas, lo cual realza el
esfuerzo de la investigación.
Stephanie Carola Vargas Mansilla
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
7. El voto universal, la nacionalización de las minas, la reforma agraria, la creación
de la Central Obrera Boliviana (COB), la creación de Yacimientos Petrolíferos Bolivianos
(YPFB), la creación de Caja Nacional de Salud (CNS) y la abolición del servicio obligatorio
indígena (pongueaje), entre otros.
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