Algunos apuntes para una estética literaria
según Juan León Mera:
entre romanticismo y neoclasicismo
Notes for literary aesthetics according to Juan León Mera:
Between Romanticism and Neoclassicism
Apontamentos para uma estética literária segundo Juan León Mera:
entre romanticismo e neoclassicismo
Xavier Puig Peñalosa
Universidad del País Vasco/EHU (España)
xavier.puig@ehu.eus
DOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i47.675
Fecha de presentación: 25 de marzo de 2018
Fecha de aceptación: 20 de mayo de 2018
Artículo de investigación
Procesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 47 (enero-junio 2018), 33-57. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780
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RESUMEN
El artículo analiza las ideas estético-literarias de Juan León Mera,
quien se propuso instituir un canon para la literatura ecuatoriana de
su época. Esta propuesta halla su origen tanto en postulados de la
estética romántica como en los pertenecientes a la poética neoclásica.
Este trabajo aporta dilucidando cuáles categorías de ambas corrientes
fueron usadas por Mera en su obra ensayística y epistolar, como
fundamento de su propuesta sincrética.
Palabras clave: Ecuador, siglo XIX, Juan León Mera, literatura
ecuatoriana, canon, estética, poesía, romanticismo, neoclasicismo.
ABSTRACT
The article examines Juan León Mera’s ideas on literary aesthetics
and how he proposed establishing a canon for the Ecuadorian
literature of his age. This initiative drew from both the postulates of
the aesthetics of Romanticism and those belonging to Neoclassical
poetry. The present article elucidates which categories of both
movements were used by Mera in his essays and correspondence,
as the basis for his syncretic approach.
Keywords: Ecuador, nineteenth century, Juan León Mera, Ecuadorian
literature, canon, aesthetics, poetry, Romanticism, Neoclassicism.
RESUMO
O artigo analisa as ideias estéticas e literárias do Juan León Mera,
quem se propôs estabelecer um cânone para a literatura equatoriana
da sua época. Esta proposta teve suas origens na estética romântica, e
na poética neoclássica. O artigo esclarece quais foram as categorias de
ambas correntes literárias que foram incorporadas por Mera nos seus
ensaios e na sua correspondência pessoal, como alicerces
daquela proposta sincrética.
Palavras chave: Equador, século XIX, Juan León Mera, literatura
equatoriana, cânon, estética, poesia, romanticismo, neoclassicismo.
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introduCCión
En el contexto de “construcción nacional” que los distintos gobiernos del
Ecuador llevan a cabo durante el siglo XIX y, particularmente a partir de la
segunda mitad de dicho siglo, es donde se inscribe la producción literaria y
ensayística –además de pictórica– de Juan León Mera. De hecho, su admi-
ración por el proyecto nacional de Gabriel García Moreno, especialmente a
partir del segundo mandato de este, quedará patente en numerosos escritos
del literato. Y es que la concepción estético-literaria de Mera, tanto en su
pionera labor crítica respecto a la literatura existente como su propia obra
poético-literaria, hallan su nalidad tanto en su pasión creadora como en
poder ofrecer un modelo ejemplicante y canónico para una renovada lite-
ratura nacional que coadyuvase en ese proyecto de “construcción nacional”,
integrando tanto a la tradición de la poesía indígena (quichua) selecciona-
dos cantares populares, o la edición de cierta producción literaria hecha por
mujeres –por primera vez en el país–, aunque debidamente criticada desde
los propios presupuestos poéticos del autor. Y determinante a los efectos de
ese propósito será su fundamentación a partir de precisos conceptos y/o
categorías (historicistas) de la estética romántica adaptados a la idiosincrasia
nacional como, igualmente y desde el punto de vista constructivo-formal,
de otros pertenecientes a los postulados de la poética neoclásica, ambos vi-
gentes sincrónicamente en el país. Es decir, Mera propondrá una suerte de
sincretismo estético-artístico que sirva de guía conceptual, crítica y creativa
para la necesaria renovación de la creación literaria en el país, y que al tiem-
po contribuya a la construcción de la “nación plural”.
A tenor de lo expuesto, será principalmente en sus escritos de carácter
más ensayístico, así como en muchas de sus numerosas “Cartas”, donde el
autor expresará sus ideas estético-literarias y a las que recurriremos analíti-
camente para poner de relieve ese sincretismo señalado con la nalidad de
poder ofrecer, sin ánimo exhaustivo, algunas de las más destacadas claves
interpretativas de su pensamiento creativo.
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HistoriCismo romántiCo
en juan León mera
La recepción del Romanticismo en Ecuador fue bastante tardía,
1
resaltan-
do el género literario como el de mayor difusión; no obstante, solo algunos
de sus postulados –tamizados por los de la escolástica–
2
tuvieron verdade-
ra aceptación entre las élites intelectuales del país, principalmente conser-
vadoras, conformando un peculiar sincretismo
3
en el que se primará todos
aquellos aspectos que, de una forma u otra, estén relacionados o puedan
servir a la construcción de “lo nacional”, es decir, a una conciencia unitaria y
homogénea de nación que superase las tendencias centrífugas del acendra-
do regionalismo imperante, mediante la implementación de unas leyes y un
estado centralizador, anes a las ideas de progreso y modernidad europeas,
aunque, eso sí, basados en una concepción aristocratizante y patriarcal de
la sociedad, y en la que resultaban excluidas de la práctica sociopolítica las
clases subalternas.
4
1. “Los autores ecuatorianos estaban al tanto de las corrientes [estéticas] europeas e
incluso en abierto diálogo con sus más conspicuos representantes: Boileau, Verney, Bou-
hours, […] en un primer momento; y Buffon, Rousseau, Saint Pierre, Chateaubriand, He-
gel, […] posteriormente”. En Carlos Paladines, Sentido y trayectoria del pensamiento ecuato-
riano (Quito: Banco Central del Ecuador, 1990), 330. También y en el mismo sentido: “El
tema del sentimiento estético, trabajado fundamentalmente durante el siglo XIX (Sche-
lling) muestra que los autores ecuatorianos estaban al tanto de las corrientes europeas”.
En Pensamiento estético ecuatoriano, estudio introductorio y selección de Daniel Prieto Cas-
tillo (Quito: Banco Central del Ecuador / Corporación Editora Nacional, 1986), 35.
2. Paradigma de la inuencia escolástica en el romanticismo ecuatoriano sería la tar-
día obra de Federico González Suárez, Hermosura de la naturaleza y sentimiento estético de
ella, con preámbulo del escritor y político conservador-católico español Marcelino Me-
néndez Pelayo (Madrid: Est. Tipográco “Sucesores de Rivadeneyra” / Impresores de
la Real Casa, 1908), http://repositorio.casadelacultura.gob.ec/bitstream/34000/983/1/
FR1-L-000335-Gonzalez-Hermosura.pdf.
3. “Filosócamente considerados, ni el romanticismo ni el historicismo adquirieron
en el Ecuador rigor sistemático, y debe hablarse, más bien, de ‘elementos’ románticos e
historicistas en muchos pensadores de la segunda mitad del siglo XIX […]. Sin embargo,
tanto aquéllos como éstos [románticos e historicistas] son testimonios fehacientes de la
inuencia segura y persistente de ciertas ideas románticas en el Ecuador”. En Pensamiento
romántico ecuatoriano, estudio introductorio y selección de Rodolfo Agoglia (Quito: Banco
Central del Ecuador / Corporación Editora Nacional, 1988), 48-49.
4. Carlos Paladines, el autor ya citado y a nuestro juicio el más importante en el es-
tudio del Romanticismo ecuatoriano –además de otras corrientes de pensamiento– en su
publicación Sentido y trayectoria…, nos informa de las dos fases del movimiento romántico
ecuatoriano (1835-1895 y 1895-1925) con sus respectivos matices y/o diferencias, a la par
que establece tres tendencias según sus diferentes contenidos programáticos, a saber, la
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Para ello, particular importancia revestirá la resemantización en clave
autóctona de los postulados historicistas de Herder y sintetizados en su
concepto de Volksgeist como armación de lo propio (variedad de usos y
costumbres de los pueblos, lenguajes, tradiciones, razas, historia, etc., en re-
lación a las diversas peculiaridades climatológicas y/o geográcas de cada
territorio). Y resemantización que, muy especialmente en el caso de la litera-
tura, irá mayormente transida de una fuerte moralidad católico-conservado-
ra y patriótica como vehículo educativo y forjador de la conciencia del “buen
ciudadano” y de su “espíritu nacional”:
en el caso de que la construcción de la nación no fuera el argumento principal
de todas ellas [las novelas analizadas] y no emergiera de ellas hacia el ámbito
político, cabe resaltar, de cualquier modo, que todas tienen a la nación como un
motivo transversal que les da forma y legitima socialmente […] los primeros no-
velistas ecuatorianos estaban interesados en fabular, en inventar historias, solo
en la medida en que les permitiera educar y formar a un nuevo lector modelo: el
ciudadano ecuatoriano.
5
Es en este marco estético-conceptual sucintamente expuesto donde se
ubica el pensamiento estético de Juan León Mera, ya que aquel supondrá el
origen y fundamento para su propia concepción de una literatura y/o poesía
americana, como a continuación se expondrá.
6
No obstante, conviene precisar que antes de elaborar más pormenoriza-
damente sus concepciones estético-literarias, Juan León Mera ya había hecho
gala literariamente de aquellas en su temprano poemario de 1861 titulado La
Virgen del Sol. Leyenda indígena y en el que también gura en su segunda edi-
ción (1886) sus Melodías indígenas (1858). Así, y en el “Prólogo” que redactó
conservadora, la liberal-católica y la liberal emergente, “a cada una de las cuales prestó sus
servicios el pensamiento romántico” en ambas fases, ya que este “no hizo más que sumar-
se a las diferentes expresiones del proyecto histórico de la naciente burguesía”, es decir, a
la creación de un Estado nacional (143 para ambas citas; véase al respecto las pp. 121-257).
Véase también “El romanticismo en Ecuador e Hispanoamérica”. En Historia de las litera-
turas del Ecuador. Literatura de la República. 1830-1895, coord. por Diego Araujo Sánchez,
55-70 (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador / Corporación Editora
Nacional, 2002), y en el mismo volumen los trabajos de Bruno Sáenz Andrade, “La litera-
tura en el período”, 71-90, y Susana Aguinaga Zumárraga, “La lírica romántica”, 91-124.
5. César Eduardo Carrión Carrión, “La novela ecuatoriana del siglo XIX como re-
lato del surgimiento de la nación (1855-1893)” (tesis de doctorado, Universidad Andi-
na Simón Bolívar, Sede Ecuador, 2016), 51 y 65, http://repositorio.uasb.edu.ec/bits-
tream/10644/5751/1/TD090-DLLA-Carrion-La%20novela.pdf.
6. Resulta muy interesante, en este sentido, el trabajo de Catalina León Pesántez,
Hispanoamérica y sus paradojas en el ideario losóco de Juan León Mera (Quito: Universidad
Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador / Abya-Yala / Corporación Editora Nacional, 2011).
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para dicha edición, enuncia sintéticamente una de las ideas principales de su
concepción para una nueva poesía americana:
Para escribir las Melodías procuré hacer lo mismo que para escribir la Leyenda
[indígena, es decir, La Virgen del Sol]; esto es, trasladarme con la mente y el cora-
zón á los tiempos en que cantaban los haravicos ó poetas indios, y, ngiéndome
uno de ellos penetrar los sentimientos de la raza indígena plantada y desarro-
llada en las mesetas de los Andes ecuatorianos, y estudiar sus pensamientos,
creencias, costumbres é historia: he intentado, pues, hacerme también indio y
olvidar la civilización y más condicionantes de la vida moderna predominantes
en la sociedad americana […] [ello] ha servido á lo menos para añadir á nuestra
literatura unas pocas páginas nuevas y originales.
7
Es decir, Mera reivindica un conocimiento de un pasado ancestral indí-
gena como marco y contenido históricos para una nueva poesía que permita
desligarse mentalmente de un presente no deseado y que, al tiempo, aporte
originalidad a la creación poemática. Además, esta apelación a la cultura
indígena será constante en la obra de Mera, pues no solo permite establecer
una continuidad entre un pasado y el presente, sino, y quizá sea lo más im-
portante, integrar a la nación (ecuatoriana) a esa etnia respetando su propia
cultura. A este tenor y dentro de la amplísima producción literaria, ensa-
yística, divulgativa, periodística y epistolar de Juan León Mera,
8
resultará
especialmente relevante para la historia de las ideas literarias y la propia
literatura ecuatoriana dada su decisiva inuencia en toda una amplia gene-
ración de poetas nacionales, su ensayo titulado “¿Es posible dar un carácter
nuevo y original a la poesía sudamericana?”, perteneciente a su extenso libro
7. “Prólogo”. En La Virgen del Sol. Leyenda. Melodías indígenas, t. I, XIV-XV (Barcelo-
na: Timbre Imperial, Sección Tipográca del Crédito Catalán, 1887), https://archive.org/
stream/lavrgendelsolle01meragoog#page/n18/mode/2up.
8. La primera recopilación bibliográca de la obra de Juan León Mera y a partir de
la que se han basado las ulteriores, corresponde a la ya “clásica” de Carlos A. Rolando,
Don Juan León Mera 1832-1932 (Guayaquil: Imprenta i Talleres Municipales, 1932), http://
repositorio.acsoandes.edu.ec/bitstream/10469/12547/2/FBNCCE-Rolando-6918-PUB-
COM.pdf. Posteriormente, se publicaría otra “Bibliografía de Juan León Mera” a cargo de
José Vera. En Juan León Mera. Antología esencial, estudio introductorio, selección de textos,
notas y edición de Xavier Michelena, 405-427 (Quito: Banco Central del Ecuador / Abya-
Yala, 1994), y la de Wilson Vega y Vega, “Corpus bibliográco de don Juan León Mera”.
En Juan León Mera. Una visión actual, ed. por Julio Pazos Barrera, 163-178. (Quito: Ponticia
Universidad Católica del Ecuador / Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
/ Corporación Editora Nacional, 1994). Y sobre la obra en general de Juan León Mera,
véase la bibliografía aportada en http://www.cervantesvirtual.com/portales/juan_leon_
mera/su_obra_bibliograa/.
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Ojeada histórico-crítica sobre la poesía ecuatoriana desde su época más remota hasta
nuestros días.
9
Dicho libro supone el primer texto de crítica literaria en Ecuador, ya que
además de desarrollar una diacronía histórico-crítica sobre las obras de los
poetas ecuatorianos más antiguos hasta los de la propia contemporaneidad
del autor, ofreciendo así un conocimiento sobre aquellos, pretende así mis-
mo “contribuir de alguna manera á la formacion del buen gusto entre nues-
tros jóvenes compatriotas dedicados al culto de las musas”.
10
Es decir, la nalidad que guía a este escrito responde a la crítica y su-
peración de la mayormente imperante literatura basada en la imitación de
los modelos europeos –especialmente franceses–
11
en lo que se reere a sus
contenidos narrativos (temáticas greco-latinas), así como a su deciente
elaboración formal,
12
ya que ambas cuestiones resultan totalmente ajenas e
impiden una auténtica creación artística que responda a lo “americano”, a
saber y como a continuación se desarrollará, a una (nueva) literatura ame-
ricana que reeje el carácter y el “ser” de estos pueblos (“americanismo”),
y que al tiempo sirva como educación moral, puesto que “la poesía ha sido
descubierta indudablemente para encaminar el alma hácia el bien; imposible
que el Criador la hubiese puesto en sus obras con otro objeto”.
13
Además,
cabe añadir a lo señalado la falta de verdaderos estudios literarios en el país,
base indispensable para formar crítica y creativamente a futuros literatos.
14
9. La primera edición de esta obra es la correspondiente al año 1868 (Quito: Imprenta
de J. Pablo Sanz), http://repositorio.casadelacultura.gob.ec/handle/34000/1223. Años
más tarde –en 1893–, se imprimiría una segunda edición (Barcelona: Imprenta y Litografía
de José Cunill Sala), que incorpora “Nuevos Apéndices”, http://repositorio.casadelacul-
tura.gob.ec/handle/34000/1220.
10. “Prólogo”. En Ojeada histórico-crítica…, I.
11. “Después de establecida la república en suelo americano, mudó de carácter la
poesía, mas no mejoró: de amanerada y viciosa á la española vino á ser amanerada y vi-
ciosa á la francesa ; la inuencia ultramarina cambió de armas, si puede decirse, pero no
dejó de atacarnos ni de triunfar y ser preponderante. Nuestros poetas cedieron á ella”, en
“Vicios principales de la poesía americana en la actualidad, especialmente en el Ecuador”.
Ibíd., 411.
12. Por ejemplo, Mera criticará en el capítulo citado en la nota anterior, a una parte
considerable de la producción poética de su tiempo en los siguientes términos: vacua en
el contenido, simple en la composición, amanerada en la imitación, ngida en los estados
de ánimo, insulsa y chabacana en la expresión al tiempo que llena de hipérboles y verbo-
sidad, cuando no impía, etc.
13. “Vicios principales de la poesía americana en la actualidad, especialmente en el
Ecuador”. En Ojeada histórico-crítica…, 428.
14. Posteriormente y entre otras cuestiones, Mera insistirá nuevamente sobre los mo-
tivos y nalidades que le impulsaron a escribir la Ojeada en su “Cartas al Señor D. Juan
Valera. VI.”, Revista Ecuatoriana, entrega III, t. II, n.
o
15 (marzo de 1890): 87-98; y en “Carta
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Como católico a ultranza (“en religión soy católico y en política
conservador”),
15
Mera comenzará su ya citado ensayo armando que todo
lo creado es obra de la omnipotencia de Dios y gobernado por “leyes supe-
riores que reglan y gobiernan las innitas partes del universo: leyes ocultas
y misteriosas, y que están por lo mismo léjos de la comprensión y del poder
del hombre”,
16
y en las que está incluido el propio devenir del ser humano y
su(s) historia(s).
Igualmente, y partiendo de los postulados herderianos sobre la organi-
cidad relacional entre el ser humano y las leyes de la naturaleza/universo
(concepto romántico de “analogía”), Mera armará las irreductibles especi-
cidades de los pueblos basada tanto en el determinismo de sus localismos
geográcos (“En la variedad de la naturaleza está la variedad del hombre”,
17
de ahí su diversidad racial y cultural) como en las inuencias que, secunda-
riamente, aquellos ejercen mediante sus plurales usos y costumbres, tradicio-
nes, creencias, etc. Y también, como en el caso del universo, ello responde a
“cierta fuerza oculta que hay en la misma creación y que le gobierna de una
manera absoluta é irresistible […] y le obliga á ocupar un punto determina-
do y jo en el mundo”.
18
Así, la historia propia de cada pueblo es entendida
al Señor Don Antonio Rubió y Lluch en contestación á la suya sobre el americanismo en
la poesía”, Revista Ecuatoriana, entrega XII, t. IV, n.
o
XLVIII (diciembre de 1892): 465-475.
15. “Y no porque soy católico y conservador […] dejo de ser fervoroso republicano,
amante y defensor de toda libertad pública bien entendida, y respetuoso para con todo de-
recho legítimo; ni dejo de servir á mi patria en cuanto puedo”, en “Cartas al Señor D. Juan
Valera. VI”, Revista Ecuatoriana…, 87-98. Mera, además de ser un vehemente propagandista
católico (véase, por ejemplo, La Iglesia católica. Boceto de un poema [Quito: Imprenta de Juan
Campuzano, 1874], http://repositorio.casadelacultura.gob.ec/bitstream/34000/17910/2/
FBNCCE-msc07-Mera-6770.pdf), ocupó a lo largo de su vida numerosos cargos públicos,
la mayoría de ellos ligados a la política, dada su temprana adscripción al conservadurismo,
pues inmediatamente después del asesinato del presidente García Moreno (1875), en la reu-
nión celebrada en el domicilio del obispo Ignacio Ordóñez Lazo en Quito con los más alle-
gados colaboradores del nado presidente, incluido el propio Mera, se fundó el partido So-
ciedad Católica Republicana, futuro Partido Conservador Ecuatoriano, redactando aquel los
correspondientes estatutos. Véase el “Programa Republicano” –1883– y sus “Bases” –1885–,
en Enrique Ayala Mora, Lucha política y origen de los partidos en Ecuador, 4.
a
ed. (Quito: Corpo-
ración Editora Nacional, 1988), 339-342 y 343-344. Y en los mismos términos resulta su cons-
tante apelación a las creencias y valores cristiano-católicos en sus escritos, o la entusiasmada
admiración por el presidente Gabriel García Moreno –al que inicialmente había criticado– en
su obra ensayístico-literaria; por ejemplo, véase el poemario El héroe mártir. Canto a la me-
moria de García Moreno (Quito: Fundición de Tipos de Manuel Rivadeneira, 1876), http://
repositorio.acsoandes.edu.ec/bitstream/10469/8486/2/FBNCCE-msc12-Mera-9545.pdf
o, su García Moreno, libro inédito de Juan León Mera (Quito: Imprenta del Clero, 1904).
16. “¿Es posible…?”. En Ojeada histórico-crítica …, 465.
17. Ibíd., 466.
18. Ibíd., 465.
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como “una parte del inmenso conjunto de sucesos que constituyen la vida de
la humanidad”; al tiempo, cada una de ellas, “dentro de sus límites, tiene su
unidad, sus leyes y armonías” y forman parte de un “gran todo”.
19
Es decir,
una genealogía intrínseca recorre todos los acontecimientos de la historia y de
la vida de los seres humanos, enlazándolos y relacionándolos “con admirable
armonía y lógica infalible”.
20
No hay azar ni sinsentido, todo se desarrolla e
interrelaciona desde una necesidad ineludible, omniabarcante, total. En de-
nitiva, es Dios desde su inefabilidad y omnipotencia quien “mueve los hilos”
de todo cuanto existe, tanto en el pasado como en el presente o el futuro.
Para Mera, serán principalmente las costumbres –además de las religio-
nes– el factor más importante en la fundamentación de la identidad de los
pueblos, ya que aquellas se constituyen en su moral, y lo que es más im-
portante para un romántico, en su espíritu: “Las costumbres son los rasgos
típicos de los pueblos y forman su aspecto material y moral: son una especie
de espíritu, si se me permite la espresión, que pone en movimiento todos
los resortes del organismo individual y social”. Además, y contemporánea-
mente en el caso americano, encontramos que “la organización moral primi-
tiva de los americanos, su elemento espiritual, está patente en nuestra raza
meztiza en todas partes”,
21
estableciéndose así una suerte de continuidad
histórica –tan cara a los postulados historicistas románticos– entre el pasado
y el presente de los pueblos del continente.
Por ello y si en toda literatura “aparece entera el alma de la sociedad”,
22
es absolutamente preciso fundar una literatura auténticamente americana
–y ecuatoriana por extensión– que prescinda de las inuencias foráneas (eu-
ropeas principalmente) y que, sin descuidar en absoluto los aspectos forma-
les y creativos, sea verdaderamente “original”: “¿Por qué no tenemos una
literatura original?, ¿por qué no damos á lo ménos á nuestras producciones
19. Para las tres citas, véase el “Proemio” de su obra La dictadura y la restauración en la
República del Ecuador, ensayo introductorio de Rafael Quintero López (Quito: Corporación
Editora Nacional, 1982), 52.
20. Ibíd., 51.
21. “¿Es posible…?”. En Ojeada histórico-crítica…, 473. Anteriormente y en el mismo
ensayo, Mera entiende que: “Por mas que los cambios políticos y religiosos y el poder
irresistible de la civilizacion inuyan en las costumbres de los pueblos, cerrando unas
eras y abriendo otras distintas á las escenas de la vida, queda siempre la tintura primitiva,
el color original que á calado en ellos y llegado á constituir parte de su naturaleza”, 465.
22. Ibíd., 471. Precisamente por la ya explicitada imitación de lo greco-latino en la
literatura del continente, Mera había criticado anteriormente su nefasta inuencia: “Si es
verdad que la literatura de un pueblo es la espresion de su carácter y estado moral, nuestra
literatura tiende á ser falsa y mentirosa, porque está pintando lo que ni se ve ni se siente en
América”, en “Vicios principales…”. En Ojeada histórico-crítica…, 434.
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poéticas un colorido local y aspecto americano?, ¿por qué vaciamos nuestros
pensamientos en moldes europeos?”.
23
Este reclamo de Mera a la originalidad en la literatura propia mediante
su apelación a lo “americano” viene referido a todo aquello que diferencia
a este continente de sus epígonos europeos, a saber, su especial naturaleza
(climatología, fauna y ora, orografía), las distintas historias y costumbres de
sus variados pueblos, etc., de modo que esta reivindicación “debe estar [ba-
sada] en los afectos, en las ideas, en las imágenes, en la parte espiritual de las
pinturas, y todo en América abre el campo á esta originalidad”.
24
Y es que la
originalidad es para Mera el fundamento insoslayable de las obras bellas en
literatura, el tiempo que la cualidad para su reconocimiento. No obstante, y en
aras de una pedagogía artística en el necesario ejercicio de aprendizaje, reco-
mienda nuestro autor la imitación –que no plagio– de los grandes autores lite-
rarios en los inicios de los jóvenes escritores, como ejercicio inexcusable para
adquirir el necesario “buen gusto” artístico. Sin embargo, se lamentará Mera,
“desde Samaniego y Salas, y talvez desde antes, puede asegurarse que todos
[los artistas ecuatorianos] se han contentado con ser copistas, circunstancia
que se nota áun en nuestros días y que impide el progreso del Arte, pues no
le hay verdadero cuando la inteligencia se limita á seguir las huellas de otros,
sin empeñarse en demostrar que posee la virtud creadora propia del genio”.
25
En consecuencia, no es la forma (la lengua) lo que se discute, pues esta
debe siempre adecuarse –expresión– a su contenido, sino que es el propio
concepto subyacente el que debe referirse a temas o historias y, sobre todo,
valores genuinamente americanos, como ya señalaba al inicio de este aparta-
do.
26
Y prueba de ese cambio deseado en aras de la “idea de dar un carácter
23. “¿Es posible…?”. En ibíd., 473-474.
24. Ibíd., 475.
25. “Conceptos sobre las artes”, Revista Ecuatoriana, entrega IV, t. VI, n.
o
LXIV (abril
1894): 121-148; 134.
26. Diez años antes de la publicación de la Ojeada, el también poeta Julio Zaldumbide,
amigo y mentor de Mera, le reprocha a este en varias cartas que, a su juicio, resulta erróneo
el concepto de “poesía nacional” profesado por Mera y consistente en componer poesías de
temática indiana o referidas a la geografía del país y/o a “hechos nacionales” de la historia
del Ecuador, pues en realidad, este tipo de composiciones deben denominarse como “poe-
sía descriptiva”. Véase “Cartas del Señor Don Julio Zaldumbide al Sr. D. Juan León Mera”.
En Memorias de la Academia Ecuatoriana Correspondiente de la Española (Quito: Tipografía y
Encuadernación de la “Prensa Católica”, 1934), 146-242. En este punto, mi mayor gratitud
al Miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua Correspondiente de la
Real Española (AEL) y poeta, señor don Bruno Marx Sáenz Andrade, por informarme de
la existencia de dicha correspondencia y facilitarme su ubicación en la propia Academia
Ecuatoriana de la Lengua para su fotocopiado. También hago extensivo mi agradecimiento
a la Dra. Susana Cordero de Espinosa, directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua,
por su amabilidad al ponerme en contacto con el Sr. D. Bruno Marx Sáenz Andrade.
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original y propio a la literatura americana, de abrirle un camino nuevo sin
dejar de ser natural”,
27
son las nuevas literaturas emergentes en países como
el propio Ecuador –no obstante, faltante aún de un mayor “anamiento”–,
Brasil o Cuba, y siempre utilizando el idioma español.
Por ejemplo, también resulta patente esa liación romántica, cuando al
inicio de su Ojeada (Capítulo I. “Indagaciones sobre la poesía quichua”)
28
dene al género por excelencia más representativo y elevado para dicha es-
tética cual es la poesía, en los siguientes términos:
Dios ha presentado patentes en sus obras la verdad, la armonía y la belleza, como
caracteres que deben hacer conocer su mano poderosa y adorable á quien las
contemple. Esos caracteres incluyen en sí aquella cosa inefable que percibe el
alma racional con tanto deleite y encanto, y que los poetas inspirados por el cielo
reducen al metro y la rima para hacerla sensible hasta por el órgano del oido. La
poesía es, pues, la gracia innata de la naturaleza: es espiritual por el pensamien-
to y los afectos, y por la armonía moral que mueve la sensibilidad interior del
hombre aun sin el ausilio de la armonía de los sonidos métricos que es obra del
arte humana.
29
Al igual que para Mera, la verdad, la armonía y la belleza son universa-
les, esa “cosa inefable”, esa “gracia innata de la naturaleza” que es la poesía,
también se reviste del mismo carácter de universalidad, ya que posee un
claro valor paidético –además de estético– para el ser humano de cualquier
cultura: “La poesía es universal; para su desenvolvimiento en la naturaleza,
para que el alma la comprenda, nada importan la situacion geográca, la
variedad de clímas ni el diverso genio y condicion de las razas humanas; en
27. “¿Es posible…?”. En Ojeada histórico-crítica…, 480. “No hai semilla mas fecunda
que la del pensamiento cuando ha brotado de la naturaleza y de la verdad: el pensamien-
to de establecer una literatura original en América está sembrado en nuestra sociedad y
tendrémos esa literatura”. Ibíd., 480.
28. Valoro que es patente la intencionalidad de Mera al ubicar dicho estudio al co-
mienzo de su Ojeada histórico-crítica, pues supone una clara reivindicación, no solo de una
cultura y su lenguaje secularmente marginados a pesar de su producción literaria, sino,
además, de una voluntad de integración al proyecto nacional de la etnia indígena. Prueba
de ello es su comentario a la muerte de Atahualpa en dicho capítulo, y que obra como
“símbolo integrador” a/de una nación que es diversa, plural en su composición humana
y cultural. Véase el libro de Regina Harrison, Entre el tronar épico y el llanto elegíaco: simbo-
logía indígena en la poesía ecuatoriana de los siglos XIX-XX (Quito: Abya-Yala / Universidad
Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, 1996), 157-194.
29. “Indagaciones sobre la poesía quichua”. En Ojeada histórico-crítica…, 1. “Para mí la
naturaleza material no tiene poesía, sino por el soplo divino que la anima, por aquel no sé
qué impalpable, invisible, misterioso que habla más á mi espíritu que á mis sentidos”, en
“Cartas al Señor D. Juan Valera. VI”: 88.
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todas partes y en todas ocasiones ejerce su inuencia con una misma fuerza
y un mismo poder”.
30
En un sentido más amplio, el autor considera a la literatura como la más
excelsa de las artes, puesto que “es la más noble, elevada y trascendental”
de todas ellas, además de ser “cosmopolita e inmortal; le pertenecen el pa-
sado, el presente y el porvenir […] donde hay verdad, belleza y utilidad,
allí está ella para tomarlas, levantarlas y enseñarlas a los hombres y a las
generaciones”.
31
Y nuevamente los determinismos geográcos y climáticos
(Herder) son para Mera, origen y causa de las diferentes literaturas nacio-
nales, al tiempo que estas suponen un el reejo de las respectivas costum-
bres y la propia moral de sus pueblos. “Cada pueblo tiene su literatura en
que están retratados su ser moral, sus creencias, aspiraciones, costumbres
é historia, así como la naturaleza material que lo rodea y nutre […] todos
han cultivado y cultivan las Bellas letras, cada uno conforme á la índole de
su lengua, á su manera de pensar y sentir, á la naturaleza de su país, á sus
costumbres y á sus tradiciones”.
32
Y otro de los determinismos herderianos que Mera como romántico
exclusivamente historicista hará suyo es el referido al denominado por él
“ingenio artístico”,
33
a saber, el condicionamiento que sobre este se ejerce
en función de la diversidad geográca-climática: “El ingenio artístico no es
igual en todos los grupos en que está dividida la familia humana, siquiera no
vivan ya entre las nieblas del salvajismo. La historia y la experiencia nos di-
cen cuál es el inujo que las condiciones de la tierra, el clima de cada latitud
y las diferencias de razas ejercen en este ingenio”.
34
Así y según esta creencia, los climas templados favorecerían mucho más
el desarrollo e, incluso, el tipo y calidad de las artes, mientras que aquellas
30. Ibíd., 3.
31. “Literatura y literatos. Carta á mi hijo J. Trajano”, Revista Ecuatoriana, t. I, n.
o
5
(mayo de 1889): 169-174; para la cita en el texto, véase 170.
32. Ibíd., 172-173.
33. “Al n, desde Samaniego y Salas, y talvez desde antes, puede asegurarse que
todos [los artistas] se han contentado con ser copistas, circunstancia que se nota áun en
nuestros días y que impide el progreso del Arte, pues no le hay verdadero cuando la in-
teligencia se limita á seguir las huellas de otros, sin empeñarse en demostrar que posee
la virtud creadora propia del genio”. En “Conceptos sobre las artes”, Revista Ecuatoriana:
134. Para el tema de la creación poética (inspiración versus racionalización o, lo que es lo
mismo, romanticismo versus neoclasicismo) y otras cuestiones relacionadas con la misma,
véase Manuel Corrales Pascual, “Juan León Mera, crítica e historia literaria”. En Juan León
Mera, una visión actual, ed. por Julio Pazos Barrera, 15-30 (Quito: Ponticia Universidad
Católica del Ecuador / Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador / Corporación
Editora Nacional, 1994).
34. Ibíd., 123.
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regiones con ambientes fríos, generarían un arte más “melancólico y grave”.
Por ejemplo, y en el caso ecuatoriano, “el clima, el cielo tropical, los variadí-
simos aspectos de la corteza terráquea y otras circunstancias son propicias
en el Ecuador a la concepción artística”;
35
no obstante, la absoluta penuria de
modelos didácticos europeos para la enseñanza de las artes, producto –en
parte importante– del propio aislamiento y, en general, por la “falta de estí-
mulos” (ausencia de estudios literarios), retardan muy considerablemente el
desarrollo artístico en el país, como ya se ha señalado al inicio de este trabajo.
También, otro factor que coadyuva a esa falta de desarrollo de la lite-
ratura nacional son las feroces, intransigentes y sectarias guerras entre los
partidos políticos que determinan, en muchos casos según la adscripción o
ideas políticas del literato en relación al gobierno de turno, la publicación –o
no– de su obra:
Si no conociéramos á fondo el carácter de las pasiones de bandería, ése carácter
irritable, intolerante; exclusivista, feroz y protervo, levantariamos nuestra voz,
aunque débil y desautorizada, para decir á todos los partidos á todos los hom-
bres: Alentemos el talento sea quien fuere la persona á quien se le ha dado Dios,
protejámosle y levantémosle; ese es un tesoro que pertenece á la patria no á no-
sotros […] ¿Qué nos importa que un ingenio pertenezca á tal ó cual comunión
política?
36
Aquí Mera se muestra extraordinariamente lúcido en su criterio, pues
antepone la creación artística, y la contribución que esta supone para el país,
a los mezquinos intereses políticos, a pesar de su propia adscripción al Par-
tido Conservador. Es decir, se muestra consecuente con su proyecto integra-
dor de “nación plural”.
En este punto conviene destacar que tanto el cierto conservadurismo
del escritor como sus profundas creencias católicas (“la Religión: es preciso
estudiarla para conocerla, es preciso conocerla para amarla y practicarla, y
es preciso amarla y practicarla para que ella nos abra los tesoros de sus be-
necios. Estudiémosla con empeño entusiasta, y á la luz de la razón y de la
fe iremos por ilación lógica al conocimiento de Dios, á su amor, á la necesi-
dad de un culto, al Cristianismo, al Catolicismo, esto es á la posesión de la
verdad”),
37
implicaban un absoluto rechazo a determinados y fundamenta-
les postulados del Romanticismo estético y político, tales como la primacía
de la subjetividad del artista, su absoluta libertad de creación o la autonomía
35. Ibíd., 125.
36. “Defectos y mal estado…”. En Ojeada histórico-crítica…, 460-461.
37. “Discurso del Señor D. Juan León Mera, Presidente del Ateneo”, s. f., s. r, 9, http://
repositorio.flacsoandes.edu.ec/bitstream/10469/8119/2/FBNCCE-Mera-5373-PUB-
COM.pdf.
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moral del mismo, la oposición a las academias y sus reglas, el radical ejerci-
cio de la democracia popular (sin tutelas, condicionantes o paternalismos),
la solidaridad –que no caridad– con las clases subalternas, el derecho a la
rebelión de estas,
38
etc. Por ejemplo y entre otros, Mera hace una apasionada
denuncia y repulsa de la introducción de cuestiones referidas a lo político
en poesía, o de términos descorteses, chabacanos, insultantes o soeces en la
misma, o que, así mismo, atenten contra las buenas costumbres:
Lo que sí he cuidado de no conservar es el gran número de versos ofensivos de la
moral, y no pocos con que se ha tratado de lastimar el buen nombre de algunas
personas […] [Nuestro pueblo] déjase arrebatar por los impulsos del momento,
y por cada elogio á los personajes de sus simpatías, echa á los que no lo son
venenosas saetas en forma, de serventesios. ó seguidillas, rudos con frecuencia,
pero siempre fáciles y rebosantes de dañina intención. Entre las coplas de esta
compilación creo, pues, no haber incluido ninguna de color escandaloso.
39
No obstante lo antedicho y como ya se ha destacado, sí compartía las
creencias más marcadamente historicistas del movimiento romántico, pues,
y entre otras razones, entiendo que amparaban y justicaban al (su) propio
proyecto nacional integrador y, con él, a su deseada autóctona y “americana”
cultura. Y prueba de esa voluntad integradora será su reivindicación de los
“cantares populares” como parte de la propia cultura literaria ecuatoriana, al
tiempo que como manifestación de su conciencia republicana:
El retrato moral del pueblo está en sus coplas […]. Es necesario no menospreciar
la musa popular, y se debe recoger y conservar sus frutos, escogiéndolos, por
supuesto, porque de seguro son útiles por muchos conceptos; y en todo caso
se honra al pueblo, que no á causa de su falta de ilustración y de sus maneras
incultas deja de formar parte dé la familia humana. Especialmente en el siste-
ma republicano el pensamiento y el corazón del pueblo, sus derechos y deberes,
sus costumbres y aspiraciones, son partes muy principales en la urdimbre de la
vida civil y política; ¿por qué sus afectos y recuerdos, sus dolores y esperanzas
38. “Por justa que sea una revolución, mientras ella domina no se progresa, y luégo
deja consecuencias nada buenas que duran largo tiempo”, “Cartas al Señor D. Juan Valera
V”, Revista Ecuatoriana, entrega III, t. II, n.
o
15 (marzo 1890): 15-78. En esta “Carta”, Mera
aporta una valiosa y pormenorizada información estadística sobre la escolarización en
el Ecuador desde su fundación como República hasta su propia época con interesantes
reexiones al respecto.
39. “Estudio [Introducción] sobre los Cantares del Pueblo Ecuatoriano”. En Antología Ecua-
toriana. Cantares del Pueblo Ecuatoriano, comp. por Juan León Mera, edición hecha por orden
y bajo el auspicio de la Academia Ecuatoriana, Quito, 1892, X, http://bdh-rd.bne.es/viewer.
vm?id=0000044217&page=1. Sobre esta cuestión de la depuración de términos no deseados por
Mera y en relación a la citada publicación, véase María de Lubensky, “Política lingüística de Juan
León Mera y los Cantares del Pueblo Ecuatoriano”. En Juan León Mera, una visión actual…, 55-67.
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expresados sencillamente en serventesios y seguidillas, no han de entrar en la
vida literaria?
40
También debe tenerse en cuenta para mejor valorar en Mera esa necesi-
dad “fundadora” de una nueva literatura americana, su profundo desencan-
to –que no con los adelantos técnico cientícos de la época– por el, a su juicio,
paralelo deterioro moral que, en forma de vacuidad vital y hastío existencial,
iba adquiriendo el progreso en las naciones más avanzadas, particularmente
las europeas, y que amenazaba con su incipiente propagación en América
el futuro (moral) del continente. Efectivamente, el asentamiento en aquellas
naciones de la ideología materialista tales como el nihilismo, racionalismo a
ultranza, paganismo o el lujo y las modas foráneas, el realismo en literatura,
así como “las inmorales y disolventes doctrinas del socialismo y comunismo
tratando de suplantar á la santa sabiduría del Evangelio para corromper el
corazon de la sociedad; las sombras de Proudom, de San Simon, de Fourrier
inspirando á sus atolondrados discípulos las ideas del mal que deben entro-
nizar en la tierra”,
41
implicaban, en suma, el progresivo “olvido de todo lo
espiritual y eterno”,
42
al tiempo que un pernicioso escepticismo. E igualmen-
te, esta incredulidad suponía un lastre, cuando no imposibilidad para poder
plantearse metas de futuro a nivel societario o nacional y que respondieran
a los verdaderos anhelos humanos de felicidad y desarrollo armoniosos en
lo material y espiritual.
Y es que, por el contrario, América todavía tenía un largo y esperanzado
camino por recorrer en todos los ámbitos de la cultura y de la civilización,
plena de juventud y vitalidad, lozana y robusta, “animada por tantos princi-
pios de felicidad […] no puede tener astio de nada, no lo tiene […] ni buscar
en el árido materialismo el orígen y n de su existencia, la meta de todas sus
aspiraciones”.
43
Es decir, el continente está en un momento privilegiado de
su existencia histórica y debe, por tanto, buscar su camino de desarrollo y
valores propios, rechazando de plano los “falsos ídolos” europeos; en ello
se juega su futuro y, por ello mismo, la (nueva) literatura americana está
llamada a servir de guía “espiritual” –educativo/moral– a las naciones que
integran a aquel.
40. “Estudio sobre los cantares del pueblo ecuatoriano”. En Antología ecuatoriana. Can-
tares del pueblo ecuatoriano (Quito: Imprenta de la Universidad Central del Ecuador, 1892),
XXIII, http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000044217&page=1.
41. “Vicios principales…”. En Ojeada histórico-crítica…, 448-449.
42. “Cartas al Señor D. Juan Valera. III”, Revista Ecuatoriana, entrega II, t. II, n.
o
14
(febrero de 1890): 41. También armará en dicha “Carta” que “el único medio para que los
pueblos lleguen á una civilización perfecta en lo posible, es el Cristianismo”: 41.
43. “Vicios principales…”. En Ojeada histórico-crítica…, 434.
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sobre eLbuen gustoo La poétiCa
neoCLásiCa en juan León mera
Si hay un poeta al que Mera valora con verdadera y fundamentada ad-
miración en su Ojeada, este es José Joaquín Olmedo, pues “en cada página, en
cada estrofa maniesta Olmedo la espontaneidad, el atrevimiento sublime y
la celestial brillantez de su genio incapaz de someterse al rigor de los precep-
tos artísticos que podía haber detenido su vuelo”;
44
y particular mención le
merece el poema “Canto a Bolívar” –también nominado como “La victoria
de Junín”–, pues, y entre otras cuestiones, supone en su época uno de los
mayores textos “heroicos” de la emancipación del Ecuador de su potencia
colonial y, por tanto, del relato fundador de la “invención de la nación”.
45
Al
tiempo, dicho poema como por extensión de toda la obra de Olmedo, recibe
uno de los mayores elogios que Mera pueda dedicar a cualquier autor, a
saber, su “buen gusto”.
A este tenor, resulta necesario explicitar que, para Mera, la estética en-
tendida como “el auténtico conocimiento de lo bello” es considerada como
universal –aplicable en todo tiempo y lugar– y a priori –metafísica–, puesto
que no la ha inventado el ser humano, sino que “existe esencialmente en la
creación […], viva, más latente en la naturaleza, ha sido declarada y pro-
puesta a las Artes por el estudio y la reexión, para que se sujetasen a sus
leyes en la creación de sus obras”. Y es precisamente gracias a esas leyes
(universales) que solo la razón deduce por lo que la estética es entendida, en
la época del autor, como el verdadero y exacto fundamento de la crítica artís-
tica, pues se ha convertido en “una autoridad que obra sujetándose a leyes
justas y sabias”,
46
a pesar de su lamentable ausencia en Ecuador. Es decir, es
la normativa que permite objetivar universalmente, tanto al “buen gusto”
como a su corolario nalístico, esto es, a la belleza.
Un ejemplo interesante al tiempo que didáctico sobre esa (necesaria)
aplicación del “buen gusto” es su anuencia en introducir algunos términos
indígenas (quichuas) en la nueva literatura, siempre y cuando se reeran
a cuestiones en las que una traducción directa al español pueda alterar su
44. “Don José Joaquín Olmedo”. Ibíd., 253.
45. Vease Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reexiones sobre el origen y la
difusión del nacionalismo (México: Fondo de Cultura Económica, 1993).
46. “Conceptos sobre las artes”, Revista Ecuatoriana…: 124. Para ambas citas en el pá-
rrafo del texto. En un sentido más ampliamente cultural y no solo referido a lo artístico,
Mera opina que “La crítica es arte tan necesaria, que donde no se la practica falta uno de
los elementos principales del progreso de las ciencias, las letras y demás conocimientos
humanos”. En “Carta de Juan León Mera al Señor Don Antonio Rubió y Lluch…”, 465-475.
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verdadero sentido. Así pondrá como ejemplo el término “Pachacámac”, que
solo adquiere su pleno signicado en el contexto de la cosmovisión indíge-
na, desvirtuándose en su traducción como Dios en la acepción occidental y
cristiana. Sin embargo, dicha novedosa utilización debe responder a lo útil
y razonable, y estar siempre basada en el citado “buen gusto”, pues es este
quien “representa la verdad en las obras de la inteligencia”.
47
Efectivamente, el “buen gusto” como categoría fundamental en la poética
neoclásica, será articular en la conceptualización literario-poética de Mera,
pues su rol formal y constructivo determinará, a su juicio, toda creación li-
teraria. Repetida en numerosas ocasiones a lo largo de la Ojeada y en otros
escritos de carácter ensayístico, aquella se reviste e implica diversas cuestio-
nes como la necesaria imitación de la naturaleza (universalidad), la obligada
adecuación entre la forma y el contenido, la sencillez y simplicidad formal-
expresiva (por ejemplo, Mera criticará vehementemente la poesía culterana
de Góngora), el requerido didactismo del tema, etc.
48
Y cuestión que no solo
atañe a la literatura, sino que también, y poniendo como ejemplo a la arqui-
tectura, resulta extensiva para toda disciplina artística: “consúltese que no es
difícil ni costoso, la regularidad de la planta, las proporciones convenientes
de las partes del edicio, la simetría de puertas y ventanas; procédece de igual
manera en lo interior […] En Quito hay abundancia de casas que no dejan qué
desear en punto á simetría y otras condiciones requeridas por el Arte”.
49
Es decir, Mera entiende que para cualquier género artístico, y en su que-
hacer creativo, debe aplicarse una poética basada en el orden, la medida y la
proporción, sencillez y claridad, constituida y construida mediante la razón,
fundamento a su vez del imprescindible “buen gusto” reclamado para el
arte. Y aunque ello, evidentemente, contraste con su ya mentada adscripción
a ciertos postulados del Romanticismo, no supone para el autor una dispa-
ridad antagónica, sino más bien un necesario por insustituible complemen-
to en la búsqueda de la progresiva y ansiada perfección (ideal) en el arte,
nalidad esta universalmente compartida por los artistas de su época: “La
perfección del arte para que llene un n social ó un n puramente recreativo,
debe ser el constante anhelo de todos cuanto le cultivan”.
50
47. “¿Es posible…?”. En Ojeada histórico-crítica…, 485.
48. En parecidos términos y con la nalidad de regenerar a la vacua poesía ecua-
toriana del momento, se pronunciará el conocido poeta, escritor y diplomático Remigio
Crespo Toral en su corto ensayo de juventud titulado “Un nuevo ideal poético” [1883].
En Teoría del arte en el Ecuador, estudio introductorio de Edmundo Ribadeneira, 451-458.
(Quito: Banco Central del Ecuador / Corporación Editora Nacional, 1987).
49. “Conceptos sobre las artes”, Revista Ecuatoriana: 129.
50. “Carta al Señor Don Antonio Rubió y Lluch…”, Revista Ecuatoriana: 470.
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Para Mera el Arte,
51
además de estar sujeto a su necesario progreso en pos
del ideal de belleza y perfección ya señalados –guiados por la crítica artística
y el “buen gusto”– es, al tiempo, un factor muy importante –si no determi-
nante– en el proceso emancipatorio de las naciones desde su original estadio
primitivo al civilizado (idea de progreso). Es por ello que, inere, a mayor
desarrollo y perfectibilidad de las artes, mayores grados de progreso y civili-
zación de las naciones y sus pueblos: “El cultivo de las Artes contribuye á la
civilización de los pueblos –verdad repetida por muchos escritores– y el de-
sarrollo y perfección que ellas alcanzan sirven para medir el grado de cultura
de las naciones –otra verdad harto conocida–”, para armar unas pocas líneas
a continuación y en el mismo párrafo que “El pueblo que comienza á dejar
sus condiciones primitivas empieza á sentir ación á las Artes, y mientras
más disposiciones muestra para cultivarlas, mayor es la probabilidad de que
avanzará pronto en la civilización. Percibe como á lo lejos la armonía, entrevé
los seductores rasgos de la belleza, se entusiasma y corre tras ellos”.
52
A tenor de lo citado, se colige la necesidad en el amparo que debe darse
a las Bellas Artes, pues conforman parte importante del propio honor de las
naciones: “aunque la protección no es todavía lo que debiera ser ahora se
comprende la importancia de las Bellas Artes y se quiere de veras su adelan-
to como provecho y como honra nacionales”.
53
E importancia de las mismas
por obrar como una suerte de escala comparativa del propio progreso de las
naciones: “En la Literatura y las Bellas Artes, como ya se ha dicho muchas
veces, se reeja principalmente la cultura de los pueblos. Nación en que ellas
no tienen altares y adoradores, no es nación civilizada […] ¡Y la Pintura!,
¡y la Estatuaria!, ¡y la Arquitectura! Tres reinas con almas de genio, ante las
cuales se descubren reverentes los pueblos civilizados”.
54
En relación a estas tres últimas citas, valoro conveniente destacar que ese
“desarrollo y perfección”, ese “adelanto” que Mera espera en la diacronía
evolutiva de las artes como sinónimo de civilización, son entendidos como
lugar de la enunciación desde los parámetros que el “buen gusto” y la crítica
artística sancionan, es decir, son los modelos estético-artísticos eurocéntri-
cos –en parte todavía vigentes en aquel continente–, más la reclamada ori-
ginalidad que el “americanismo” aporta, el “lugar” desde el que se juzga la
51. El hecho de escribir con mayúscula el término “Arte” por parte de Mera (así lo
transcribo), ya denota su concepción universalista y metafísica con respecto a este, cues-
tión además y en su época totalmente eurocéntrica de acuerdo a los concepciones estéticas
vigentes.
52. “Conceptos sobre las artes”, Revista Ecuatoriana: 123, para ambas citas en el párrafo
del texto.
53. Ibíd., 143.
54. “Discurso del Señor D. Juan León Mera…”, 11-12 y 14.
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corrección –o no– de las obras artísticas y, por tanto, del grado alcanzado en
la evolución civilizatoria de los pueblos que las crean.
Y es que para Mera, un factor determinante tanto para la educación en
ese “buen gusto” como, al tiempo, en su progresivo aanzamiento y desa-
rrollo entre la ciudadanía, es la pedagogía que al efecto suponen las exposi-
ciones artísticas, ya que estas “son también medios poderosos de adelanta-
miento y caminos que conducen al pueblo hacia el buen gusto. Dos hemos
tenido en la Capital, en 1852 y 1892. ¡Cuarenta años de intervalo! En la vía
del progreso son una eternidad”.
55
Evidentemente, para Mera las artes constituyen un componente indis-
pensable, no solo para el necesario desarrollo de los más fundamentales ám-
bitos de la cultura como la ciencia o la técnica hacia la modernidad, sino que
también implican una suerte de educación cívica para los pueblos mediante
el “buen gusto” que sus obras representan y difunden, es decir, y bastan-
te común en los escritores de la época,
56
vehiculan ejemplos “moralizantes”
que sirvan para constituirse y reconocerse como nación unitaria que profesa
unos valores comunes, al tiempo que un universo simbólico compartido: “Al
son de la lira se deben cantar las alabanzas de los héroes, recordando las
55. “Conceptos sobre las artes…”, 145. Por ejemplo, véase en relación a las exposicio-
nes internacionales como vehículo generador de identidad nacional, basada en la etnici-
dad, Blanca Muratorio, “Nación, identidad y etnicidad: imágenes de los indios ecuatoria-
nos y sus imagineros a nes del siglo XIX”. En Imágenes e imagineros. Representaciones de los
indígenas ecuatorianos, siglos XIX y XX, ed. por Blanca Muratorio, 109-196 (Quito: FLACSO
Ecuador, 1994).
56. Un ejemplo de lo antedicho es el escrito del importante e inuyente diplomá-
tico, escritor, poeta y pintor contemporáneo de Mera, Honorato Vázquez, quien en su
artículo “Sobre el carácter nacional de la poesía” escribe: “Nosotros queremos el estudio
de la forma como revelación de la idea poética […], queremos estudiar la belleza ideal
compenetrada con la palabra humana; nosotros pedimos que la poesía disponga de los
elementos que presta la tradición del buen gusto, que los amalgame discretamente sin dis-
cernir siglos ni escuelas y los ponga al servicio de todo lo grande, de todo lo bello, de todo
lo bueno”. A ello cabría añadir asimismo, la coincidencia con Mera en aquellos aspectos
metafísicos, universalizantes, eurocéntricos y confesionales sobre la belleza, la creación
artística y el propio arte, ya desarrollados en el texto: “La forma poética no es griega, ni
romana, no es programa de escuela, es determinación bella de una idea bella; distribución
de la forma interna, de la organización de la obra, arreo exterior de la misma, es hallazgo
de los grandes ingenios cualesquiera que sean su patria y su siglo, es ejemplo que ha de
imitarse, doctrina que ha de aprenderse para una práctica juiciosa, supuestas las dotes
morales y estéticas del poeta” o, “La disciplina del espíritu en los eternos principios del
bien y de la verdad, el estudio de la belleza en sus manifestaciones, son el resumen de una
Poética universal”. También y platónicamente sentenciará: “La belleza es una, no tiene
tiempo ni patria: es una como la moral, la verdad”, para armar que “Nuestra poesía para
ser nacional debe ser eminentemente cristiana”, Revista Ecuatoriana, t. II, n.
o
15 (marzo
1890): 107, 102, 106, 108 y 112-113.
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hazañas con que han salvado la patria, y dádola libertad y gloria, y este será
uno de los mas ecaces estímulos para que en adelante repitan las nobles
acciones, y ciñan su frente con nuevos y eternos lauros”.
57
En denitiva, es la cosmovisión que la idea de progreso instituye en su
diktat universalizante,
58
ahora como “materialización” estético-artística –y
simbólica– en la constitución de lo propio, de lo nacional, bien entendido
que desde la exclusiva y excluyente concepción conservadora y católica que
ciertas e inuyentes élites ejercen, divulgan e instituyen para toda la pobla-
ción, ahora concebida como un homogéneo universal.
59
Así, Mera y a pesar de su pregonado distanciamiento de los modelos eu-
ropeos, asume el carácter metafísico del arte y su ideal de belleza postulado
por aquellos, ejerciendo su creencia religiosa de gozne que permite aunar en
una suerte de sincretismo sistemas estéticos tan contrapuestos (romanticis-
mo versus neoclasicismo), y teniendo siempre como una de las nalidades
del mismo, esa reiteradamente reclamada educación cívico-moral como me-
dio insoslayable en la consolidación de su proyecto integrador de nación.
60
57. “Vicios principales…”. En Ojeada histórico-crítica…, 428-429.
58. Es sabido que la idea de progreso preside y justica al denominado proceso civi-
lizatorio de toda nación moderna que se precie para poder “estar” en la historia, constitu-
yéndose en un tópico en todo tipo de discursos de la época. En el Ecuador decimonónico
y aun después, dicha idea será objeto de constante invocación en numerosos escritos, actos
ociales, etc.; en este sentido, y como un ejemplo entre otros muchos, en el discurso pro-
nunciado por el poeta, escritor y diplomático Leonidas Pallares Arteta se lee lo siguiente:
“Las artes buscan hoy en nuestro suelo sombra benéca bajo las alas de la ciencia. El
progreso, ley natural, política y social, invade como torrente acaudalado las más lejanas
regiones de la tierra […]. Prende en sus rudos pechos [de los pueblos más atrasados o
salvajes] la chispa libre e inmortal de la razón iluminada por la sabiduría, que engendra
acciones grandes y grandes pensamientos, y les llama á vivir en la Historia, enseñando
á pronunciar su nombre difícil á las edades de lo porvenir”. “Discurso leído por el Señor
Don Leonidas Pallares Arteta la noche del 15 del presente en el concierto de “La Sociedad
Filarmónica” (Quito: Imprenta del Gobierno, 1884), 7-8, http://repositorio.casadelacultu-
ra.gob.ec/bitstream/34000/18026/2/LBNCCE-msc06-Palleres-6800.pdf.
59. “Pese a las polémicas entre bandos, la patria que soñaron siempre fue una sola:
una república hispánica y católica, patriarcal y conservadora. Finalmente, este es el signi-
cado que transmiten las novelas ecuatorianas del siglo XIX, escritas entre 1855 y 1893. Al
narrar la nación en clave estética, de modo histórico y en tono crítico, los primeros nove-
listas fundaron un país imaginado por las élites sociales, que habían heredado la cultura
y el territorio de sus padres, los mismos que sostuvieron el régimen de castas y exclusión
de la Colonia española durante siglos. La casa que edicaron los primeros ecuatorianos
no podía ser muy distinta del palacio imperial, pues la tuvieron que construir con los
mismos ladrillos de sus ruinas”. César Eduardo Carrión Carrión, La novela ecuatoriana del
siglo XIX…, 305.
60. Ejemplo paradigmático de ese “compromiso patriótico” en relación a la escritura
será la publicación con nes divulgativos de su Catecismo de geografía de la República del
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ConCLusiones
La voluntad de establecer un (nuevo) canon literario en Ecuador por par-
te de Mera que incluyese no solo a la poesía “culta”, formalmente construida
a partir de los postulados neoclásicos, si no a los cantares populares o a la
propia poesía en lengua quichua, obedece a su proyecto nacional integrador
a partir de la constatación y aceptación de una realidad plural en lo social,
cultural y étnico. También merece destacarse su reivindicación de la mujer
en ese proyecto y en igualdad con el hombre, algo inusitado para la menta-
lidad de la época y más por parte de una persona declarada “conservadora
y católica”, al igual que en ese sentido, la edición de determinadas obras de
aquellas.
61
Y proyecto integrador que, si bien debía estar basado en la dogmática
y moral católica (por ejemplo, Mera era partidario de la evangelización de
los pueblos autóctonos de la Amazonía), ello no impedía profesar pública-
mente el necesario respeto por las costumbres y tradiciones de las culturas
indígenas. Al tiempo, sus postulados romántico-historicistas le permitían
fundamentar y establecer una hilazón histórica entre las culturas ancestrales
y el propio presente que dotara de continuidad sincrónica y, por tanto de
sentido, a ese proyecto nacional.
E interrelacionadamente con lo anterior, era el rol de primer orden que
estaba llamada a representar la literatura como factor educativo –patriótico
y moral– en esa construcción. Efectivamente, la escasa calidad de la mayoría
de la producción en ese ámbito, según comenta críticamente Mera, más sus
Ecuador (Quito: Imprenta Nacional, 1875 [1873]), https://archive.org/details/catecismo-
degeog00meragoog; Catecismo de geografía de la República del Ecuador, Texto de enseñanza
para las escuelas ecuatorianas, adoptado por el Supremo Gobierno, 2.
a
ed. corregida y aumen-
tada notablemente, y hecha con autorización del mismo Supremo Gobierno (Guayaquil:
Imp. de La Nación, 1884), https://iiif.lib.harvard.edu/manifests/view/drs:4776723$1i, y
su ulterior Catecismo explicado de la Constitución de la República del Ecuador (Quito: Imprenta
del Clero, 1894).
61. Véase el sorprendente –en su contexto histórico-cultural– capítulo titulado “Doña
Dolores Veintemilla de Galindo. La educación de la mujer entre nosotros”. En Ojea-
da histórico-crítica…, 270-286. También, la edición crítica de las Obras selectas de la célebre
monja de Mejico, sor Juana Inés de la Cruz, precedidas de su biografía y juicio crítico sobre to-
das sus producciones (Quito: Imprenta Nacional, 1873), https://books.google.com.ec/bo
oks?id=bMcGAQAAIAAJ&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ViewAPI&redir_
esc=y#v=onepage&q&f=false, especialmente el “Prólogo” referido también a la denuncia
de la consideración de la mujer en su época. Y sobre esta última publicación, el trabajo de
Yolanda Montalvo Bustos, “Mera y sor Juana Inés de la Cruz”. En Juan León Mera..., 69-89
(Quito: Ponticia Universidad Católica del Ecuador / Universidad Andina Simón Bolívar,
Sede Ecuador / Corporación Editora Nacional, 1994).
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propias ideas en lo que debía ser la labor creativa literaria, le impelen a esta-
blecer un “orden” poético para la misma. Por ello, entiendo que la canónica
neoclásica representa a su juicio el mejor antídoto contra los excesos barro-
cos, el meliuo sentimentalismo cursi romántico o cualquier amaneramiento
mimético. De ahí que la sencillez, claridad, concisión, naturalidad, razona-
miento creativo, medida, proporción, etc., de la poética neoclásica le resulten
–en el concepto y en la práctica creativa– ideales en esa ansiada regeneración
literaria. Y ejemplo de ello será su demostración a través del ejercicio de la
crítica literaria –ausente en el Ecuador de su tiempo– de la importancia y
validez de esa necesaria canónica.
En denitiva, el gran conocimiento literario de Juan León Mera, además
de su dedicación y exigencia, tanto en la creación poético-novelística como
ensayística, unido a su proyección “patriótica”,
62
nos muestran al hombre
comprometido con su momento histórico y político, a la par que con el arte
como guía estética en el devenir de la incipiente y frágil nación. Su meditada
a la par que ingente y plural obra así lo demuestra.
62. Por ejemplo, muy nombrada será su polémica en 1887 con el alcalde de Quito, el
liberal moderado Francisco Andrade Marín y otras autoridades municipales, y particular-
mente con el a la sazón embajador español en Ecuador, Manuel Llorente Vázquez, a raíz
de la “mutilación” por parte del cabildo de diversos elementos simbólico-emancipadores
del coloniaje español en la escultura de Sucre, a resultas de las quejas de dicho embajador,
y a las que cabría sumar igualmente la pretensión del diplomático de la supresión de de-
terminadas estrofas “ofensivas a España” del Himno Nacional compuesto anteriormente
por Mera en su letra (1865).
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