La militancia política femenina
en la izquierda marxista ecuatoriana
de la década de los sesenta: La URME y el PCE*
Women’s political activism in Ecuadors Marxist leftwing
parties in the sixties: The URME and the PCE
Tatiana Salazar Cortez
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
tatianasc90@gmail.com
DOI: http://dx.doi.org/10.29078/rp.v0i46.653
Fecha de presentación: 25 de agosto de 2017
Fecha de aceptación: 16 de octubre de 2017
Artículo de investigación
* Este artículo se deriva de mi tesis de maestría intitulada: “La experiencia militante
de la Unión Revolucionaria de Mujeres del Ecuador (URME), 1962-1966” (2015-2017), Uni-
versidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.
Procesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 46 (julio-diciembre 2017), 91-118. ISSN: 1390-0099; e-ISSN: 2588-0780
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RESUMEN
El artículo aborda el conicto surgido en el seno del Partido
Comunista del Ecuador (PCE) durante la década de los sesenta,
debido a la amenaza “fraccionalista”, producto de la apuesta
guerrillera de los grupos disidentes, que miraron en el ejemplo
cubano la vía para la revolución. Esta crisis obligó a que el PCE
replanteara el lugar de la mujer dentro sus las y desplegara
mecanismos de control desde la lógica jerárquica del Partido y del
sistema de valores de su militancia. Por su parte, la apuesta por
autonomía conguró una posibilidad organizativa para algunas
mujeres de izquierda críticas a la jerarquía partidista y al dominio
masculino en su dirección, fomentando así un espacio que generó
una agencia política marcada por su diferencia sexual.
Palabras clave: mujeres comunistas, diferencia sexual,
militancia femenina, agencia política, revolución cubana,
Partido Comunista del Ecuador.
ABSTRACT
The article examines the conict emerging in the sixties from the
threat of “factionalism” at the heart of the Communist Party of
Ecuador (Partido Comunista del Ecuador (PCE) as a result of the bets
being placed on guerrilla warfare by dissident groups who looked
to Cuba’s experience as a model to bring about the revolution. This
crisis forced the PCE to rethink its approach to the role of women in
its rank and le membership and to draw up control mechanisms
based on the Party’s hierarchical structure and the value system of
its activism. As for the option to provide greater autonomy, it led
certain leftwing women who were critical of the prevalence of men in
the party’s leadership and its hierarchical structure to develop their
potential for organizing; this in turn sustained the opportunity for
women to develop their own political agency marked by their gender
difference.
Keywords: Ecuador, twentieth century, social history, political
history, leftwing, communist party, women, gender difference,
women’s activism
Tatiana Salazar Cortez
Magíster en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.
Docente en el Programa de Estudios Especializados de la Ponticia
Universidad Católica del Ecuador. Sus temas de investigación son la historia
de las mujeres, las redes femeninas, la historia de la izquierda ecuatoriana, el
feminismo y las mujeres intelectuales.
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En una carta enviada a Leonardo Paredes, quien cursaba la carrera de
Medicina, su madre Nela Martínez, le relató la disputa surgida en un evento
realizado en homenaje al día internacional de la mujer, el 8 de marzo de 1963,
entre algunas mujeres comunistas y la dirección del Partido Comunista del
Ecuador (PCE).
1
En el encuentro organizado por la Unión Revolucionaria de
Mujeres del Ecuador (URME), el Comité de Unidad por la Paz y la Sobera-
nía, y la Unión Democrática de Mujeres del Ecuador participaron voceras
de las organizaciones auspiciantes y militantes de los partidos socialista, so-
cialista revolucionario y comunista. Luisa Gómez de la Torre, Lucía Ochoa,
Laura Almeida, Lola de Rodríguez, Laura Ortiz e Hilda Auz establecieron
la agenda de la reunión: desarme mundial, lucha por la paz y la negativa
al presupuesto destinado a la militarización del país. También debatieron
sobre el aporte de Clara Zetkin al movimiento femenino de izquierda y las
novedades generadas en el Congreso de la Paz llevado a cabo en Moscú en
1963. Finalmente, cerraron la jornada señalando la necesidad de mantener
“una verdadera posición revolucionaria” ante la discriminación de la mujer
ecuatoriana y los problemas de la infancia.
2
El encuentro se vio interrumpido cuando, según URME, miembros de
la Alianza Femenina Universitaria (AFU) acudieron al acto con intencio-
nes “saboteadoras”. Este encontrón desencadenó enfrentamientos entre las
organizaciones de mujeres que se plasmaron en las páginas de las revistas
Mañana y Nuestra Palabra,
3
órgano ocial de URME. Mientras que a niveles
organizativos se incentivaron “medidas disciplinarias” por parte del PCE;
Nela Martínez, condencialmente, le comentó a su hijo que las sanciones im-
puestas por el Comité Central generaron “una ola de rebelión y de protesta”
en las las partidistas,
4
malestar que fue referido en estos términos: “Porque
debes comprender bien que hay dos mundos: el ocial, que lanza consignas
estereotipadas, otro, el que pugna por hacer avanzar el día de la liberación, el
que lucha en silencio, el que es calumniado, perseguido, maldito”.
5
Por lo visto, el “acto de las mujeres” provocó que Pedro Saad, secretario
general del PCE, radicado en Guayaquil, viaje a la ciudad de Quito, sancione
1. “Las mujeres celebran el 8 de marzo, los militares las maltratan”, Mañana, n.
o
162, 14 de
marzo de 1963: 13; “8 de marzo, jornada de la mujer”, Nuestra Palabra, n.
o
2, marzo 1963: 35.
2. “Las mujeres celebran…”, 13.
3. Olga Egas, “La lucha de la mujer ecuatoriana”, Mañana, n.
o
164, 28 de marzo de
1963: 22.
4. Carta de Nela Martínez a Leonardo Paredes, Quito, 16 de mayo de 1963, Archivo
Martínez-Meriguet (AM-M), Correspondencia año 1963.
5. Ibíd.
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a los varones que asistieron al evento de URME y amenace con “medidas
disciplinarias” a las militantes Lucía Ochoa de Merino, Piedad Ochoa de
Gallegos y Luisa Gómez de la Torre. Finalmente, quien sí fue sancionada con
la “ciega rabia negativa” de Saad fue Nela Martínez.
6
El PCE raticó la expulsión de Nela después del incidente del 8 de mar-
zo, ya relatado. En reunión plenaria del Comité Central del PCE, el 19 de
marzo de 1963, se expulsó a José María Roura, Jaime Galarza Zavala y Nela
Martínez. Se argumentó que los dos primeros fueron separados por sus ac-
tividades “fraccionalistas”; en cuanto a Martínez, se alegó que nunca pidió
su reingreso al Partido luego de que fue apartada por primera vez en 1957;
7
adicionalmente, se la criticó por su “actitud contraria a la línea del Partido”
y sus supuestos ataques a la dirección partidista.
8
Ahora bien, ¿por qué el PCE expulsó a Martínez, Roura y Galarza Za-
vala? ¿Por qué fueron sancionados los miembros del PCE por acudir a un
acto organizado por organizaciones femeninas, democráticas y de izquier-
da? ¿Cuáles fueron las disputas sobre la “verdadera posición revoluciona-
ria” que llevó a enfrentar el mundo “ocial” con aquel “perseguido”? Este
artículo explica los conictos generados en el seno del PCE debido a la parti-
cipación de las mujeres en sus las organizativas en la década de los sesenta.
Precisamente, esta coyuntura política puso en jaque a los partidos políticos
de izquierda debido a la radicalización de grupos armados. Esta crisis obligó
que el PCE reconsidere el lugar de la mujer en sus las y, con ello, desplegara
mecanismos de control desde la lógica jerárquica del Partido y el sistema de
valores de su militancia. Por su parte, la apuesta por autonomía conguró
una posibilidad organizativa para algunas militantes críticas a la jerarquía
partidista y al predominio masculino en su dirección, fomentando una agen-
cia política consciente de su diferencia sexual.
9
6. Ibíd.
7. Carta de Nela Martínez a Lautaro Garrido, Eduardo González y Wilson Burbano,
miembros del Comité Central del Partido Comunista del Ecuador, Quito, 23 de mayo de
1957, AM-M, carpeta de Escritos políticos; Carta del Presidium del VI Congreso del PCE,
liderada por Hernán Acevedo y Milton Jijón, a Nela Martínez, Quito, 25 de mayo de 1957,
AM-M, carpeta de Escritos políticos.
8. “Resolución de la sesión plenaria del Partido Comunista del Ecuador respecto a la
situación de la Sra. Nela Martínez de Mériguet”, El Pueblo, 4 de mayo de 1963: 3.
9. Emplearemos la categoría agencia política en la acepción que Joan Scott otorga al
reconocimiento que las mujeres tienen de su capacidad e intencionalidad de constituirse
como sujetos-agentes activos en los procesos históricos; para ello nuestro planteamien-
to considera la diferencia sexual como determinante en este proceso como “principio y
práctica de la organización social”. Joan Scott, “Releer la historia del feminismo”. En Las
mujeres y los derechos del hombre. Feminismo y sufragio en Francia, 1789-1944 (Buenos Aires:
Siglo XXI, 2012), 29; Joan Scott, “Algunas reexiones sobre género y política”. En Género e
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La historiografía sobre la izquierda ecuatoriana ha sido deudora de un
análisis crítico de los partidos políticos, que mayoritariamente los ha vin-
culado con coyunturas políticas “revolucionarias”;
10
sin embargo, la diná-
mica interna partidista, las disputas acaecidas y sus mecanismos de funcio-
namiento han sido ocasionalmente abordados. Las reexiones de Hernán
Ibarra sobre el PCE (pese a que el arco temporal de sus estudios no abarca la
década de los sesenta), aportan elementos sobre la organización partidista.
Este historiador nos adentra en los cimientos de la crisis que el comunismo
internacional sufrió después de la muerte de Stalin en los años cincuenta,
con miras al cisma de las décadas subsiguientes.
11
Por su parte, Adrián Bonilla explora las perspectivas teóricas del discur-
so político y los quiebres que el marxismo enfrentó por la inuencia de las
revoluciones china y cubana,
12
a nivel nacional y regional.
13
El autor presenta
un horizonte de reacomodos institucionales por los que el PCE atravesó, pro-
vocando la creación de una corriente socialista más radical,
14
que decantó en
la emergencia de varias organizaciones críticas a la estructura partidista las
cuales, según nuestra lectura, fueron espacios aprovechados por los sectores
disidentes, entre ellos las mujeres, quienes fomentaron nuevas apuestas mi-
litantes problematizadas desde su diferencia sexual. A no ser por pequeñas
historia (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica / Universidad Autónoma de la
Ciudad de México, 2008), 247-255.
10. Coyunturas políticas como la Alianza Democrática Ecuatoriana han atraído a va-
rios historiadores a abordar los grupos de izquierda como un elemento más de una coa-
lición que se conguró alrededor de la gura de José María Velasco Ibarra, en la década
de los cuarenta, por ejemplo. Véase, Silvia Vega, La Gloriosa. De la revolución de 28 de mayo
de 1944 a la contrarrevolución velasquista (Quito: El Conejo, 1987); Santiago Cabrera Hanna,
ed., La Gloriosa, ¿Revolución que no fue? (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede
Ecuador / Corporación Editora Nacional, 2016); Germán Rodas Chaves, “La izquierda
ecuatoriana en la década de 1960 y la inuencia de la Revolución Cubana”. En La izquierda
ecuatoriana. Aproximación histórica (Quito: Abya-Yala / La Tierra, 2004), 63-93.
11. Hernán Ibarra, “Los idearios de la izquierda comunista ecuatoriana (1928-1931)”.
En El pensamiento de la izquierda comunista (1928-1961) (Quito: Ministerio de Coordinación
de la Política y Gobiernos Autónomos Descentralizados, 2013), 11-64; Hernán Ibarra, “En
torno a los fantasmas de la izquierda radical ecuatoriana del setenta”. En Memorias del semi-
nario internacional: El legado intelectual y político de Fernando Velasco Abad, coord. por Santiago
Ortiz Crespo y Soledad Álvarez Velasco (Quito: FLACSO, 2014), 163-176.
12. Adrián Bonilla, En busca del pueblo perdido. Diferenciación y discurso de la izquierda
marxista en los sesenta (Quito: FLACSO / Abya-Yala, 1991).
13. Agustín Cueva, “El marxismo latinoamericano: historia y problemas actuales”. En
Entre la ira y la esperanza y otros ensayos de crítica latinoamericana (Buenos Aires: CLACSO,
2008 [1987]), 177-200; Fernando Tinajero, “Rupturas, desencantos y esperanzas (cultura y
sociedad en el Ecuador: 1960-1985)”, Revista Iberoamericana, n.
o
144-145 (julio 1988): 791-
810.
14. Bonilla, En busca del pueblo perdido…, 2.
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menciones, la producción académica no se ha ocupado de problematizar la
particularidad de las militantes de izquierda como agentes críticas de las
esferas partidistas a las que pertenecieron.
Si bien hay producciones que recogen la presencia de las mujeres en or-
ganizaciones femeninas –liberales, socialistas, sufragistas o feministas–,
15
el
estudio sobre las mujeres de izquierda continúa ausente. El trabajo de Rose-
marie Terán nos ha permitido adentrarnos en el estudio de la construcción
de subjetividades de la mujer de izquierda, el ejemplo de Nela Martínez evi-
dencia escenarios de conictos que ella enfrentó con la dirección partidista.
Adicionalmente, Terán profundiza en los aportes que Martínez hizo en el
proceso de construcción del discurso feminista ecuatoriano: “sin abandonar
la matriz marxista, ella transforma uno de los postulados centrales de la mis-
ma al superponer la categoría género a la de clase, como un eje articulador
diferente de la lucha por las consecución de una sociedad más igualitaria”.
16
Por su parte, Silvia Vega aporta al debate una reexión sobre el “infeliz ma-
trimonio entre marxismo y feminismo”. La autora analiza la militancia en
la izquierda, fruto de su experiencia, como un espacio hostil y contradic-
torio. “El divorcio entre la vida cotidiana y la vida política en los partidos
de izquierda”, según la autora, ahondaron los conictos surgidos en torno
a la militancia femenina, las prácticas discriminatorias y jerárquicas dentro
de los partidos, y la subordinación del “problema de la mujer” a la revolu-
ción socialista.
17
Nuestro aporte retoma estos planteamientos y profundiza
en cómo la experiencia militante de las mujeres de izquierda se conguró en
un andarivel que, si bien fue crítico de la jerarquía partidista, incorporó a su
militancia la matriz marxista desde sus experiencias particulares.
Ante este panorama, pretendemos analizar el discurso del PCE publi-
cado en las páginas del órgano ocial de su Comité Central, el semanario
El Pueblo. Para ampliar el horizonte del debate hemos acudido a las revistas
Mañana y Nuestra Palabra, publicaciones de la época que evidencian las nu-
tridas críticas surgidas entre las emergentes apuestas de izquierda. Final-
mente, con la intención de situar la voz femenina, se suma la documentación
recabada en el Archivo Martínez-Mériguet (AM-M), repositorio que aportó
15. Ana María Goetschel, “Estudio introductorio”. En Orígenes del feminismo en el Ecua-
dor. Antología (Quito: CONAMU / FLACSO / UNIFEM, 2006), 13-56; Nela Martínez
Espinosa y Ximena Costales, Yo siempre he sido Nela Martínez: Una autobiografía hablada
(Quito: CONAMU / UNIFEM, 2006).
16. Rosemarie Terán Najas, “Historias de mujeres: El ‘ser colectivo’ de Nela Martínez Es-
pinosa”. En Nela Martínez, Insumisas. Textos sobre las mujeres (Quito: Ministerio Coor-
dinador de Patrimonio, 2012), 9.
17. Silvia Vega Ugalde, “Apuntes para una crítica feminista de la izquierda de los seten-
ta”. En Memorias del seminario internacional…, 145-162.
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con fuentes manuscritas, recortes de prensa, hojas volantes, documentos o-
ciales de las organizaciones y cartas personales.
Este artículo se estructura en tres secciones. La primera aborda la crisis
escisionista de la década de los sesenta y la crítica surgida al “deber ser” del
comunista, la segunda comprende la lectura masculina de la participación
política de las mujeres en las las del PCE. Finalmente, la tercera parte mues-
tra las disputas generadas por la búsqueda de autonomía de aquellas muje-
res que, al fundar URME, exploraron en su diferencia sexual una veta crítica
a la lógica masculina que el partido político proyectó sobre su militancia.
el resquebrajamiento deldeber ser
Comunista en los años sesenta
La historiografía ecuatoriana coincide en que la revolución cubana y el
fraccionamiento de los partidos comunistas chinos y soviéticos fueron los
cismas que minaron la estructura organizacional y política de la izquierda
a nivel latinoamericano.
18
Con ello, también hicieron eco de la crisis que el
Partido Comunista Soviético enfrentó después de la muerte de Stalin debido
a la autocrítica de Nikita Khrushchev sobre el “culto al líder”,
19
postura que
caló hondo en los partidos comunistas latinoamericanos debido a la larga
presencia de dirigentes varones en las direcciones partidistas. Esta afrenta a
la estructura jerárquica de los partidos contribuyó a que sea cuestionada, y,
con ello, sus postulados políticos.
20
El Ecuador no quedó exento de dichas circunstancias. La alineación del
PCE al Partido soviético consistió en mantener una postura de “estudiada
moderación”, o de notoria ambigüedad ante la radicalización de los focos
guerrilleros identicados con Mao Tse-Tung, que apostaron por la vía armada
como mecanismo revolucionario.
21
Las fuentes estudiadas nos permiten iden-
ticar que desde 1967 el PCE emprendió una crítica abierta al Partido Comu-
18. Bonilla, En busca del pueblo perdido…, 36-38; Cueva, “El marxismo latinoamericano…”,
187; Tinajero, “Rupturas, desencantos y esperanzas…”, 791-810; Ibarra, “Los idearios
de la izquierda…”, 11-64.
19. Ibarra, ibíd., 11-64; Ugo Pipitone, La esperanza y el delirio. Una historia de la Izquierda en
América Latina (Bogotá: Penguin Random House Grupo Editorial, 2015), 12, 137.
20. Pipitone, La esperanza y el delirio…, 141. Pipitone señala que Victorio Codovilla y Amé-
rico Ghioldi estuvieron a la cabeza del Partido Comunista Argentino por años; de
igual manera, Rodney Arismendi en Uruguay, Carlos Prestes en Brasil y Corvalán
en Chile. Pedro Saad en Ecuador permaneció a la cabeza del Comité Central del PCE
cerca de 30 años.
21. Eric Hobsbawm, “El tercer mundo y la revolución”. En Historia del siglo XX (Barcelo-
na: Crítica, 2010 [1994]), 435; Bonilla, En busca del pueblo perdido…, 2.
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nista Chino. Hasta ese entonces, la lectura sobre las posturas fraccionalistas
se asoció con el ultraizquierdismo, consideración que fue proyectada sobre el
Partido Comunista Marxista Leninista Ecuatoriano (PCMLE), organización
que desde 1964 se consideró crítica del alineamiento soviético.
22
En el Congreso de 1962 el PCE decidió tomar medidas sobre la arremeti-
da guerrillera, la organización acogió la vía armada como el camino revolu-
cionario para el Ecuador. Pero esta perspectiva radical se vio limitada a los
planteamientos tradicionales de los miembros del Comité Central, con Pedro
Saad a la cabeza. Hay que recordar que Saad mantuvo la tesis soviética de
la formación de una coalición con la burguesía y pequeña burguesía nacio-
nales con la intención de participar en los comicios electorales de 1964, con
el Frente de Liberación Nacional.
23
Posteriormente, Saad apoyó la creación
de la Unión Democrática Popular, organización formada en el contexto de
las elecciones de 1968. Varias veces el PCE criticó el ultraizquierdismo radi-
cal emergente y satanizó sus vinculaciones con el Partido Comunista Chino,
acusándolo de divisionista y de antipartidista.
Las rupturas internas suscitadas por los alineamientos hacia la facción
china tuvieron un alto costo político para los partidos de izquierda. El caso
más evidente fue el que llevó a la formación del PCMLE, fundado por ex-
miembros del Comité Provincial de Pichincha: Jorge Rivadeneyra y Rafael
Echeverría en 1964.
24
Rivadeneyra y Echeverría tuvieron un altercado con
el partido por haber organizado una intentona guerrillera en abril de 1962,
dirigiendo a jóvenes de la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana
(URJE) a los alrededores del río Toachi,
25
acción que ocasionó su expulsión
en 1964 y la negativa del PCE a apoyar la causa armada.
26
Sobre los radica-
22. Bonilla, ibíd., 56; Cueva, “El marxismo latinoamericano…”, 178.
23. Los lineamientos del Partido fueron modicados en el VII Congreso del PCE, lle-
vado a cabo en 1962, en el que se estableció el Frente de Liberación Nacional como la
plataforma de alianza de clases idónea para conseguir la revolución social. “Estatutos del
Partido Comunista del Ecuador”, El Pueblo, 24 de marzo de 1962: 1, 4-7.
24. “Resolución del Comité Central del Partido Comunista del Ecuador. Expulsión
denitiva de Rafael Echeverría y Carlos Rodríguez”, Guayaquil, 28 de marzo de 1964,
AM-M, carpeta Escritos políticos; “Resolución del Comité Central del Partido Comunista
del Ecuador, divulgado por el Comité Provincial de Pichincha del Partido Comunista del
Ecuador”, Guayaquil, 3 de abril de 1964, ibíd.
25. La noticia de la guerrilla del Toachi, en Santo Domingo, tuvo una signicativa
repercusión mediática. Tanto la prensa partidista como la prensa de gran tiraje cubrieron
la noticia. La intentona guerrillera fue disuelta a los pocos días por los paracaidistas de
las Fuerzas Armadas del Ecuador, en abril de 1962. Véase “¡Libertad para las muchachas
guerrilleras!, Quito, 24 de mayo de 1962”, Mañana, n.
o
122, 7 de junio de 1962: 21; “Foro
público sobre las guerrillas del Toachi”, Mañana, n.
o
122, 7 de junio de 1962: 21.
26. “Denunciamos a los falsos revolucionarios”, El Pueblo, 22 de junio de 1963: 7; “Jai-
me Galarza?...”, ibíd., 7; “Vida del Partido”, El Pueblo, 22 de junio de 1963, 8.
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les y aventureros guerrilleros, el partido sostuvo que “se trata pues, de un
grupillo sin arraigo, sin organización, y sin principios, que se cubre con una
fraseología ultraizquierdista para tratar de engañar a los incautos”, que bus-
caba “conseguir sus nes de corrupción con los escisionistas internacionales,
[es decir] los dirigentes del Partido Comunista de China”.
27
El Partido Socialista constató, también, el desprendimiento de una fac-
ción radical de sus las. En marzo de 1963 se fundó el Partido Socialista
Revolucionario del Ecuador (PSRE), dirigido por Manuel Agustín Aguirre.
28
Del mismo modo, a lo largo de toda la década de los sesenta, se crearon nue-
vos movimientos independientes que enarbolaron propuestas más radicales.
El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Vencer o Morir (VM),
URME, entre otros, fueron ejemplos de ello.
29
El PCE radicalizó sus medidas disciplinarias ante la emergencia de los gru-
pos “ultraizquierdistas”, expulsó a varios militantes y fortaleció su normativa
interna –reformó sus estatutos en 1962 y 1968– para evitar cualquier brote no ali-
neado con las decisiones del Comité Central.
30
Pero, ¿cuáles fueron los alegatos
a los que el partido recurrió para expulsar a los “divisionistas”? ¿Acaso recha-
zaban la propuesta armada y por ello los excluyeron del partido? ¿O el cuestio-
namiento del “deber ser” del comunista se convirtió en una afrenta peligrosa?
En nuestro criterio, el problema que enfrentó el PCE en los sesenta se de-
bió a su actitud ambigua ante la incorporación de nuevas propuestas de mi-
litancia. Ejemplo de ello fue el conicto suscitado con los urjistas. La estruc-
tura orgánica del partido contemplaba una fracción de militancia juvenil: la
Juventud Comunista. Esta organización tuvo su propio estatuto y órgano
de publicación; a pesar de que, retóricamente, era una estructura indepen-
diente, respondía a la dinámica jerárquica del partido, es decir, estaba sujeta
a verticalidad de las decisiones del Comité Central. En 1959 el PCE apoyó
27. “Los fraccionalistas, un grupillo de aventureros. Resoluciones del C.C. del Partido
Comunista del Ecuador”, ibíd., 28 de enero de 1967, 4, 7.
28. Manuel Agustín Aguirre, “Introducción”. En Carlos Marx, en homenaje al centenario
de su muerte (Cuenca: Universidad de Cuenca / IDIS, 1983), 57-62.
29. Bonilla, En busca del pueblo perdido…, 56-58. El autor señala que este nuevo esce-
nario permitió expresar espacios políticos de participación distintos. El debate interno
se diversicó bajo tres aristas. En primer lugar, la tendencia comunista, heredera de la
tradición cominteriana; la segunda, una escisión maoísta con una perspectiva comunista
nacional; y, nalmente, una corriente socialista radical.
30. “A todos los organismos y militantes del Partido y de la Juventud Comunista en
la provincia de Pichincha”, Guayaquil, 26 de junio de 1963, AM-M, carpeta Pronuncia-
mientos políticos varios, n.
o
2; “Resolución del Comité Central del Partido Comunista del
Ecuador. Expulsión denitiva de Rafael Echeverría…”; “Resolución del Comité Central
del Partido Comunista del Ecuador, divulgado por el Comité Provincial de Pichincha…”.
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la creación de URJE,
31
organización presidida por Jaime Galarza y Édison
Carrera. Después de la intentona guerrillera de los urjistas, anteriormente
comentada, el desmembramiento de la izquierda marxista ecuatoriana fue
inevitable. Los sectores juveniles y los militantes críticos fugaron de la es-
tructura partidista a nuevas plataformas más horizontales.
Sabemos que el PCE rechazó cualquier asociación con los guerrilleros;
es más, en el VII Congreso del Partido, realizado en Guayaquil del 9 al 13 de
marzo de 1962, reformó su Estatuto y el Programa del partido con la inten-
ción de aclarar su postura ante la lucha armada, y buscó contener la presen-
cia de las minorías e impuso al “centralismo democrático” como inapelable.
32
Uno de los principales cambios realizados en el Programa del partido
fue su postura ante la apuesta armada. Este recurso fue incluido en los esta-
tutos en los años posteriores a la revolución cubana y a la escisión chino-so-
viética. El Programa especicaba que “el Partido Comunista del Ecuador ha
armado siempre y lo sostiene ahora, que la vía de la revolución ecuatoriana
es la NO PACÍFICA, ya que las masas se verán obligadas a recurrir a la vio-
lencia para defender con la acción la causa del proletariado”.
33
No obstante,
precisaron que la vía no pacíca dependería de las condiciones materiales
de la sociedad ecuatoriana.
34
Si bien en los textos ociales de la organización
se planteó la posibilidad de la lucha armada, el hecho de estar alineados
hacia el bloque comunista soviético le llevó a considerar como divisionistas
a los militantes interesados en plantear estos puntos del debate dentro del
pleno del Partido. Especícamente, en el Estatuto de 1962, con la intención
de evitar que se creen minorías en las las comunistas, el PCE dictaminó que
las minorías estaban en la obligación de acoger las decisiones tomadas por
los organismos superiores.
35
Es así que se propuso, en el artículo 12, que “se
evite que una minoría pueda llegar a imponer una discusión inacabable que
impida la realización de las tareas del Partido o que sirva de pretexto para la
formación de grupos o fracciones”.
36
Las medidas adoptadas por la organización sobre el problema divisio-
nista se ahondaron durante toda la década. El semanario ocial del Comité
31. URJE se formó con la participación de las juventudes socialistas, cefepistas y co-
munistas de la provincia del Guayas, en contacto con otras organizaciones juveniles del
país. Véase “Declaración de Principios de Unión Juventudes Revolucionarias Ecuatoria-
nas (URJE)”, El Pueblo, 13 de febrero de 1960: 4.
32. “Estatutos del Partido Comunista…”, 4-7.
33. “La vía de la Revolución Ecuatoriana”, El Pueblo, 6 de julio de 1963: 3. Énfasis en
el original.
34. Ibíd.
35. “Estatutos del Partido Comunista…”, numeral “d”, art. 8.
36. Ibíd., art. 12.
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Central del PCE, El Pueblo, noticó cada mes a sus lectores sobre expulsados
y militantes apartados temporalmente debido a faltas disciplinarias. Final-
mente, el Comité Central estableció que los militantes no podían tener nin-
gún tipo de relación con aquellos considerados “oportunistas corrompidos”,
con la intención de evitar cualquier tipo de “contagio”.
37
Ante el fortalecimiento del centralismo democrático y del internacio-
nalismo proletario como sus normativas organizacionales, el PCE aseguró
la conformación de una estructura jerárquica impositiva que consideró la
disciplina, lealtad y el pago puntual de deudas como la triada del “buen
comunista”.
38
Adicionalmente, todo militante debía perseguir los lineamien-
tos políticos del partido: lucha antioligárquica, antifeudal y antiimperialis-
ta.
39
Todos aquellos que dudaban sobre el alineamiento a los designios “de
la mayoría” fueron puestos en el ostracismo. Ahora bien, en este contexto
social, ideológico y de interpelación por el que atravesó la izquierda marxis-
ta, es preciso preguntarnos ¿cuál fue la lectura que el PCE tuvo de la partici-
pación de las mujeres en sus las?
Ante un horizonte hostil hacia las nuevas ideas “ultraizquierdistas y
fraccionalistas”, el partido se vio notoriamente mermado de miembros acti-
vos. Por ello, desde 1966, el Comité Central decidió desplegar campañas de
reclutamiento y robustecimiento de la organización. Bajo esta consideración,
las mujeres pasaron a jugar un papel fundamental en la lucha revolucionaria
planicada de masas.
“el problema de la mujer
en la perspeCtiva del pCe
En los años anteriores a la revolución cubana, el PCE planteó la posibili-
dad de crear un programa de trabajo con las mujeres de sus las; sin embargo,
la iniciativa de formular un proyecto de trabajo femenino de masas tuvo que
esperar hasta la segunda mitad de la década de 1960 para que fuera incorpo-
rado a su plan de trabajo. La incidencia de la revolución cubana, en términos
de mirar a la mujer como agente activo de la ansiada revolución proletaria, le
brindó al PCE una nueva lectura sobre el “problema de la mujer”. Del mismo
modo, la lucha codo a codo de las guerrilleras vietnamitas con sus compañe-
ros y el reconocimiento “retórico” de la mujer soviética como igual al hombre,
37. “Vida del Partido”.
38. “Estatutos del Partido Comunista…”, art. 1; “La calidad del militante”, El Pueblo,
4 de enero de 1969: 4.
39. “Estatutos del Partido Comunista…”, Capítulo primero.
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se convirtieron en ejemplos obligatorios para todos los militantes activos.
40
Hasta el nal de la década de los cincuenta, se asoció a las mujeres co-
munistas con el trabajo por la paz, propio del debate de la posguerra; con la
defensa de la infancia; y con la responsabilidad revolucionaria de redimir a
otras mujeres con la abolición del capitalismo. Estos tres ejes se plasmaron
en actividades especícas en las que fueron enroladas las comunistas. Pro-
yectos que fueron consecuentes con la lectura dominante de la organización
y sujetos a la retórica revolucionaria.
Además del saludo anual a todas las mujeres ecuatorianas por el día in-
ternacional de la mujer, las únicas referencias que el semanario El Pueblo re-
produjo entre 1950 y 1970 fueron noticias sobre los congresos internacionales
de mujeres. En 1954, por ejemplo, expusieron varios artículos que abordaron
la problemática femenina abordada durante el Congreso Internacional de
Mujeres realizado en Copenhague. Si bien reexionaron sobre la igualdad y
los derechos laborales de la mujer, raticaron que esta pertenecía al hogar y
debía luchar por el bienestar familiar ante un ambiente mundial amenazado
por la guerra.
41
Asimismo, en el contexto de la reunión de la Conferencia In-
ternacional de la Infancia desarrollada en Viena, el PCE recomendó a sus mi-
litantes “la defensa de la infancia” y la creación de comités nacionales con la
intención de demandar del Estado mayor previsión en temas de maternidad
y cuidado.
42
Las mismas referencias se reprodujeron en los años posteriores.
Sin duda, el hecho de que Pedro Saad, secretario general del PCE, haya apro-
bado las actividades de la Federación Democrática Internacional de Mujeres
(FDIM), organismo cercano a la izquierda soviética, dio luz verde para que
se publiquen en El Pueblo artículos sobre sus congresos y líneas de trabajo.
Principalmente, las noticias referentes al FDIM se centraron en la necesidad
de la unidad de las mujeres, su rol en la familia, en el trabajo, en la sociedad,
en la lucha por la independencia nacional, la defensa de la democracia, la
solidaridad con el pueblo vietnamita y la lucha por la paz.
43
40. Las referencias que el PCE acogió como modelo ideal se basaron en la mujer cubana
revolucionaria, considerada como el “ejemplo de mujer latinoamericana”; la vietnamita,
quien “lucha junto a sus hijos, maridos, hermanos, novios por la libertad de su Patria”; y
las hazañas de Valentina Tereshkova, cosmonauta. Asimismo, exhortaban a que las mujeres
del partido lean la revista Mujer Soviética, distribuida por el Comité Central. “Saludamos en
el día internacional de la mujer”, El Pueblo, 4 de marzo de 1967: 5.
41. “Las tareas de las mujeres en el momento actual”, El Pueblo, 16 de enero de 1954: 4.
42. “Las mujeres deben defender la infancia y la lucha por la paz”, El Pueblo, 23 de
enero de 1954: 4.
43. “Llamamiento a las mujeres del mundo entero”, El Pueblo, 3 de febrero de 1968: 3,
AM-M, carpeta Periódicos 40/50/60. También se informó sobre la reunión del Consejo del
FDIM en Checoslovaquia del 14 al 17 de octubre de 1967, y sobre la convocatoria al nuevo
Congreso que se llevaría a cabo del 1 al 5 de diciembre de 1968, en Finlandia.
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Durante el resto de la década de los cincuenta, las referencias a las mujeres
fueron mínimas. El tratamiento de la problemática femenina fue tangencial a
los intereses del partido. Es así que la lectura sobre la participación femenina
en sus las se centró en mirar al debate internacional como un modelo, pero,
a su vez, sirvió también para legitimar estereotipos tradicionales sobre la -
gura femenina en el hogar, abocada a la familia; en especial al cuidado de la
infancia, raticando así el modelo de mujer maternizada.
44
La década de los sesenta planteó al PCE dos problemáticas con las que
tuvo que lidiar. Por un lado, la crisis fraccionalista y, por otro, el reconoci-
miento de las mujeres como agentes activas en la causa revolucionaria, mar-
cado por la experiencia cubana. Es así que el Congreso de 1962 incorporó en
el orden del día el debate del “Congreso Americano de Mujeres, a reunirse
en La Habana el 26 de julio de 1962” y la postura que iba a tener su repre-
sentante: Alba Calderón.
45
Años después, en 1967, el PCE expuso un plan de
trabajo denominado “Tareas en el movimiento de mujeres”,
46
que se presen-
en el contexto de la campaña de robustecimiento de la las del Partido.
Finalmente, recién en el “Programa del Partido Comunista del Ecuador” de
1968, se incluyó como eje central la solución a las “múltiples discrimina-
ciones que pesan sobre las mujeres ecuatorianas”.
47
Entonces, ¿cuál fue la
estrategia desplegada por el PCE ante la participación de las mujeres en un
contexto políticamente cambiante?
Nos parece pertinente partir del hecho de que el PCE buscó establecer
espacios de participación para las mujeres, siempre y cuando estuviesen tu-
telados por el Comité Central. El fraccionamiento fue un temor que debió
sortear el Partido. Es así que, a pesar de haber contado con reexiones pre-
sentadas por algunas mujeres comunistas en la década de los cincuenta,
48
es-
44. Natalia Casola, “Con ‘m’ de ‘mamá’: Las militantes comunistas y la Unión de Mu-
jeres Argentinas durante la segunda mitad del siglo XX”, Amnis, n.
o
13 (2014): 1-9.
45. “Informe de actividades”, El Pueblo, 17 de abril de 1962: 5-12.
46. “Tareas en el movimiento de mujeres”, El Pueblo, 18 de febrero de 1967: 5, 7. Este
texto tuvo varias versiones y se nutrió de proyectos planteados por mujeres comunistas
los años anteriores.
47. Programa del Partido Comunista del Ecuador (Guayaquil: s. r., 1968), 7-8, 38.
48. Conocemos tres textos que fueron presentados al pleno del Comité Central entre
1954 y 1955. Los dos primeros fueron expuestos por la Comisión Nacional de Mujeres
del PCE para la formación de la Organización de las Mujeres Democráticas y, al siguiente
año, el “Proyecto de plan de organización de la Federación Democrática de Mujeres Ecua-
torianas”. Asumimos que la autoría fue de Luisa Gómez de la Torre, con la colaboración
de Nela Martínez. Asimismo, Pedro Saad y Rafael Echeverría presentaron un “Plan de
organización para el trabajo entre las mujeres”, que asumimos fue posterior a los dos an-
teriores. Véase, “Plan de trabajo que la Comisión Nacional de Mujeres presenta al Comité
Central del Partido para la Organización de las Mujeres Democráticas”, s. f., AM-M, car-
peta Mujeres; “Proyecto de plan de organización de la Federación Democrática de Mujeres
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tos esfuerzos fueron considerados recién una década después. Esto no quiere
decir que la militancia femenina en las las partidistas no fuese posible hasta
ese entonces; la diferencia que percibimos es que la representación de la mu-
jer que produjo la experiencia cubana permitió transgredir internamente la
percepción que se tenía del sujeto-agente femenino.
La iniciativa del trabajo femenino no fue un fenómeno único y posterior
a la revolución cubana. Anteriormente, las comunistas propusieron la crea-
ción de una organización de mujeres que estuviese vigilada por la dirigen-
cia. Ejemplo de ello fue la propuesta que Luisa Gómez de la Torre presentó
sobre la creación de la Federación Democrática de Mujeres Ecuatorianas,
49
proyecto que fue apadrinado por Pedro Saad y Rafael Echeverría en los años
posteriores. El texto presentado por el Comité Central señalaba que: “Para
realizar el trabajo organizativo de masas, las camaradas deberán recordar
que nuestra unidad se hace con dos tipos de mujeres: un sector politizado, o
de fácil politización, entre las que se cuentan socialistas, liberales y mujeres
con alguna experiencia en trabajos políticos anteriores, y otro, el gran sector
de mujeres que tenemos que ganar para las luchas”.
50
Sobre el tipo de aproximación a estos grupos “de fácil politización”, el
partido destacó que se debía evitar crear suspicacias que decanten en cam-
pañas de difamación del partido. La amenaza fraccionalista obligó a que el
PCE evite, a toda costa, “brotes de sectarismos entre las comunistas, tratando
de ganar hegemonía política mecánica [d]el movimiento y no como resulta-
do de su acción”.
51
De este modo, la organización iba a ser vigilada desde
la dirección del Comité Central. Finalmente, sobre el trabajo para lograr la
unidad del internacionalismo proletario, la propuesta señalaba que la orga-
nización debía seguir los planteamientos de la FDIM; mientras que dentro
de la estructura interna se debía crear la Federación Democrática Nacional
de Mujeres.
El texto de Saad y Echeverría brinda dos lecturas sobre la participación
femenina. Primeramente, postularon que el trabajo con las mujeres no debía
fomentar sectarismos. En segundo lugar, se estableció que la dirección del
Ecuatorianas”, Quito, 15 de agosto de 1955, AM-M, Fondo Luisa Gómez de la Torre; Pedro
Saad y Rafael Echeverría, “Plan de organización para el trabajo entre las mujeres”, s. f.,
AM-M, carpeta Leyes, estatutos, reglamentos.
49. El proyecto de Luisa Gómez de la Torre se centró en la organización de la Fede-
ración de Democrática de Mujeres en Pichincha; una vez establecida esta plataforma, se
buscaría irradiar su inuencia en otras provincias. También es llamativo el mapeo que
hacen de las organizaciones que la Federación debía acoger. Véase, “Proyecto de plan de
organización de la Federación…”.
50. Saad y Echeverría, “Plan de organización…”.
51. Ibíd.
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partido iba a ser el organismo de vigilancia de la nueva plataforma femeni-
na; es decir, el Comité Central sería el encargado de tutelar las actividades
realizadas, sus postulados y lineamientos; similar a la propuesta de adhe-
sión a los principios de la FDIM. Conocemos que a la cabeza de la Unión
Democrática de Mujeres Ecuatorianas, nombre que adoptó el proyecto del
frente de mujeres que fue apoyado por el PCE, se encontró la escritora so-
cialista Raquel Verdesoto de Romo.
52
Del mismo modo, Luisa Gómez de la
Torre fue, paralelamente, representante de la Unión, de URME y del PCE.
53
En el contexto de la realización de la Segunda Conferencia Sindical Inter-
nacional de 1963, el semanario El Pueblo publicó reexiones sobre la relación
de la “doble explotación” femenina, “como mujer y como trabajadora”. El
análisis de la situación de las mujeres se centró en la desigualdad salarial, la
falta de atención del Estado hacia la maternidad y el cuidado de la infancia,
54
enfatizando en la diferencia sexual como elemento de discriminación. Sobre
la causa femenina como parte de la lucha de clases, señalaron:
La clase obrera incluye en su programa la reivindicación de los derechos de la
mujer. La discriminación de las mujeres es una característica de los regímenes
sociales divididos en clases. Las clases dominantes menosprecian a la mujer. La
ofenden cuando la colocan en el sitial de, como dijo un escritor, “mamífero de
lujo”. Siendo, como es, la discriminación contra la mujer una condición de clase, la lucha
por reivindicar a la mujer, por defender sus derechos de mujer, por acabar con la odiosa
discriminación contra ella, es lucha de clases, es parte de la lucha de clases, de la lucha
que encabeza el proletariado.
55
La nota reconoce la particularidad de la discriminación hacia las mu-
jeres fomentada por las condiciones de clase. También establece que es un
“mamífero de lujo”, o un “adorno para el hogar” de los burgueses, mientras
que identica a la revolución “encabezada por el proletariado” como el me-
dio revolucionario para la mujer.
56
Si bien se percibe una mayor reexión
sobre la discriminación, al ser apadrinada por los postulados clasistas, las
demandas femeninas pasaron a ser un tema de superación de las divisiones
52. “Unión Democrática de Mujeres Ecuatorianas”, El Pueblo, 26 de noviembre de
1960: 8.
53. Tinajero, “Rupturas, desencantos y esperanzas…”, 791-810; “Solidaridad con
Cuba de URME, mensajes del Comité de Unidad por la Paz y la Soberanía a Río”, Nuestra
Palabra, n.
o
3 (abril 1963): 19.
54. “Hacia la II Conferencia Internacional de la Mujer Trabajadora”, El Pueblo, 5 de
enero de 1963: 3.
55. “La mujer trabajadora en la lucha de clases”, El Pueblo, 1 de mayo de 1966: 4. Én-
fasis añadido.
56. “La mujer en la sociedad capitalista”, El Pueblo, 2 de diciembre de 1967: 9.
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de clase; es decir, para el PCE la única vía de reivindicación de las mujeres
debía ser la del proletariado.
57
En el contexto de la campaña de robustecimiento del PCE, en 1967, el Co-
mité Central publicó varios artículos sobre la “problemática femenina” con
la intención de establecer un plan de trabajo para las mujeres. De este modo,
se buscó incorporar a sus las a jóvenes, a trabajadores de fábricas quienes
eran “más de la mitad de la población”. El Comité se rerió en los siguientes
términos al proyecto:
es tarea de los comunistas organizar a las obreras, campesinas, empleadas, amas
de casa, estudiantes, habitantes de barrios de las urbes y a quienes viven en las
poblaciones pequeñas, intelectuales, profesionales a través de las luchas por sus
reivindicaciones concretas; y mediante esas movilizaciones especícas, desarro-
llándolas, ampliándolas, elevarlas al nivel de las luchas generales de las masas
populares.
58
A pesar de que el proyecto político de masas femenino tenía una clara im-
pronta clasista, el PCE señaló que existían planteamientos extraños a los que
perseguía el proletariado; por ello, se propuso una hoja de ruta sobre qué ac-
tividades se debían desarrollar, con qué nes y quiénes serían los encargados
de liderarlas. Asumimos que la precaución que tomó el partido se debió a la
emergencia de planteamientos feministas en sus las. Denunciaron, que “sub-
sisten prejuicios en la medida en que las ideologías extrañas al proletariado
subsisten en nuestra militancia, de allí que su enfrentamiento correcto plantee
también la permanente lucha doctrinaria e ideológica en el seno del PCE”.
59
Este enfrentamiento ideológico fue posteriormente expuesto por Pedro Saad
ante el Activo de Mujeres Comunistas reunido en Guayaquil el 2 de julio de
1972.
60
El texto titulado “El trabajo del Partido entre las mujeres” pone en claro
la advertencia que el PCE hizo a las comunistas sobre la amenaza reformista
del feminismo burgués. El “problema de las mujeres”, denominación formu-
lada por el secretario general, buscaba ser resuelto por la lectura masculina
que hizo el PCE. Saad señaló: “Debemos tener presente que el movimiento de
mujeres que nosotros impulsemos no puede ser un movimiento de contenido
burgués feminista, sino que debe tener un contenido revolucionario que con-
57. Vega, “Apuntes para una crítica feminista…”, 149, 156.
58. “Sobre el trabajo entre las mujeres”, El Pueblo, 11 de febrero de 1967: 3, 5.
59. “El trabajo del Partido entre las mujeres. Informe presentado al Activo de Mujeres
Comunistas reunido en Guayaquil el día 2 de julio de 1972, a nombre del Ejecutivo del
Comité Central del Partido Comunista del Ecuador”, s. r.
60. Ibíd.
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duzca a las mujeres, en especial a la mujer obrera, campesina y de las masas
populares a la acción revolucionaria junto al hombre”.
61
El PCE en 1972 destacó que el trabajo del Partido iba a incorporar a las
amas de casa, campesinas, obreras y maestras. Aducimos que el intento pro-
puesto durante la década de los sesenta no fue fructífero; por ello plantearon
la creación de un nuevo frente de mujeres que rechace la “proliferación de
tendencias feministas en el Partido y de las ideas de superioridad de la mu-
jer” en los años posteriores.
62
El informe de Saad también recalcó el trabajo internacional de la organiza-
ción. Hay que tener presente que, para el PCE, en las décadas de los cincuenta
y sesenta, fue su referente sobre el movimiento femenino. En 1972 se advirtió
que la Federación había asumido una “tendencia un poco reformista”;
63
debi-
do a ello, los grupos de mujeres ecuatorianas, tutelados por el Partido, debían
recticar dicha desviación burguesa y feminista. La postura que el PCE tomó
en torno al trabajo con las mujeres no consideró al feminismo como una ame-
naza con características propias que hayan sido problematizadas. La única re-
ferencia que se hizo (al menos en el arco temporal de nuestro estudio) aludió
a su carácter burgués, con una connotación claramente despectiva vinculada
al feminismo liberal prosufragista y emancipatorio que se radicalizó a nivel
mundial en el período entreguerras.
Días después de las reexiones publicadas en 1967, el semanario El Pue-
blo editó un plan de trabajo en el que especicó los pasos para la organización
femenina.
64
En primer lugar, las actividades organizativas tenían como pro-
pósito impulsar el trabajo entre las mujeres obreras, campesinas, estudiantes,
maestras, empleadas scales, municipales, bancarias, comerciales, empleadas
domésticas, mujeres de barrio, profesionales e intelectuales. De este modo, el
partido pudo cooptar a las organizaciones existentes en varios frentes, y, sobre
todo, promover la creación de comités de la Unión Democrática de Mujeres
como liales adheridas a la coalición de izquierda que se había presentado a la
contienda electoral de 1968. Es así que pretendieron potenciar las organizacio-
nes femeninas en la Unión Nacional de Educadores (UNE), en la Confederación
de Trabajadores del Ecuador (CTE), agrupar a las campesinas en las comisiones
de asuntos femeninos de la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI), en la Fede-
ración de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE); y reactivar la Asocia-
ción Femenina Universitaria (AFU), fundada bajo la tutela del PCE en 1952.
65
61. Ibíd., 13.
62. Ibíd., 49.
63. Ibíd., 50.
64. “Tareas en el movimiento…”, 5, 7.
65. Estatutos de Asociación Femenina Universitaria del Ecuador, lial de Quito (Quito: Im-
prenta de la Universidad, 1952).
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El proyecto incidió en la reestructuración institucional, para ello el PCE
buscó debatir sobre los “problemas que afectan a las mujeres” con la inten-
ción de advertir a los militantes sobre cuáles debían ser las tareas en el frente
de mujeres, siempre y cuando tengan como objetivo primordial el fortaleci-
miento de la Unión Democrática de Mujeres. También se estableció que la
comisión nacional funcionaría bajo la dirección del Comité Central. En este
sentido, con la intención de evitar cualquier tipo de síntoma fraccionalista,
se debían “organizar células femeninas siempre y cuando las condiciones
objetivas lo determinen, ligadas a sectores de masas y de acuerdo a las nece-
sidades del PCE”. Sobre los nuevos espacios de organización, se propuso la
creación de comisiones de trabajo mixtas (hombres y mujeres) que busquen
trabajar en las tareas establecidas en los organismos provinciales y zonales.
Igualmente, cada célula debía fomentar “la incorporación de mujeres, hijas,
hermanas, de los militantes a la vida del Partido y de la Juventud”.
66
Es así
que se estableció el trabajo conjunto entre la Juventud Comunista y el frente
femenino, siempre vigilados desde el Comité Central.
Finalmente, el partido presentó trece puntos que delinearon el proyecto
de trabajo con las mujeres. Se plantearon medidas para la consecución de
derechos laborales en términos de igualdad con los hombres (salario, en-
señanza, rebaja del impuesto a la renta e igualdad ante la ley), aliación al
Seguro Social y entrega de tierras a campesinas. Tampoco perdieron de vis-
ta los postulados vinculados a la maternidad y el cuidado de la infancia,
67
planteamientos que fueron elaborados desde la necesidad de potencializar
la inclusión de la mujer como fuerza productiva y garantizar su maternidad.
Ante este horizonte político salpicado de fraccionalismos, afrentas inter-
nas y cuestionamientos hacia la organización partidista, se entiende de me-
jor manera el encontrón entre las mujeres comunistas de URME y miembros
de AFU, la sanción del PCE a sus militantes y la raticación de la expulsión
de Nela Martínez y de los otros dos “fraccionalistas”.
68
Ahora bien, nos he-
mos adentrado en la visión “ocial” del PCE sobre la participación femenina
en sus las, la crisis escisionista y los temores que esta coyuntura generó en
la organización. La contraparte de este intento de control fue asumida por
un grupo de mujeres que cuestionó estas disposiciones y fundamentó, desde
su situación de discriminación por su diferencia sexual, apuestas autónomas
en plataformas democráticas de izquierda. La siguiente sección presenta las
66. “El trabajo del Partido…”.
67. “Tareas en el movimiento…”, 5, 7.
68. José María Roura fue apartado del partido debido a su vinculación con el movi-
miento comunista chino. Jaime Galarza se consideró un izquierdista independiente. Véase
“La revista Mañana y sus desvergonzados editores”, Mañana, n.
o
225, 11 de enero de 1968: 23.
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disputas generadas en torno a los planteamientos del PCE y la Unión Revo-
lucionaria de Mujeres del Ecuador.
ConfliCtividad ante la autonomía
El altercado con AFU y con las mujeres “comunistas” del PCE no quedó
ahí. URME denunció que, en un posterior acto en Guayaquil en el que se
pretendía debatir sobre la situación de la mujer en el Ecuador y sobre su
trabajo en relación a la lucha por la paz,
69
“un grupo de mujeres autotitula-
das comunistas se ha reunido [...] para realizar un llamado ‘activo’ que en
realidad ha sido activismo, tanto que la gran consigna dada es la de SABO-
TEAR, NO LEER, NI COMPRAR, NI DISTRIBUIR ‘NUESTRA PALABRA”,
70
órgano de difusión de la organización. El altercado avivó el enfrentamiento
entre URME y el PCE, ya que las militantes acusaron al partido de haber pa-
trocinado el sabotaje del acto. Asimismo, URME se sirvió de la disputa para
recalcar que su trabajo revolucionario sí era consecuente con las tesis antiim-
perialistas de la izquierda internacional, mientras que el PCE no se mantenía
a la vanguardia social y, por el contrario, hacía “coro al imperialismo”.
71
Es
más, en días anteriores URME raticó que “aún en los organismos donde se
plantea como tesis fundamental la liberación social y nacional, es corrien-
te la discriminación a la mujer”.
72
Ante estos evidentes enfrentamientos, la
militancia femenina se vio en abierta contienda con el partido no solo por
la oposición a las medidas coercitivas desplegadas, sino por su crítica a la
estructura patriarcal, jerárquica y discriminatoria.
La pugna coyuntural se transguró en contienda política e ideológica para
URME y el PCE. La crítica a la cual Martínez se vio expuesta se radicalizó
debido a su postura contraria a la gura del secretario general y al principio
jerárquico del partido. La “renegada Nela Martínez”, un epíteto que se le atri-
buyó en las páginas de El Pueblo, se prolongó a lo largo de toda la década de
los sesenta por las continuas desavenencias generadas entre ella y Saad.
73
Pero
los cuestionamientos al PCE no cesaron allí. A pesar de haber sido expulsada y
cuestionada, Martínez sostuvo, en cartas privadas intercambiadas con su hijo,
69. Egas, “La lucha de la mujer…”, 22.
70. Ibíd. Énfasis del original.
71. “Adiestramiento de mujeres”, Nuestra Palabra, n.
o
4 (junio 1963): 39. Énfasis en el
original.
72. “Estatuto”, Quito, 1 de abril de 1966, AM-M, carpeta URME.
73. “El Partido Comunista del Ecuador y nuestro Secretario General siempre mantu-
vieron en alto las banderas revolucionarias antiimperialistas”, El Pueblo, Guayaquil, 13 de
enero de 1968: 2; “El parto de los Montes”, El Pueblo, Guayaquil, 20 de enero de 1968: 2.
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que Pedro Saad era un “gran caimán tropical que duerme sobre el caudaloso
Guayas”, quien debido a la dedicatoria que el Boletín Internacional de la Paz
publicó sobre URME y Nuestra Palabra”,
74
fomentó las medidas disciplinarias
a sus militantes después del acto del 8 de marzo de 1963.
Otra lectura que nos suscita la correspondencia intercambiada entre
Nela y Leonardo Paredes Martínez es la disputa que surgió en el seno del
PCE debido al reconocimiento de URME como una organización aliada a
la FDIM. La reexión sobre el “chantaje internacional” desplegado por el
Partido contra las plataformas autónomas de mujeres devela otro punto de
enfrentamiento. Con el afán de que no se reconozcan a otras organizaciones,
y de proyectar una imagen unitaria frente a las plataformas internacionales,
el PCE asumió la batuta de las organizaciones ecuatorianas de mujeres como
propias. Sobre el malestar generado debido a la captación de la representa-
ción de las organizaciones femeninas, Martínez menciona que:
El chantaje internacional se ha convertido en norma permanente. Lo que se
quiere es impedir que nuestras organizaciones sean consideradas afuera, ya que
adentro no lo pueden obtener por más calumnias que lancen. Pero afuera es dis-
tinto, ellos manejan las relaciones internacionales. Así, en vísperas del Congreso
de Moscú, se lanza la ofensiva para permitir que el turismo continúe y que no se
esclarezcan las posiciones.
75
La animadversión producida en el PCE debido a la autonomía de las
organizaciones femeninas y su reconocimiento internacional creó temores
internos que produjeron advertencias y separaciones de miembros ante el
más mínimo indicio. En otras palabras, la organización femenina fue vista
como una amenaza a la estructura interna, que, de cierto modo, fue incó-
moda para un partido jerárquico y masculino que valoraba la lealtad y la
disciplina como rasgos dignos del “deber ser” comunista; es así que las retó-
ricas cuestionadoras de ese tipo de dinámica: los debates sobre la igualdad
que interpelaron al patriarcado, al tutelaje masculino, y el fomento de una
agencia política en pos de reivindicar demandas para el movimiento de mu-
jeres, no encajaban ni en los requerimientos ni en los valores de disciplina
y obediencia que el PCE abanderaba. Por ello, ante la emergencia de una
militancia disidente el partido estableció, en 1967, el control absoluto sobre el
plan de trabajo con las mujeres, con la intención de evitar la propagación de
“ideologías extrañas al proletariado”, consideradas fraccionalistas.
74. Carta enviada por Nela Martínez a Leonardo Paredes...
75. Ibíd.
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La expresión del malestar ante los proyectos del PCE y la latente conic-
tividad con URME conllevó que algunas mujeres se plantearan la posibili-
dad de la autonomía como una alternativa para solventar problemas referen-
tes a su diferencia sexual y los roles “estereotipados” que el partido proyectó
sobre la militancia femenina. Ante ello, se perló un frente amplio de trabajo
con comunistas, socialistas revolucionarias, y mujeres sin vinculación parti-
distas que “estén convencidas de que tienen que dar su aporte para acelerar
el proceso revolucionario y hacer la revolución”.
76
La Unión Revolucionaria de Mujeres del Ecuador (URME) fue un frente
de mujeres de izquierda que militó entre 1962 y 1966. Propugnaron por el
trabajo colaborativo con otras organizaciones femeninas, como el Comité de
Unidad por la Paz y la Soberanía, y la Unión Democrática de Mujeres del
Ecuador. La organización se consideró a sí misma como “nueva, colectiva, sin
jerarquías”, sin una presidenta formal, constituida en comisiones en las cuales
toda mujer podría encontrar un lugar de militancia sin ser discriminada por
pertenecer a otros espacios políticos.
77
Asimismo, sus miembros aclararon que
URME no era “una organización de pupilas o esposas de políticos”, sino com-
puesta por mujeres que “lo hacemos voluntaria y conscientemente, asocián-
donos para unir nuestras fuerzas frente a una sociedad injusta”, raticando,
de ese modo, la necesidad de organización femenina y de lucha autónoma.
78
Los lineamientos políticos de la organización se centraron en “la liberación
efectiva de la mujer ecuatoriana que le permita ejercer sus derechos como ciu-
dadanas, sin restricciones ni limitaciones; la independencia real del Ecuador,
en ejercicio pleno de su soberanía; la soberanía popular como expresión polí-
tica, social y económica de un pueblo cuyos derechos han sido escamoteados
o traicionados sistemáticamente”.
79
Estos planteamientos respondieron a una
agenda pensada e imbricada en sus experiencias organizativas previas. No
hay que perder de vista que, además de haber sido mujeres de partido, mu-
chas de ellas militaban en plataformas femeninas desde los años treinta.
80
Ahora bien, el énfasis en la autonomía y la apuesta organizativa sin jerar-
quías nos permite armar que estas propuestas otorgaron a las mujeres már-
genes de acción independientes de las consignas partidistas; no obstante, eso
76. Ibíd.
77. Diana Arcentales [Nela Martínez], “Presencia y acción de las organizaciones de
mujeres”, Nuestra Palabra, n.
o
1 (enero 1963): 12, 32.
78. “Estatuto”.
79. Ibíd.
80. Vega, “Apuntes para una crítica feminista…”, 149, 156; Terán Najas, “Historias
de mujeres…”; Tatiana Salazar Cortez, “La experiencia de la Unión Revolucionaria de
Mujeres del Ecuador (URME), 1962-1966” (tesis de maestría, Universidad Andina Simón
Bolívar, Sede Ecuador, 2017), 18-35.
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no quiere decir que se alejaron totalmente de su matriz ideológica marxista,
como lo sugiere Terán.
81
Es más, URME se conguró como un espacio que le
disputó, a la voz masculina del partido, acceso y legitimación en el escenario
público y político. No pocos fueron los mecanismos a los que acudieron para
transgredir el dominio masculino y jerárquico de la militancia política de iz-
quierda; como bien lo señalamos, la crítica a la jerarquía se conjugó con la dis-
puta de espacios de reconocimiento, como vimos con la FDIM, por ejemplo.
También la revista Nuestra Palabra se conguró como un espacio clave para
problematizar, desde la experiencia de su diferencia sexual, temáticas que el
partido no consideraba –la vinculación al movimiento femenino internacional,
la exaltación de la igualdad a través de gura de las guerrilleras cubanas, el
analfabetismo infantil, la incorporación laboral de las mujeres profesionales, la
igualdad de salarios, etc.– Además de constituirse como una revista de muje-
res que buscaba no solo ser leída por ellas, debatieron sobre la reforma agraria,
la posibilidad de un golpe de Estado al presidente Carlos Julio Arosemena,
la revolución cubana, Fidel Castro, la guerra de Vietnam, antiimperialismo,
antiyanquismo, anticapitalismo; planteamientos políticos e ideológicos que se
conguraron como los debates contemporáneos de la izquierda sesentera.
82
No obstante, este marco discursivo estuvo marcado por el sesgo crítico pro-
veniente de la voz ocial del varón de izquierda. URME rechazó de plano al
feminismo, considerándolo como reformista, burgués y ajeno al proletariado,
acepción establecida por sus pares comunistas.
83
Este distanciamiento con el
movimiento feminista internacional le permitió legitimar a la organización en
el espacio político en disputa: el escenario político de la izquierda partidista
ecuatoriana.
Sin embargo, la apuesta autónoma trajo consigo posicionamientos di-
sidentes. El hecho de que se consideren sujetos-agentes capaces de incidir
en los procesos históricos les llevó a congurarse como un “instrumento de
liberación” de las mujeres. Los planteamientos de URME enfatizaron en la
necesidad de ser una organización capaz de solventar las contradicciones que
estas miraban ante el sometimiento de las problemáticas femeninas a la lógica
imperante de la dominación masculina del PCE;
84
es decir, ante “las jerarquías
inútiles que revelan la existencia de una burocracia estéril”, mencionaron:
81. Terán Najas, “Historias de mujeres…”, 9.
82. URME publicó cuatro números de la revista Nuestra Palabra entre enero y junio de
1963. Un quinto número fue detenido en la imprenta debido al advenimiento del golpe
dictatorial de julio de 1963.
83. Arcentales, “Presencia y acción…”, 12, 32.
84. Pierre Bourdieu, La dominación masculina (Barcelona: Anagrama, 1998), 105-107;
Pierre Bourdieu y Loïc J.D. Wacquant, “La violencia simbólica”, en Respuestas por una
antropología reexiva (Ciudad de México: Grijalbo, 1995), 122. Bourdieu señala que “para
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Nosotras las mujeres, hemos sido, somos ahora mismo, objeto de discrimina-
ción. Parece increíble, pero hay “líderes” llamados revolucionarios que aceptan
la participación de las mujeres en acciones colectivas, en una huelga, en una pro-
testa, pero siempre a condición de que sirva, de que cumpla las órdenes, de que
obedezca. Revolucionarios en la periferia, conservadores en la médula, le niega
a la mujer PENSAMIENTO Y CAPACIDAD, para discernir, para tener opinión.
Contra este espíritu cavernario hemos reaccionado.
85
La experiencia generada por la diferencia sexual que fue articulada por
las mujeres de izquierda en espacios de militancia partidista y organizativa,
estuvo atravesada por las lecturas dominantes provenientes de la normativi-
dad masculina.
86
Por ello, el PCE proyectó estereotipos tradicionales sobre el
componente femenino en sus las. Adicionalmente, si bien algunas militan-
tes fueron críticas a estos lineamientos, otras no. El compromiso revolucio-
nario llevó a que mujeres comunistas se comprometan, independientemente
de su diferencia sexual, con la lucha revolucionaria llevada a cabo por el
proletariado en contra del capitalismo. Este factor llevó a que mujeres como
Alba Calderón representen la voz ocial del partido por varias ocasiones en
encuentros internacionales: el Congreso Mundial de Mujeres llevado a cabo
en Copenhague en 1953 o el Congreso de Mujeres organizado por la FDIM
en 1963.
87
Los postulados de Calderón, si bien reejan el reconocimiento de
la necesidad de la organización femenina abanderada por el partido y el
compromiso de cumplir con el “modelo de mujer latinoamericana” de la re-
volucionaria Cuba; la problemática de la discriminación hacia la mujer, y las
causas femeninas vinculadas con la maternidad y el cuidado de la infancia
también fueron su foco de preocupación.
88
Es decir, para el PCE y sus mili-
tantes, la lectura sobre “lo femenino” rearmó el estereotipo de mujer mater-
nizada, asociada al cuidado del hogar y subordinada al proyecto partidista.
89
ilustrar la lógica de la dominación masculina que al parecer constituye la forma más pa-
radigmática de la violencia simbólica [donde la dominación sexual] es una institución
inscrita por milenios en la objetividad de las estructuras sociales y en la subjetividad de las
estructuras mentales”, naturaliza la dominación masculina en el orden establecido como
la reproducción de un orden social androcéntrico que emplea a instituciones como la fa-
milia, la Iglesia, el Estado, y la escuela para ejercer violencia simbólica sobre los agentes
dominados. El partido político también es una estructura que naturaliza dicha exclusión
de las actividades de dirigencia y decisión.
85. Arcentales, “Presencia y acción…”, 12, 32. Énfasis del original.
86. Casola, “Con ‘m’ de ‘mamá’…”, 1-9.
87. “Las tareas de las mujeres…”, 4; “Entrevista a Alba Calderón”, El Pueblo, 3 de
septiembre de 1960: 5.
88. “Sobre Cuba, ejemplo de América. Nos habla Alba Calderón”, El Pueblo, 16 de
septiembre de 1961: 6; “Saludamos en el día…”, 5.
89. Casola, “Con ‘m’ de ‘mamá’…”, 9.
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El sometimiento a los lineamientos partidistas ocasionó que, en la adver-
tencia de Silvia Vega, las demandas de la vida cotidiana se contrapongan a la
política. Si bien las reexiones de las militantes de la década de los sesenta no
evidencian las disputas entre la división sexual de las actividades y la con-
ictividad sobre la maternidad o las dinámicas sexuales internas, las militan-
tes de los años posteriores se hicieron eco de ese malestar.
90
El ejemplo de la
militancia de los años setenta permite proyectar sobre los años anteriores las
mismas limitaciones y conictos. Tal como lo señala Tamara Vidaurrázaga,
para el caso argentino, por ejemplo, el partido político tendió a ser un espa-
cio masculino y masculinizante en el cual las demandas de igualdad de las
mujeres tuvieron que acoplarse a la moral y valores masculinos.
91
En casos
particulares su cuestionamiento hacia la diferencia sexual encontró grandes
diques que fueron sorteados con la desaliación y las apuestas autónomas,
acciones que fueron replicadas por militantes comunistas en otros países.
92
Finalmente, en este amplio recorrido se inscribió la experiencia militante
de las mujeres de izquierda como un fenómeno personal imbricado en un
entramado político, cultural y social dominado por la gura masculina;
93
es
decir, la conguración de la militancia femenina, si bien raticó la apropia-
ción de la diferencia sexual de las mujeres, conguró, a su vez, actividades
en espacios políticos que se nutrieron de sus experiencias previas, sean par-
tidistas o autónomas, otorgándoles un margen de acción propio y generado
desde sus problemáticas particulares.
ConClusiones
La mirada institucional del PCE sobre la militancia femenina correspon-
de a la lectura masculina presente en la sociedad ecuatoriana patriarcal de la
época y en la dinámica partidista y jerárquica de la organización. A lo largo
de este texto apreciamos cómo “el problema de las mujeres” fue valorado
y articulado desde la lectura de los varones dirigentes del PCE; por ello, en
90. Vega, “Apuntes para una crítica feminista…”, 149, 156.
91. Tamara Vidaurrázaga Aránguiz, “Subjetividades sexo genérica en mujeres mili-
tantes de organizaciones político-militares de izquierda en el Cono Sur”, La Ventana, n.
o
41 (2015): 7-34.
92. Natura Olivé, Mujeres comunistas en México en los años treinta (Ciudad de México:
Quinto Sol, s. r.), 8, 23; Ana Lau Jaivén, “La Unión Nacional de Mujeres Mexicanas entre el
comunismo y el feminismo: Una difícil relación”, La ventana, n.
o
40 (2014): 165-185; Catalina
Trebisacce, “Encuentros y desencuentros entre la militancia de izquierda y el feminismo en
la Argentina”, Estudios Feministas 21, n.
o
2 (mayo-agosto 2013): 439-462.
93. Joan Scott, “Experiencia”, La ventana, n.
o
13 (2001): 68-73.
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algunos casos, mujeres críticas al proyecto partidista miraron en la organi-
zación autónoma la posibilidad de desarrollar mecanismos que les permitió
plasmar sus demandas e intereses, disputar reconocimiento y legitimidad en
el escenario político de la izquierda partidista ecuatoriana, espacio tradicio-
nalmente dominado por la gura masculina.
La década de los sesenta minó la organización partidista del PCE debido
a la amenaza fraccionalista surgida por el ejemplo de la guerra de guerrillas
cubana y la crítica proveniente de los grupos disidentes surgidos en sus las.
Si bien el PCE trató de frenar dicha arremetida mediante sanciones y normati-
vas internas, sus las fueron notoriamente mermadas. A este contexto se sumó
el proceso electoral de 1968; es así cómo las mujeres pasaron a jugar un papel
clave para el robustecimiento del partido y la lucha revolucionaria planicada
de masas. Sin embargo, el intento de reclutar a mujeres estuvo enmarcado en
la lógica masculina, jerárquica y vertical de la estructura partidista. Ante este
panorama de dominio masculino naturalizado –siguiendo los aportes del Pie-
rre Bourdieu–, miramos cómo los planteamientos clasistas sobre la revolución
y la lucha de clases subordinaron las demandas de liberación de la mujer.
Ante este horizonte de militancia femenina y de un evidente proceso de
conciencia de su diferencia sexual, algunas mujeres vinculadas a la organi-
zación partidista miraron en el “deber ser” comunista un espacio hostil para
sus proyectos; por ello apostaron por la autonomía. Desde el nuevo proyecto
continuaron con las demandas izquierdistas, propias de sus anteriores expe-
riencias, pero articuladas a su lectura sobre la lucha por la “liberación de la
mujer”. A pesar de que la matriz marxista se proyectó sobre sus postulados,
la búsqueda de legitimación de las mujeres como pertenecientes a la esfera
política de la izquierda llevó a que acojan para sí el sistema de valores mas-
culinos de la lógica partidista. De este modo, generaron un margen de agen-
cia que posibilitó problematizar la lucha por la liberación de la mujer ecua-
toriana, sin embargo esta estuvo atravesada por sus experiencias anteriores
en el espacio político. Factor que explica la reticencia de asumir postulados
considerados como “reformistas o burgueses”.
Finalmente, si bien la apertura de militancia para las mujeres en la iz-
quierda constituyó una ruptura con el estereotipo de mujer –articulada al
espacio privado y doméstico–, la estructura partidista reforzó, mediante su
lógica jerárquica, la dominación masculina de la dirigencia, no solo ante la
desavenencia de los grupos fraccionalistas, sino que además reforzaron el
lugar subordinado de la mujer a una organización notoriamente masculi-
na, proyectando sobre la militancia femenina, apreciaciones estereotipadas
en cuanto al ideal de mujer de izquierda; un ejemplo de ello fue el rechazo
al feminismo. Entonces, conviene cuestionarnos, cuál fue la lectura que la
izquierda hizo sobre el feminismo, si acaso surgieron debates críticos sobre
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sus aportes, o predominó el sesgo liberal, reformista y burgués sobre el mo-
vimiento internacional. Sin duda, es un tema que tiene diversas entradas y
podría ser una continuación del trabajo que ahora presentamos.
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