Procesos 44, julio-diciembre 2016 137
podría conducir a una reicación de los argumentos del historiador, cosica-
ción que va en contravía del cuidadoso y crítico tratamiento de fuentes, así
como del sutil cambio de escalas de análisis que, por lo menos en el caso que
nos ocupa, practica el historiador conexionista.
De todas maneras, ¿Qué hora es allá? ilumina de manera novedosa el pro-
ceso de formación de la conciencia-mundo al establecer relaciones inespera-
das entre los contextos americanos y musulmanes. Gruzinski logra formular
una argumentación coherente y persuasiva en torno a su hipótesis sobre el
surgimiento de una conciencia-mundo durante la primera modernidad de
las dos sociedades estudiadas. A modo de síntesis se puede armar que la
fortaleza del libro tiene que ver con el marco geográco de estudio, las esca-
las micro y mesohistóricas de análisis, la lectura a profundidad de las fuentes
y el uso de un estilo literario ameno.
En este sentido, aunque ya se ha planteado que Gruzinski no recurre a ge-
neralizaciones totalizantes en su argumentación, una lectura poco incisiva del
libro podría llevar a la reicación de su argumento, relegando a un segundo
plano los matices necesarios. La amplia perspectiva geográca que sirve de base
a sus reexiones, junto con su coherencia argumentativa, podría conducir a con-
cluir que sus hallazgos, circunscritos a medios eruditos muy especícos, pueden
aplicarse indistintamente a las sociedades ibéricas, iberoamericanas e islámicas
de la primera modernidad. Aunque el musulmán era parte del “imaginario
mestizo” americano, no se puede armar que, fuera de ciertos sectores letrados
de la élite y de algunos mercaderes, las poblaciones tuviesen una conciencia-
mundo excesivamente desarrollada, en el sentido que se presenta en el libro.
Santiago Robledo Páez
Museo Nacional de Colombia
xavier PUig Peñalosa. Rafael tRoya: estética y PintuRa de Paisaje. loja:
Universidad téCniCa PartiCUlar de loja / ediloja, 2015, 174 PP.
Xavier Puig expone en este libro sus estudios en torno a la obra pai-
sajística del pintor ecuatoriano Rafael Troya (1845-1920), desde el punto de
vista de la Estética y la Crítica de Arte. Troya se cuenta entre los pioneros de
la pintura de paisaje en Ecuador (junto a Rafael Salas, Joaquín Pinto y más
tarde Luis A. Martínez). Aunque estamos ante un artista que practicó todos
los géneros pictóricos, será en el paisaje donde adquiera verdadera excelen-
cia. Motivado por la maestría de Troya en este género, Puig se ha propuesto
contribuir a un mejor conocimiento y comprensión de su obra, aplicando
Procesos 44, julio-diciembre 2016138
una cuidadosa metodología de análisis en la que muestra de manera con-
textualizada la aplicación de las categorías de lo pictórico y lo sublime. Para
enfrentarse al estudio de la obra de Troya, el autor se asienta en el medio de
dos acontecimientos fundadores: el del Ecuador como nación, por un lado, y
por otro el de la pintura ecuatoriana entendida como arte, poniendo atención
a las condiciones socioculturales y políticas que sirven como telón de fondo
al escenario del que se ocupa.
El libro se abre con una amplia exposición acerca del corpus teórico cons-
truido en la Europa del siglo XVIII, en torno a unos modos de relación entre
el hombre y la naturaleza, novedosos para la época y que pasaron a integrar
la esfera sensible de la moderna subjetividad humana. Puig nos traza cla-
ramente la trayectoria de ideas como ‘imaginación’, ‘pintoresco’, ‘sublime’,
asociadas al cultivo de un ‘gusto’ individual promovido por las élites inte-
lectuales de la Ilustración y que abrieron las puertas a un nuevo género en
la pintura conocido desde entonces como ‘paisaje’ y que evolucionará desde
su matriz clasicista hasta la romántica. Puesto que la estética de Troya se
hace eco principalmente del romanticismo, veremos que se ponen en relieve
aquellos aspectos del programa de la pintura de paisaje romántica que en
su conjunto proponen la visión sentimental y contemplativa de la natura-
leza sobre la base del estudio empírico, como expresión de una totalidad
ético-estética que contribuye a la formación del sujeto. Debido a la tardía
recepción del romanticismo en el continente americano y particularmente
en Ecuador, resultan pertinentes las observaciones que Xavier Puig establece
en el texto sobre el aporte de Alexander von Humboldt en la manera de ver
la naturaleza y el paisaje ecuatoriano, puesto que en el naturalista alemán
se aúna “el espíritu ilustrado con la sensibilidad propiamente romántica”,
combinación que, como luego se verá, tendrá mucha inuencia en las bellas
artes y la literatura del Ecuador.
En un segundo momento, el libro traza el contexto cultural del Ecuador
en el siglo XIX, concentrándose particularmente en la recepción de la idea de
“progreso” durante el gobierno de García Moreno. Este apartado es central
porque expone las imbricaciones que se efectúan entre dicha idea, clave de la
modernidad, las tortuosas conformaciones políticas de la naciente república
que aprendía a tener nación y la fundación de una nueva forma de hacer
pintura. En el medio de estas circunstancias se inscribe la fundación misma
de lo que podemos llamar stricto sensu ‘arte ecuatoriano’, que para el género
paisajístico se inaugura bajo presupuestos románticos. El artista romántico
concibe la Naturaleza como una totalidad a la que se pertenece. Establece
fuertes lazos afectivos con el territorio, siente el paisaje como suyo, lo cual
se liga para el caso de Troya con la asunción de los Andes o el recorrido por
la Amazonía como territorios propios de su nación. Mediante la integración
Procesos 44, julio-diciembre 2016 139
de los elementos plásticos propios de la composición, el cromatismo y el tra-
tamiento de la luz, así como el riguroso estudio de los elementos singulares
(las montañas, la vegetación, etc.), la obra de arte será tomada como el reejo
de la propia totalidad de la Naturaleza en la que el artista se proyecta como
sujeto ético-estético.
En la tercera y última parte, el autor despliega un cuidadoso análisis
crítico de la estética y la plástica que se conjugan en la pintura de paisaje
de Rafael Troya. Los textos de este apartado, que comprende el cincuenta
por ciento de la obra, se apoyan en una cuidadosa selección de pinturas del
artista reproducidas en láminas de gran delidad. Sobre la base de lo escrito
en la primera y segunda parte del libro, en esta tercera se evidencia el aporte
de Xavier Puig a la metodología de análisis de obras de arte que se hacen
en el territorio ecuatoriano, marcando una clara diferencia con la literatura
artística al uso, y ampliando los importantes estudios sobre los que se apoya.
Estas referencias se han distribuido en la bibliografía general y acompañan
las oportunas explicaciones que el autor señala en las notas al pie a lo largo
del libro, con lo cual, entre otras cosas, se refuerza la intención de Puig de
centrar nuestra atención en los aspectos estéticos y artísticos que rodean la
obra de Troya, dejando de lado datos biográcos o anecdóticos innecesarios.
Sin abandonar tal orientación, veremos en esta parte que se alude a la
formación de Troya como pintor, en la esfera de inuencia de la ‘ortodoxia
academicista’ que dominó la pintura ecuatoriana durante la segunda mitad
del siglo XIX. Al menos en lo que respecta a la pintura de paisaje, en Troya
se opera un importante cambio tras el contacto con el naturalista Wilhelm
Reiss y el vulcanólogo Alphons Stübel, cientícos alemanes invitados por
García Moreno. Troya colaboró en calidad de ilustrador especialmente con
el segundo, entre 1871 y 1874. Se resalta la inuencia de Stübel en particular
porque a través de él accede a los planteamientos que Jean Baptiste Deper-
thes había expuesto en su Teoría del paisaje (1818), texto en el que, dicho sea
de paso, se advierte una ponderada tensión entre los postulados y categorías
estéticas propias del clasicismo y las más modernas –para la época– del ro-
manticismo.
Puig pone en evidencia la puesta en funcionamiento de dichos plantea-
mientos. En primer lugar, dos constantes estéticas de la obra de Troya: la
especial y singular presencia de los elementos naturales trabajados con un
“minucioso detallismo descriptivo”, y la adecuación de la mayoría de sus
pinturas de paisaje a las categorías de lo pintoresco y lo sublime. En segun-
do lugar, la materialización de esa estética a través de las “características
artístico-formales” de la composición, uso del color y de la luz. Así pues,
relacionado a la composición tenemos a su vez que puntualizar cuatro as-
pectos: el uso de los planos siguiendo una disposición diagonal de las áreas;
Procesos 44, julio-diciembre 2016140
el equilibrio entre elementos estáticos y dinámicos del paisaje, así como entre
la tendencia horizontal del formato y los elementos verticales; el diálogo ‘on-
dulante’ entre los perles de la orografía; y la inclusión de guras humanas
que funcionan a manera de indicadores de escala. En atención a la cromática
se destaca el uso de “una paleta relativamente parca en su gama de colo-
res” pero que se compensa con la riqueza de matices. Y en lo que atañe a la
iluminación, se evidencia la maestría de Troya para manejar la luz descri-
biendo una diagonal descendente que atraviesa el plano de composición y
contribuye a destacar la presencia propia de los elementos en cada cuadro.
Puig advierte que pese al dominio de estos planteamientos, en un número
reducido de obras Troya pinta en clave neoclasicista, lo cual se advertiría
plásticamente por el predominio del dibujo, y estéticamente por la presencia
de un imaginario relativo a lo bucólico-pastoril o lo patético.
A manera de conclusión, debemos decir que el presente libro contribuye
con dos valiosos aportes a las escasas investigaciones que sobre arte y es-
tética se hacen en Ecuador. Por un lado, lleva más lejos los estudios que al
momento se han hecho sobre pintores de la talla de Rafael Troya. Por otro
lado, y lo que merece nuestra insistencia, el despliegue de la estrategia meto-
dológica de Xavier Puig, susceptible de aplicar en muchos casos todavía por
pensar en torno a las relaciones entre experiencia estética y creación artística
en el ámbito ecuatoriano.
Diego González Ojeda
Universidad Técnica Particular de Loja
jUliÁn andrei velasCo Pedraza. justicia PaRa los vasallos
de su majestad. administRación de justicia en la villa
de san gil, siglo Xviii. BogotÁ: editorial Universidad del rosario
/ esCUela de CienCias HUmanas, 2015, 274 PP.
La historiografía latinoamericana de los últimos años ha enfocado par-
te de sus estudios en el análisis de la administración de justicia durante el
período colonial. A partir de una mirada cultural y social, los nuevos estu-
dios sobre la historia judicial buscan renovar los enfoques tradicionales que
analizaban la política indiana, las instituciones que administraban justicia
y las formas de aplicación del derecho en las Américas, entre los siglos XVI
y XVIII. Los trabajos más representativos provienen de aportes realizados
desde la historiografía argentina, chilena y mexicana. Precisamente de este
tema se ocupa Justicia para los vasallos de su majestad. Administración de justicia
en la villa de San Gil, siglo XVIII, de Julián Andrei Velasco Pedraza. Fruto de
su tesis de maestría en la Universidad Autónoma de México en 2015, la in-

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


ISSN: 1390-0099

Licencia de Creative Commons
Procesos: revista ecuatoriana de Historia is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.