Procesos
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antonio escobar ohmstede, romana Falcón vega y raymond buve,
coords., La arquitectura histórica deL poder. NacioNes, NacioNaLismo
y estados eN américa LatiNa. sigLos XViii, XiX y XX, méxico,
el colegio de méxico y centro de estudios
y documentación latinoamericano, 2010, 335 PP.
Esta obra conjunta se adentra en un aspecto muy vigente de la historia
latinoamericana y mundial: la dinámica del Estado, la nación y los nacionalis-
mos. Aunque pareciera un tema superado en América Latina, sigue vigente.
Puesto que los relativos fracasos, la falta de concreción de leyes y las decisio-
nes gubernamentales, nos han llevado a una crisis política y económica que
pareciera ser responsabilidad del proceso de construcción de la nación.
El libro se adentra en la compleja discusión sobre los conceptos de na-
ción y Estado. En América Latina, en el siglo XIX, el forcejeo sobre el modelo
de nación a seguir fue intenso. Y, guardadas las diferencias por países, apa-
recieron dos posiciones distintas; la liberal, para la cual era necesario rom-
per definitivamente con el pasado ibérico, y la conservadora, en la que ese
rompimiento era imposible, pues se consideraba que el pasado que dejó la
presencia española era la esencia de la nacionalidad. Ese tira y afloja produjo
grandes desavenencias y al final parece que fue el desarrollo del capitalis-
mo, el que logró la consolidación de la nación, al menos en cuanto a que
se promovió la construcción de un mercado interno. Durante la década de
1930, y liderado por el populismo, se fue generando la universalización del
sentimiento nacional, ayudado por el uso de la imprenta y la escolarización
en masa. En este período apareció la noción de nación como comunidad,
liderada por los sectores populistas que lucharon contra la política oligárqui-
ca. Sin embargo, sostiene el libro que la historia política de las repúblicas
de America Latina estuvo definida por el contraste entre la igualdad legal, la
discursiva y la continuación de las formas de inequidad política y económica
(p. 96). En términos del Estado, se impuso uno excluyente y racista, incluso
durante el siglo XX. Fueron procesos más recientes los que, luego del fracaso
de los modelos de Estado externos, buscaron revalorar los elementos de la
cultura popular latinoamericana. Los autores plantean que, a pesar del des-
precio de la élite por las manifestaciones de las masas, en el Estado no todo
soLo Libros/
Reseñas
II semestre 2011, Quito
ISSN: 1390-0099
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fluye de arriba hacia abajo, a veces también las cosas van en la vía contraria.
Buena parte de los artículos que integran el libro se remiten a las posi-
ciones que durante el siglo XIX y XX se han manifestado en torno a cómo
crear naciones que tienen poblaciones étnica y culturalmente muy variadas.
Y, a la vez, cómo afrontar la continua exclusión racial de las sociedades ame-
ricanas. Los artículos se orientan especialmente al tratamiento del tema de
los indígenas en las propuestas de construcción de la nación. Resumiendo,
el libro muestra tres maneras con las que se intentó asumir el tema indígena.
La primera, en el período de la independencia, cuando a los pueblos origi-
narios se les consideró un obstáculo para la consolidación de la nación. Por
ello se aconsejó el exterminio del indio o su homogenización, se escucharon
salidas como la eugenesia, las teorías integradoras, asimiladoras e higienistas.
Se propuso el mestizaje, y mejor si era con europeos, para reparar la raza,
aunque también puede considerarse como una reacción directa a las ideas ra-
cistas, que hablaban de evitar la mezcla. En todo caso era mejor disminuir las
identidades, en aras de la identidad nacional. Luego en el siglo XX, en medio
del auge de las economías de exportación, el libro nos muestra el caso de los
indios pamperos y patagónicos en Argentina, que representaban un obstáculo
en la conformación del mercado capitalista de tierras por lo que poco a poco
fueron acorralados y sus tierras usurpadas. Segundo, se planteó un cierto me-
rito a las sociedades indígenas prehispánicas, sobre todo a partir de la década
de 1930, cuando reconocidos antropólogos norteamericanos y europeos em-
pezaron a redescubrir las grandes obras culturales de los Mayas, los Incas y los
Aztecas. Pero para los gobiernos y las élites latinoamericanas, si bien era cierto
que existió un pasado prehispánico glorioso, la visión racista y etnocentrista
decía que de esa fuerza del pasado quedaba poco. Otras visiones intentaron
conservar al indio como un elemento folklórico, un ser exótico y mitológico,
que podía usarse como atractivo turístico. Tercero, algunas corrientes de inte-
lectuales promovieron imágenes estereotipadas de los indígenas, en las que la
admiración por los pueblos ancestrales los llevó a plantear que la imposición
de la cultura indígena era la solución para los problemas sociales. El problema
era que esa visión podría haber desembocado en un etnocentrismo invertido
en el que lo andino se consideraba superior.
Los ideales republicanos que se promulgaron en las nuevas naciones lati-
noamericanas incluyeron la igualdad, al menos para los indígenas, porque los
negros mantuvieron la condición de esclavos. Una de las primeras medidas
que suponía la paridad de los ciudadanos era la abolición del tributo indígena
para poner fin del pacto colonial. Sin embargo, al menos hasta bien entrado
el siglo XIX, pocos países cumplieron con esa disposición porque las finanzas
públicas necesitaban de ese recurso. Así mismo, la abolición del trabajo obli-
gatorio se cumplió a medias, pues el reclutamiento forzado en los ejércitos
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nacionales o locales se siguió usando y obligó a los indígenas a participar en
conflictos que no les correspondían, guerras en las que además fueron esquil-
mados porque los ejércitos usurpaban sus bienes. Por eso, cuando se evalúan
las consecuencias de la Independencia para los indígenas, se observa que la
desaparición de ciertas instancias intermediadoras coloniales llevó al resque-
brajamiento de algunas estructuras sociales y étnicas que, por lo menos en
teoría, protegían al indio. Una clara muestra de ello es lo que sucedió con las
propiedades comunales de los indígenas, las cuales se incorporaron al resto
de mercado de tierras y las comunidades, mediante engaños o la fuerza, fue-
ron despojadas de ese recurso. Sin hablar del limitado acceso a los derechos
políticos y sociales que aún hoy siguen reclamando los pueblos originarios.
Bajo el argumento de la inferioridad racial del indio, su condición de subalter-
nos se mantuvo en las nuevas naciones.
Un eje valioso del libro es que varios de sus artículos enfatizan que los
indígenas no se mantuvieron impávidos ante la ambición de la élite republi-
cana. Durante el siglo XIX, algunas autoridades indígenas fueron revaloradas
porque el gobierno solo podía cobrar el tributo con su mediación. Igualmente,
las rebeliones indígenas reclamando su derecho sobre la tierra y uso del agua
dieron paso a reformas agrarias posteriores, que socavaron el poder terrate-
niente. Muchas comunidades también usaron la fuerza para oponerse a las
reformas seculares de los liberales que apuntaban a romper las estructuras
corporativas que los amparaban. También empezaron a demandar al Estado
para que fuera un real mediador en los conflictos que los aquejaban. Y ya
en el siglo XX, algunas de sus demandas incidieron en las políticas públicas
nacionales.
En general, el lector encuentra con un libro escrito con mucha seriedad y,
aunque se trate de artículos monográficos sobre sitios o hechos particulares,
la unión de todos los textos ofrece una mirada general sobre la conformación
de la nación en América Latina, sobre todo del siglo XIX pues las referencias
más contemporáneas son muy escuetas. Por tratarse de trabajos históricos
están enriquecidos con fuentes que permiten conocer las particularidades en
la edificación del modelo de nación que varios países latinoamericanos per-
siguieron y, sobre todo, las profundas ambigüedades que supuso la construc-
ción de la ciudadanía en sociedades profundamente desiguales como las que
se heredaron del período colonial.
Paula Daza
Universidad Andina Simón Bolívar-Sede Ecuador

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