Planicación urbana, modernización vial
y cambios en la vida cotidiana de Quito:
el caso del barrio San Blas, 1967-1973*
Town Planning, Urban Motorway Modernization and Changes
in Quito’s Quotidian Life: A Case Study Concerning
the San Blas Neighborhood, 1967-1973
María Ángela Cifuentes Guerra
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
maria.angela.cifuentes@gmail.com
Fecha de presentación: 21 de diciembre de 2015
Fecha de aceptación: 3 de noviembre de 2016
Artículo de investigación
Procesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 44 (julio-diciembre 2016), 45-74. ISSN: 1390-0099
* Este artículo fue elaborado en el contexto de un proyecto desarrollado por el Área
de Historia de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, con el auspicio del
Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, en el cual la autora participó como inves-
tigadora asociada.
RESUMEN
La investigación analiza el impacto que la planicación urbana
desarrollada por el Municipio de Quito tuvo sobre el centro histórico
de la ciudad, en los años sesenta y setenta. Se examinan las políticas
de modernización de la ciudad expresadas en una visión de
ordenamiento territorial, interconexión zonal y desarrollo vial.
Al mismo tiempo, se evalúan las consecuencias de estas
intervenciones en la vida social. El análisis se centra en el caso del
barrio de San Blas, escenario en el que se construyó el proyecto vial
de conexión norte-sur, sobre la base de lo previsto en el Plan Director
de Urbanismo de 1967. Se describen las consecuencias de estas
intervenciones urbanas especialmente en el ámbito de la vida barrial
y en el derrocamiento del emblemático edicio
de la Biblioteca Nacional, en 1973.
Palabras clave: Quito, historia urbana, planicación urbana, centro
histórico, barrio de San Blas, municipio, eje vial, derrocamiento,
Biblioteca Nacional, segregación urbana.
ABSTRACT
This investigation analyzes the impact that urban planning,
implemented by Quito’s municipality, had on the historic downtown
sector of the city during the 60’s and 70’s. It examines what city
planners had envisioned when they carried out their modernization
policies that included: land-use management, zonal interconnection
and transit development. At the same time, it evaluates the
consequences that these interventions have had concerning the
lifestyle of the residents. The San Blas neighborhood was the
setting for the North-South connection transit project that was
proposed by the Plan Director de Urbanismo developed in 1967. This
expose describes the consequences that this project has had on the
neighborhood’s quotidian life and the unfortunate decision to tear
down the National Library’s building, in 1973.
Keywords: Quito, urban history, city planning, historic downtown,
San Blas neighborhood, municipality, urban motorway, urban
renewal, National Library, space segregation.
María Ángela Cifuentes Guerra
Dr. Phil. por la Heinrich-Heine-Universität, Düsseldorf. Investigadora
independiente con énfasis en artes visuales y cultura urbana. Ha enseñado en
FLACSO-E, Universidad Andina y en la Universidad Católica, Quito. 2016,
profesora invitada por la UCA-El Salvador. Autora de Entgegengesetzt?
Masse-Massenmedien-urbane Kultur in den Crónicas von Carlos
Monsiváis (2010) y El placer de la representación. La imagen femenina ante la moda y
el retrato. Quito, 1880-1920 (1999). En 2015, investigadora del proyecto
“Dinámicas socioespaciales, memoria sociohistórica y patrimonio cultural del
Centro Histórico de Quito” realizado por el Área de Historia de la UASB-E
con el auspicio del Municipio de la ciudad.
introduCCión
A nales de los años sesenta, Quito iba extendiéndose territorialmente y
aumentaba signicativamente su población; el número creciente de vehículos
era un indicador de una ciudad con un progresivo crecimiento. Estos fueron
argumentos para llevar a cabo un nuevo proyecto de planicación urbana
luego del Plan Regulador, ejecutado durante la década del cuarenta. Resultó
así en 1967 el Plan Director de Urbanismo.
La reexión acerca de la planicación urbana de Quito y sus implicacio-
nes en políticas y la toma de medidas frente al centro histórico de la ciudad
es el punto de partida para este análisis. ¿Cuáles fueron los lineamientos
respecto al centro histórico de Quito dentro de las políticas de planicación?
¿Qué consecuencias provocaron en la vida de este sector de la ciudad? No
se pueden descartar por ello las normas generadas durante este tiempo en
temas de conservación monumental y de desarrollo turístico que tomaron
protagonismo, tales como la Carta de Venecia (1964) y la emisión de las Nor-
mas de Quito (1967).
Dentro de esta discusión, y a manera de aterrizaje puntual a un caso es-
pecíco, resulta central la obra vial emprendida entre nales de los sesenta e
inicios de la siguiente década en el barrio San Blas, ubicado en el límite entre
el centro histórico y el norte de la ciudad. Para ello sirven de hitos tempora-
les la promulgación del Plan Director, en 1967, y el inicio del derrocamiento
de la Biblioteca Nacional, en 1973. Dos administraciones municipales abar-
caron este período: la alcaldía de Jaime del Castillo (1967-1970), y las dos
administraciones de Sixto Durán Ballén (1970 y 1978). Si bien estos años son
de profundos cambios para Quito en términos de planicación y moderniza-
ción, no se puede dejar de lado la trascendencia que en términos urbanísticos
y sociales tuvo el Plan Regulador, realizado por los arquitectos uruguayos
Guillermo Jones Odriozola y Gilberto Gatto Sobral. En este sentido, han sido
clave los dos planes para indagar a través de ellos la visión con la que fue
organizada la ciudad en cada una de las épocas.
pLanifiCar La Ciudad: eL Plan ReguladoR
y eL Plan diRectoR de uRbanismo
A diferencia de la visión de futuro y de ordenamiento racional con la que
se llevó a cabo el Plan Regulador de los años cuarenta, el Plan Director de Urba-
nismo de 1967 abordó el crecimiento demográco y la marginalización como
Procesos 44, julio-diciembre 201648
factores cruciales, considerándose dentro de ello el efecto de la migración.
1
La planicación fue concebida entonces como “la solución al problema urba-
no”, si bien, de acuerdo a lo expuesto por Fernando Carrión y René Vallejo,
la marginalidad encerraba el lado opuesto y pesimista en esta búsqueda de
desarrollo y modernización.
2
Quito, al igual que otras ciudades de la región,
experimentó un crecimiento pronunciado a partir de los años cincuenta, y
con mayor fuerza durante los años sesenta y setenta debido, en gran me-
dida, al éxodo campesino a la ciudad.
3
Mientras en el Plan elaborado por
Odriozola y Gatto Sobral, entre 1942 y 1944,
4
la ciudad era expuesta desde
la planicación como “algo deseable y construible a futuro”, la ciudad en el
Plan Director aparecía en medio de problemas producidos por el crecimiento
poblacional y la necesidad de control y legislación.
5
Apenas existían entre los dos estudios un poco más de 20 años; sin em-
bargo, factores condicionantes a sus propuestas los diferenciaron concep-
1. En el Plan Director de Urbanismo de 1967 se anota que de 510.286 habitantes del can-
tón Quito, 131.565 son inmigrantes, lo que representa el 25,7% de la población. Además,
el porcentaje de diferencia de crecimiento poblacional de la ciudad entre 1950 y 1962 fue
de 4,47%. Véase Plan Director de Urbanismo de San Francisco de Quito. Ordenanza General
No. 1165 y Memoria (Quito: Imprenta Municipal, 1967): 47, 51, http://sthv.quito.gob.ec/
planes/plan_1967.pdf.
2. Al respecto, Carrión y Vallejo señalan que “la planicación y la marginalidad apa-
recen como dos caras de la misma moneda; mientras las teorías desarrollistas y moderni-
zadoras concebían a la planicación regional y urbana como las panaceas, la marginalidad
se convertía en su visión pesimista”. Fernando Carrión y René Vallejo, “La planicación
de Quito: del Plan Director a la ciudad democrática”. En Quito. Transformaciones urbanas y
arquitectónicas (Quito: Ilustre Municipio de Quito / Junta de Andalucía, 1994), 19.
3. De acuerdo a la tasa de crecimiento promedio anual de la población urbana entre
diferentes países de la región, Ecuador experimentó sus mayores cifras entre 1950 y 1960
(4,7%), entre 1960 y 1970 se registró una mínima baja (4,5%) y entre 1970 y 1980 subió
ligeramente (4,6%). Perú mostró un alza similar durante 1960-1970 (4,9%) a diferencia de
la década anterior (3,6%), con una baja mínima entre 1970 y 1980 (3,5%). Véase Henri Go-
dard, “Las ciudades andinas en el siglo XX. Desarrollo, planicación urbana y exclusión
social”. En Historia de América Andina. Democracia, desarrollo e integración: vicisitudes y pers-
pectivas (1930-1990), vol. 7, edit. por Mauricio Archila (Quito: Universidad Andina Simón
Bolívar, Sede Ecuador / Libresa, 2013), 249, cuadro 12-7b.
4. En 1946 se promulgaron los decretos de aplicación del Plan Regulador, el cual fue
elaborado por Guillermo Jones Odriozola y Gilberto “Gatto” Sobral entre 1942 y 1944, y
aprobado en abril de 1945. Véase Karine Peyronnie y René de Maximy, Quito inesperado.
De la memoria a la mirada crítica (Quito: IFEA / Abya-Yala, 2000), 70.
5. Se anotan como problemas los siguientes: la “falta de control urbano ante la ausen-
cia de legislación adecuada, el auge de la construcción, producto de la creación del Banco
de la Vivienda y las asociaciones mutualistas, un fuerte renacer de los movimientos coo-
perativos que expresan un nuevo interés por la posesión de la tierra, la ubicación espontá-
nea de nuevos asentamientos, la relocalización de sectores sociales, entre otros factores”.
Carrión y Vallejo, “La planicación de Quito…”, 19.
Procesos 44, julio-diciembre 2016 49
tual, espacial y funcionalmente. Así, el Plan Regulador, más conocido como
“Plan Odriozola”, respondía a una perspectiva funcionalista y culturalista
para un ordenamiento regularizado y armónico de la ciudad en su conjunto.
6
Se trataba, según Eduardo Kingman, “del primer intento de ordenamiento
de la ciudad desde una perspectiva urbanística”.
7
Su elaboración se explica
en el aumento poblacional de las migraciones originadas por la guerra en-
tre Perú y Ecuador y, consecuentemente, por un crecimiento territorial.
8
La
lógica de este Plan encerraba así un ordenamiento de la ocupación del suelo
de acuerdo a sus usos sociales, lo que determinó una diferenciación espacial,
funcional y residencial,
9
expuesta en la división de la ciudad a partir de tres
zonas: a) sur, para uso industrial; b) central, dispuesta para la concentración
de vivienda media, comercio y ocinas públicas; c) norte, eminentemente
residencial.
10
Esto, en concreto, signicó una “jerarquización funcional”,
11
en
palabras de Henri Godard, de las dos grandes zonas de la ciudad –el norte y
el sur– unidas por la zona central.
La planicación emprendida en los años cuarenta respondía a una visión
planicadora que en buena medida se hallaba expuesta en las declaraciones
de la Carta de Atenas como maniesto del IV Congreso Internacional de Ar-
6. René Vallejo apunta los modelos funcionalista y culturalista como inuyentes para
el Plan Regulador. El funcionalista tuvo como guras representantes a T. Garnier, W. Gro-
pius y Le Corbusier; mientras, el culturalista a C. Sitte y E. Howard que planteaban la ar-
monía en la diversidad de las formas, referencias al pasado, la especicidad del individuo
y el requerimiento de limitar la ciudad a un tamaño modesto. René Vallejo, “Momentos y
paradigmas en la planicación de Quito”, 31-61. En Quito. Escenarios de innovación, coor-
dinado por Fernando Carrión y Manuel Dammert (Quito: OLACCHI, 2011), 33, nota 5.
7. Eduardo Kingman, La ciudad y los otros. Quito 1860-1940 (Quito: FLACSO / Univer-
sidad Rovira i Virgili, 2006), 329.
8. Carrión y Vallejo, “La planicación de Quito…”, 16.
9. Según Guillermo Bustos, en la base teórica del Plan Odriozola se establece un pro-
ceso de segregación espacial y residencial, el que “conuye con un proyecto de identidad
cultural conservador, que liderado intelectual y políticamente por Jacinto Jijón y Caamaño
logra una clara y exitosa articulación”. Guillermo Bustos, “Quito en la transición: actores
colectivos e identidades culturales urbanas (1920-1950)”. En Enfoques y estudios. Quito a
través de la historia (Quito: I. Municipio de Quito / Junta de Andalucía, 1992), 166.
10. Según el Plan, en la zona sur se establecería el gran centro terminal de transportes
y abastecimientos de la ciudad. Además de proyectarse allí el sector fabril, rodeado de ba-
rrios obreros, se proponía también como zona residencial para los propietarios y altos fun-
cionarios de fábricas, un área de vivienda media para los empleados de las fábricas que,
por sus funciones, no entran en la categoría de obreros. En la zona central, además de lo
expuesto, se consideraba el centro histórico de la ciudad, centro municipal, gran centro de
gobierno, centro comercial y bancario. Guillermo Jones Odriozola y Gilberto Gatto Sobral,
Memoria descriptiva del proyecto del Plan Regulador para la Ciudad de Quito (Quito: Imprenta
Mariscal, 1945), 8, http://sthv.quito.gob.ec/planes/plan_gatto_sobral.pdf.
11. Godard, “Las ciudades andinas en el siglo XX…”, 269.
Procesos 44, julio-diciembre 201650
quitectura Moderna (CIAM) de 1933. Dentro de sus notas se señalan preci-
samente las funciones que la ciudad moderna, a través de su zonicación,
debía cumplir en el objetivo de satisfacer las necesidades de la sociedad: a)
habitar; b) trabajar; c) recrear.
12
La manera de concebir la ciudad y de plani-
carla por parte de Odriozola y Gatto Sobral no se alejaba de este entendi-
miento racional entre espacio, función y habitante.
A partir de los años cincuenta, el crecimiento urbano se convirtió en
tema central en varias ciudades latinoamericanas, extendiéndose drástica-
mente hasta aproximadamente la década de los ochenta. Según las cifras
expuestas por Germán Mejía Pavony, “en toda Sudamérica, el 39,5 por ciento
de su población era urbana en 1950 –entendiendo por ella la que habitaba
poblaciones con una concentración de al menos 2.000 personas–, mientras
que en 1980 la cifra indicaba que el 74,4 por ciento de la población de esta re-
gión vivía en ciudades”.
13
Para el caso de Quito, según se anunciaba a través
de la prensa, la población de la ciudad se había triplicado en apenas 25 años;
así, en 1950 contaba con 209.932 habitantes, mientras que en el censo de 1974
la cifra total subió a 625.828 personas.
14
De cara al progresivo crecimiento, se
emitió en 1967 el siguiente plan urbano.
Plan diRectoR de 1967
A través de la Ordenanza 1165 de 20 de junio de 1967, se aprobó el Plan
Director de Urbanismo,
15
el cual respondía a la necesidad de la ciudad para “en-
carar su desarrollo futuro y reglamentarlo en forma más lógica”.
16
A diferencia
de la distribución en base a zonas, este Plan comprendía un conjunto de cuatro
12. “El urbanismo ya no puede estar sometido exclusivamente a las reglas de un es-
teticismo gratuito”, se escribe. “Es, por su esencia misma, de orden funcional. Las tres
funciones fundamentales para cuya realización debe velar el urbanismo son: 1º, habitar;
2º, trabajar; 3º, recrearse. Sus objetos son: a) la ocupación del suelo; b) la organización de
la circulación; c) la legislación”. Le Corbusier, Principios de urbanismo (La carta de Atenas)
(Barcelona: Ariel, 1975), 146.
13. Germán Mejía Pavony, La aventura urbana en América Latina (Madrid: MAPFRE /
Santillana, 2013), 230.
14. “¿Quito pierde la paz? La ciudad paga alto tributo por metropolización”, El Co-
mercio (Quito), 12 de marzo de 1978: 1, 10.
15. Colón Cifuentes, “La planicación de las áreas patrimoniales de Quito. Planning
the Patrimonial Areas of Quito”, Centro-h. Revista de la Organización Latinoamericana y del
Caribe de Centros Históricos, n.
o
1 (agosto 2008): 102. Según la información de Carrión y
Vallejo, la Ordenanza 1165 corresponde a julio de 1967, mostrándose así una disparidad
de fechas. Véase Carrión y Vallejo, “La planicación de Quito…”, 19.
16. Plan Director de Urbanismo…, 19.
Procesos 44, julio-diciembre 2016 51
grandes “unidades de Ordenamiento”, determinadas de la siguiente manera:
1) zona sur; 2) centro histórico; 3) centro de Servicios Generales; 4) zona nor-
te.
17
Pronosticaba para los siguientes 30 años una extensión de 7.335 ha, con
un promedio de densidad poblacional bruta de 188 habitantes por hectárea.
18
A diferencia de la consideración dada al centro histórico dentro del Plan
Regulador como una zona con un criterio de funcionamiento polinuclear,
19
el
Plan Director asumió este aspecto de una manera más directa; el crecimien-
to demográco, así como el aumento comercial y vehicular se presentaban
como problemas reales que iban transformando la vida del centro:
De pronto, el Centro Histórico de Quito, edicado para servir a una lenta y tran-
quila ciudad colonial, de cuarenta o cincuenta mil habitantes, se ve converti-
do en el dinámico y bullicioso centro de una ciudad mecanizada, invadida por
transportes colectivos, industrias molestas, y por una verdadera selva de avisos
luminosos, líneas eléctricas, telefónicas, semáforos y propagandas comerciales
que ocultan y trasladan a un segundo plano, la sencilla pero contundente belleza
de plazas, claustros, iglesias, conventos y arquitectura civil.
20
Sin embargo, al mismo tiempo se valoró al centro como “conjunto histó-
rico y monumental”, según lo expuesto en la Carta de Venecia de 1964. Este
aspecto determinó su centralidad histórica al enfatizarse la riqueza artística
y monumental, la que, en buena medida, se anteponía a una centralidad
administrativa y funcional. El art. 13 de la Carta señala la noción de monu-
mento histórico en los siguientes términos:
La noción de monumento histórico comprende la creación arquitectónica aislada
así como el conjunto urbano o rural que da testimonio de una civilización parti-
cular, de una evolución signicativa, o de un acontecimiento histórico. Se reere
no solo a las grandes creaciones sino también a las obras modestas que han ad-
quirido con el tiempo una signicación cultural.
21
17. Ibíd., 26-27.
18. Carrión y Vallejo, “La planicación de Quito…”, 19.
19. Según señala Cifuentes, se trataba del planteamiento de nueve centros para
descentralizar el centro único. Uno de ellos era el centro histórico. En la práctica se fue
constituyendo más bien en binuclear, es decir, una centralidad compartida entre el centro
histórico y el centro consolidado hasta La Mariscal. Cifuentes, “La planicación de las
áreas…”, 101; Colón Cifuentes, “La regulación de las áreas patrimoniales en el proceso de
planicación territorial de Quito”. En Quito: escenarios de innovación, coord. por Fernando
Carrión (Quito: OLACCHI, 2011), 63-64.
20. Plan Director de Urbanismo…, 28.
21. Consta así en el art. 1: “Carta Internacional sobre la Conservación y la Restaura-
ción de Monumentos y Sitios (Carta de Venecia 1964)”, ICOMOS International Council on
Monuments and Sites: 1, http://www.icomos.org/charters/venice_sp.pdf.
Procesos 44, julio-diciembre 201652
Gracias a esta visión monumentalista se fortaleció un criterio de conser-
vación del legado. Consecuentemente, se creó en Quito, según decreto de la
Ordenanza 1125 del 20 de julio de 1966, la Comisión del Centro Histórico con
facultades para resolver temas en este ámbito y otorgar permisos de cons-
trucción, demolición, restauración y reparación de edicaciones dentro del
perímetro que se delimitaba como centro histórico.
22
En diciembre de 1967,
a raíz de la reunión por la Organización de Estados Americanos (OEA), lle-
vada a cabo en esta ciudad, se establecieron en las llamadas Normas de Quito,
acuerdos para el cuidado y la valoración económica de los monumentos, con
el interés de impulsar el desarrollo turístico, según consta en el encabeza-
miento de su Informe Final:
El acelerado proceso de empobrecimiento que vienen sufriendo una mayoría de
países americanos como consecuencia del estado de abandono e indefensión en
que se halla su riqueza monumental y artística, demanda la adopción de medi-
das de emergencia, tanto a nivel nacional como internacional, pero la ecacia
práctica de las mismas dependerá, en último término, de su adecuada formula-
ción dentro de un plan sistemático de revalorización de los bienes patrimoniales
en función del desarrollo económico-social.
23
Toma cuerpo un entendimiento de políticas de conservación de los bie-
nes histórico-culturales y naturales dentro de un sentido de desarrollo, como
se señala explícitamente en las Normas, en tanto “las medidas conducentes a
su preservación y adecuada utilización no ya solo guardan relación con los
planes de desarrollo, sino que forman o deben formar parte de los mismos”.
24
Desde esta perspectiva se incorporó una lógica de preservación a través de
22. Según se detalla en una nota de prensa de El Comercio, de acuerdo a la Ordenanza,
los límites del centro histórico quedaban expuestos de la siguiente manera:
“Se delimita como área de inmediata inuencia del ‘Quito antiguo’, la que se halla
comprendida en los siguientes límites: por el norte, las iglesias de San Juan, La Basílica y
San Blas; por el sur, las iglesias de San Diego, San Sebastián, El Buen Pastor y La Inma-
culada; por el occidente, de sur a norte sucesivamente, las calles José Martínez, Túpac
Yupanqui, Quiroga, la iglesia de El Tejar, calles Imbabura y Cuenca; por el oriente, desde
La Recoleta una línea hasta las calles Martín Peralta y Valparaíso”. “Delimita el Centro
Histórico de Quito”, El Comercio (Quito), 28 de julio de 1966: 3. Véase asimismo Cifuentes,
“La regulación de las áreas…”, 68, nota 8.
23. “I. Introducción. Normas de Quito (1967). Informe nal de la reunión sobre con-
servación y utilización de monumentos y lugares de interés histórico y artístico”, ICO-
MOS International Council on Monuments and Sites, http://www.icomos.org/charters/
quito.htm.
24. “V. Valoración Económica de los Monumentos Normas de Quito (1967)...”, n.
o
1,
Ibíd.
Procesos 44, julio-diciembre 2016 53
medidas de acción y ejecución para logros económicos.
25
Según Ormindo
de Azevedo, a partir de la promulgación de estas Normas se despertó en la
región el sentido de potencial económico del patrimonio monumental, sobre
todo en lo referente a “centro monumental o histórico”.
26
En el caso local, ello
impulsó además a la creación del “Plan Piloto de Preservación Monumental
de Quito”, en 1969.
27
pLanifiCaCión en eL Centro históriCo
de Quito. eL tema viaL en san bLas
Desde la planicación, tres aspectos han sido importantes con respecto
al Centro Histórico de Quito (CHQ): histórico, patrimonial y espacial. Lo
histórico y lo patrimonial fueron identicados a partir de la riqueza monu-
mental artístico-arquitectónica. Así, en la descripción de la “Problemática
General del Centro”, dentro del Plan Director, Quito fue presentado como
“una de las ciudades más importantes de América” por contar en su patri-
monio artístico con muchos de “los teneres históricos y arquitectónicos más
famosos de la época colonial”.
28
Se concebía al centro histórico, entonces, a
partir de una noción de legado o herencia histórica, expuesta básicamente en
la existencia de monumentos materiales.
29
En la manera de concebir la preservación de los monumentos estaba im-
plícito un sentido cívico en tanto al habitante de la ciudad se lo hacía res-
ponsable de su buen estado. Como heredera, la comunidad estaba obligada
“a cuidarlos, mantenerlos y preservarlos”, pues, como queda expuesto en el
Plan, “son el símbolo histórico y artístico que representa en la vida ciudada-
na el recordatorio perenne de sus virtudes y su fe, al mismo tiempo que de
25. De acuerdo a lo expuesto por Colón Cifuentes, las Normas presentaron un claro
enfoque para la valoración de los bienes monumentales dirigidos hacia el turismo, con
interés de atraer capitales extranjeros mediante la fórmula de la cooperación interameri-
cana. Esta valoración económica de los bienes patrimoniales debía basarse en este criterio
siempre que los bienes fueran susceptibles de erigirlos como “instrumentos de progreso”.
Véase Cifuentes, “La regulación de las áreas…”, 70.
26. Paulo Ormindo de Azevedo, “El ‘centro partido’ ”. En Regeneración y revitalización
urbana en las Américas: hacia un Estado estable, editado por Fernando Carrión y Lisa Hanley
(Quito: FLACSO / WWICS / USAID, 2005), 199.
27. Cifuentes, “La planicación de las áreas…”, 102.
28. Plan Director de Urbanismo…, 27.
29. Al respecto, véase también Santiago Cabrera Hanna, “Monumentalismo, regene-
ración urbana, patrimonio y segregación social en las políticas de planicación de Quito
(segunda mitad del siglo XX)”. Concurso de ensayos “La invención del Centro Histórico”
(Quito: inédito, 14 de abril de 2015), 24.
Procesos 44, julio-diciembre 201654
su riqueza y de su arte”.
30
Desde esta perspectiva, se garantizaba el efecto
de la norma sobre la acción del ciudadano. Si las instituciones que velaban
por el resguardo y el mantenimiento del legado del centro histórico junto
al papel de la municipalidad generaban políticas de uso y protección, los
habitantes fueron involucrados implícitamente a cumplir con lo regulado
en nombre del patrimonio. Dicho así, esta idea de patrimonio se convertía
en “dispositivo cultural”, en términos de Eduardo Kingman y Ana María
Goetschel,
31
en tanto las políticas institucionales de conservación, la mirada
de la prensa y lo dispuesto para su resguardo dentro del Plan de 1967 legiti-
maron una imagen monumental y su consecuente potencial turístico, pero,
paradójicamente, presentaron su lado oscuro al considerarlo zona en estado
crítico, cuyo uso debía ser intervenido y controlado.
Lo espacial guardaba relación con lo histórico-patrimonial, dotándole a
la zona de una centralidad histórica, en términos de Fernando Carrión.
32
En
el Plan Director, el centro fue asumido como zona intermedia entre el norte y
el sur, aspecto determinante a la hora de implementar un nuevo sistema vial
de interconexión entre ellas. Precisamente la “viería” o planicación vial se
convirtió en un tema crucial dentro de las políticas municipales de los años
sesenta por la trascendencia que tuvieron determinados proyectos encami-
nados a solucionar el problema de congestión vehicular. En este tema se hizo
evidente la forma de proyectar la ciudad y su centro histórico de acuerdo a la
lógica aplicada para cada plan. Desde la mirada de Odriozola y Gatto Sobral,
la organización del trazado de vías con el n de conectar las tres zonas signi-
có confrontar pasado y futuro de una manera racional, pues era necesario
considerar una intervención en el centro histórico que supusiera respeto a su
valor histórico, sin descartar la importancia de incorporarlo a un tiempo de
modernización, aunque ello implicara transformaciones de función y entor-
no. En sus palabras:
Dejar ese pasado como algo noble y bello que debemos honrar y respetar, pero
también considerarlo como un pasado, como expresión de una época determina-
da dentro de la vida y la cultura de la ciudad; hoy las necesidades son otras, la
30. Plan Director de Urbanismo…, 27.
31. Eduardo Kingman y Ana María Goetschel, “El patrimonio como dispositivo dis-
ciplinario y la banalización de la memoria: una lectura histórica desde los Andes”. En Re-
generación y revitalización urbana en las Américas: hacia un Estado estable, edit. por Fernando
Carrión y Lisa Hanley (Quito: FLACSO, 2005), 98.
32. Para Carrión, el centro histórico es el espacio de encuentro por excelencia por su
centralidad (espacialidad), haciéndolo un punto focal de la ciudad, así también por su re-
lación con el pasado que le dota de un valor de historia. Véase Fernando Carrión, “El centro
histórico como objeto de deseo”. En Regeneración y revitalización urbana en las Américas: ha-
cia un Estado estable, edit. por Fernando Carrión y Lisa Hanley (Quito: FLACSO, 2005), 46.
Procesos 44, julio-diciembre 2016 55
vida del hombre dentro de la urbe se desarrolla con un ritmo totalmente distinto
al de los antepasados y es de suponerse que las técnicas modernas en trans-
portes, etc., en plena evolución, inuirán aún más en el planteamiento del vivir
dentro de la ciudad.
33
La consideración de una centralidad histórica del CHQ se imponía a par-
tir de un criterio de reliquia, de lugar monumental, sin que ello impidiera su
integración a una lógica de interconexión vial norte-sur. Por ello se vio como
solución el ensanchamiento y remodelación de determinadas calles con el n
de modicar mínimamente el “casco antiguo de la ciudad”. Fue propuesto
así, entre otros,
34
el caso de las calles Venezuela y Guayaquil, armándose
como un ensanche pequeño “puesto que con la apertura de las conexiones
norte-sur, orientales y occidentales, estas dos calles no tendrán la importan-
cia actual dentro del tránsito de la ciudad, como únicos elementos de salida,
sino que existirán otras rutas de mayor volumen para el tránsito intenso”.
35
Una propuesta clara establecida en este plan se la destinó a la zona de
La Alameda, por considerársela de importancia estratégica y de gran por-
venir. Según se expuso, la zona estaba llamada a ser “el verdadero corazón
de la ciudad” al convertirla en un centro dinámico con diferentes funciones,
debiendo levantarse allí “los edicios de mayor volumen tanto comerciales
como bancarios, espectáculos públicos, grandes cines y teatros, etc.”.
36
Años más tarde, esta misma zona sería testigo de transformaciones mor-
fológicas y viales. Si bien en una parte de su texto se señala que “el Plan de
Jones, completamente desvirtuado, es letra muerta”;
37
sin embargo, el Plan
Director retomó lo planteado por Odriozola y Gatto Sobral respecto al paso
vehicular por el centro histórico. La diferencia entre los dos planes radica en
la manera de haber concebido a la ciudad, y al centro dentro de ella. Desde
la mirada de Odriozola, Quito era un cuerpo sano, señala Kingman, una
ciudad “que aún no había sufrido los embates de la modernidad, y en la
que había que apuntar a su desarrollo normal, al ‘querer de la gente’”.
38
Este
“querer de la gente” se expresaba entonces en la idea de un desarrollo dife-
renciado de la ciudad, justicando así la lógica de “barrios separados” tanto
en el sur como en norte.
39
Dentro de este esquema, la zona central fue pre-
33. Odriozola y Sobral, Memoria descriptiva del proyecto…, 33.
34. Se proponía, además las modicaciones de las calles Montúfar e Imbabura, el
ensanchamiento de la Chile que conectaba el parque del Hermano Miguel con la Plaza de
la Independencia. Ibíd., 32.
35. Ibíd.
36. Ibíd., 33.
37. Plan Director de Urbanismo…, 15.
38. Kingman, La ciudad y los otros…, 331.
39. Ibíd.
Procesos 44, julio-diciembre 201656
sentada por el plan como un área de paso, la cual debía ser adecuada para
prever la circulación entre norte y sur.
En el Plan Director, esta armonía se había desmembrado. La ciudad había
crecido en población y vida comercial; la zona central estaba siendo transfor-
mada por la auencia de gente, desencadenando una “arrolladora compe-
tencia comercial, tendiente a ubicar negocios en las zonas más transitadas”.
40
Había que plantear, por ello, soluciones respecto al tránsito en el centro, y
enfrentar al mismo tiempo una problemática de concentración. En ello se
consideró al sector de la llamada “garganta de San Blas” con el n de unir
las zonas norte y sur sin producir, supuestamente, mayores afectaciones al
CHQ.
41
Ante eso, la pregunta si el tránsito vehicular sur-norte necesitaría
tocar el centro histórico ganó espacio. La respuesta fue que apenas una pe-
queña parte tenía como destino nal el centro; la gran mayoría, según lo
expuesto en el Plan, “pasa hacia el norte de la ciudad, deteniéndose sucesi-
vamente hasta agotarse desde San Blas, La Alameda, El Ejido, hasta la zona
norte propiamente dicha”.
42
Se propuso, por ello, un sistema de circunvalación a partir de la creación
de circuitos de tránsito, los que servirían para resguardar el área del CHQ,
señalándose, además, los siguientes benecios:
1. Tránsito Rotativo que evita embotellamiento.
2. Continuidad de ujo.
3. Área peatonal en el centro mismo de comercio y de actividad comu-
nal.
43
Fueron contemplados, así, dos circuitos de tránsito: uno interno de gran
intensidad comercial que envolvería la Plaza de la Independencia, entre las
calles Mejía y Sucre por el norte y sur, respectivamente, y tendría una dis-
tancia de tráco peatonal de aproximadamente una cuadra en todos los sen-
40. Plan Director de Urbanismo…, 30.
41. Respecto a lo señalado en el Plan de 1942, el Plan Director lo expone de la siguiente
manera: “Las soluciones planteadas a lo largo del penoso proceso y sucesivo análisis urba-
no de la ciudad, a partir de 1942, van desde la remodelación de la calle Montúfar, hasta la
habilitación de la vía oriental de la ciudad, pasando por soluciones de tunel [sic], uno de
los cuales perfora en una directriz paralela a la calle Montúfar y parte desde el nacimiento
de la calle Paredes en el relleno del Cumandá, desemboca en la unión de las calles Riquel-
me y Solanda, al nal este de la cale [sic] Mejía; continúa luego a cielo abierto al oeste del
Coliseo de Deportes, hasta encontrar la Esmeraldas, para luego de un giro que pasa por
sobre la Plaza Belmonte, une en línea recta la calle Los Ríos y desemboca nalmente en la
Avenida Colombia a la altura del monumento a Bolívar”. Ibíd., 59.
42. Ibíd., 60.
43. Ibíd., 63.
Procesos 44, julio-diciembre 2016 57
tidos.
44
El segundo círculo debía envolver el interno, con una dirección de
tránsito contrario. Sus límites estaban expuestos por las calles Olmedo por
el norte, la Bolívar por el sur, la Flores por el este, mientras que por el oeste
se cerraba con la Cuenca.
45
Estos dos circuitos debían estar vinculados a la
vez al “gran círculo de tránsito”, entre las arterias Imbabura, 24 de Mayo y
Flores.
46
Con esta lógica de circunvalación emergía una división entre aquello a
su interior que sería el centro histórico protegido, y lo que se hallaba fuera
de este “cinturón periférico” de resguardo, como queda mencionado en una
nota de prensa de inicios de 1966 anunciando ya los alcances que tendría el
nuevo Plan.
47
eL Caso de Lagarganta de san bLas
Uno de los sectores más impactados por la planicación vial fue sin
duda el barrio San Blas; el área más afectada comprendía especícamente la
llamada “garganta” debido a su estrechez. “La ciudad de Quito es como un
‘reloj de arena’ donde se expande hacia el norte y se expande hacia el sur,
y la parte más estrecha es precisamente San Blas”, explica Carlos Pallares.
48
Al ser la puerta de entrada al centro histórico,
49
en este barrio conuían dos
44. Los límites de este círculo quedaban expuestos como sigue: “por el norte con la
calle Mejía, por el Sur con la calle Sucre, por el Este con la Guayaquil y por el oeste por
la calle Benalcázar; el sentido del tránsito en este perímetro que envuelve el núcleo ele-
mental, será de izquierda a derecha, en el sentido de las agujas del reloj, con el objeto de
recibir el impacto del tránsito de la calle Vargas en el sentido norte-sur y sacarlo en forma
tangente a este primer círculo, por sobre la Guayaquil, hasta la Av. 24 de Mayo, y, por esta
al sur de la ciudad”. Ibíd., 63-64.
45. A ello se añade: “Tiene pues circulación de tránsito en sentido contrario a las agu-
jas del reloj, absorbe a diferentes niveles, la esquina de Guayaquil y Olmedo, el tránsito
que viene por la Guayaquil, 10 de Agosto y Av. Colombia en sentido norte-sur y lo hace
subir por la calle Olmedo, pasando bajo la García Moreno, tomaría la Cuenca y siempre
de izquierda a derecha, bajaría por la Bolívar, para, atravesando Santo Domingo, tomar la
Flores hasta cerrar el círculo mencionado”. Ibíd., 64.
46. Ibíd.
47. En esta nota se anunciaban como límites de este cinturón las siguientes arterias:
Manabí, Imbabura, 24 de Mayo y Montúfar. “Quito tendrá pronto nueva planicación”, El
Comercio (Quito), 18 de enero de 1966: 14.
48. Carlos Pallares Sevilla (arquitecto), en conversación con la autora, 12 de octubre
de 2016.
49. Según Elena Noboa, San Blas constituye uno de los sectores del CHQ que más
transformaciones espaciales y sociales ha experimentado debido, posiblemente, a su
posición de cono que abre el centro de la ciudad hacia las zonas más amplias del norte.
Procesos 44, julio-diciembre 201658
tiempos: el de un futuro modernizador, anunciado en el Plan Regulador en
cuanto al sector bancario y comercial de La Alameda, y el de un pasado, en
tanto hacía las veces de frontera con la ciudad antigua.
En esta estrecha “garganta” se levantaba la plaza de San Blas,
50
que suma
a la vez de parqueadero de automóviles y donde se hallaba también el edi-
cio de la Biblioteca Nacional.
51
Según Pallares, hasta 1968 esta plaza mantu-
vo un paramento cerrado hacia el centro, interrumpido desde cuatrocientos
años atrás por los tres accesos de las calles Guayaquil, Fermín Cevallos y
Montúfar.
52
Por el lado este, con dirección al Itchimbía, se encontraba la pla-
za España donde se ubicaban la iglesia y el “mercado barato”; y hacia el
norte, al iniciar el parque de La Alameda, estaba la plaza Bolívar en cuyo
entorno se desarrolló el pujante sector bancario de ese tiempo.
La estrechez de estos tres accesos que formaban la “garganta de San
Blas” fue vista como un punto problemático por el alto congestionamien-
to vehicular que producía. De allí que las quejas se hicieron evidentes para
pedir una búsqueda de soluciones. En un editorial publicado en marzo de
1966, un año antes de emitirse el Plan Director, se hizo pública la voz de exi-
gencia alertando sobre la necesidad de medidas urgentes:
Ningún arreglo de tipo administrativo será válido si no se toman medidas que
atañen a la eliminación de los embotellamientos o gargantas como la de la calle
Guayaquil, entre los varios impedimentos topográcos que tipican a esta ciu-
dad, mediante túneles o pasos altos, ensanchamiento de calles a la zonicación,
es decir la racionalización del crecimiento de la ciudad, evitando también con-
centraciones que hacen más precaria o imposible cualquier solución.
53
La solución propuesta más tarde en el Plan Director contempló la creación
de dos ejes para la circulación; por uno de ellos debía pasar el transporte co-
lectivo, accediendo al centro histórico por la calle Guayaquil. Mientras, por
el otro eje se conducía al tránsito liviano particular por una vía a adecuarse
con dirección norte, sin que tuviera contacto directo con el centro histórico.
“Para este tránsito se necesita una vía que no sea tan extrema y dicultosa
como lo es actualmente la vía oriental, pero que tenga tránsito a velocidad
Elena Noboa, “San Blas, origen y destino”. En Patrimonio de Quito, n.
o
04 (abril 2007): 90.
50. Pallares señala como límites de la “garganta”, la loma de Itchimbía por el este, y
por el oeste la loma de San Juan. Carlos Pallares, “San Blas, puerta de Quito”. En Patrimo-
nio de Quito, n.
o
04 (abril 2007): 74.
51. Según recuerda un poblador de San Blas, junto a la Biblioteca Nacional estaban
ubicados algunos bazares y el control de taxis y camionetas. Gonzalo Cruz (morador de
San Blas), en conversación con la autora, 23 de junio de 2015.
52. Pallares, “San Blas, puerta de Quito”, 79.
53. “Urbanismo y tránsito”, El Comercio (Quito), 23 de marzo de 1966: 4.