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de una educación práctica, que las hiciera capaces de valerse por sí mismas
mediante el trabajo, hasta las declaraciones de la necesidad de protegerlas de
sí mismas y enseñarles a ser buenas amas de casa, en lo cual coincidían con
el concepto religioso que sobre ellas se tenía.
En este contexto, la autora encuentra que la principal novedad que plan-
tearon los liberales-radicales para la educación de las mujeres estuvo cen-
trada en un esfuerzo liberal paternalista de usar la instrucción pública como
una herramienta para facilitar el tránsito de las mujeres de lo privado a lo
público, donde se mezclaban tanto las necesidades estatales de ingreso de
fuerza laboral femenina a su servicio como las concepciones morales de evi-
tar su “degradación moral” por medio del trabajo, como instrumento laico y
práctico que les permitiera tener un derrotero distinto al planteado para ellas
desde la Iglesia católica. En esa medida el trabajo se consideró como una éti-
ca social distinta, la cual –de acuerdo con Orquera– es la mayor originalidad
de la agenda liberal radical, aunque no pasó de ser un sueño.
La agenda educativa en el período liberal: 1895-1912 pone en relación las
fuentes y los conceptos que se trabajan para exponerlas. En ese sentido, se
trata de un trabajo riguroso que rompe con las concepciones tradicionales de
una historiografía liberal muy ideológica, que ha sostenido la originalidad
de la acción educativa de los liberales radicales y ha exagerado los alcances
de la Revolución Liberal en la implantación de la educación laica. No obstan-
te, el trabajo –que sí considera la parte previa a la implementación– reque-
riría de una ampliación hacia años posteriores del siglo XX, donde sea posi-
ble encontrar el momento en que la instrucción pública femenina empieza a
hacerse efectiva y facilite reexionar sobre las condiciones que permitieron
al Estado tener mayor inuencia sobre las mujeres, al dejar de ser estas una
periferia social. De todas maneras, ese tránsito permitiría también analizar
el desarrollo del Estado como institución y tener mayores luces sobre la rela-
ción de distintos gobiernos y la ejecución de dichos proyectos en la práctica.
Fernando López Romero
Universidad Central del Ecuador
víCtor villanUeva. la mina y otros relatos. lima:
elefante azUl, 2013, 302 PP.
La situación de pobreza y de injusticia social que vivía la sociedad pe-
ruana de la primera mitad del siglo XX dieron vida a La mina y otros relatos.
Esta obra se escribió en un contexto en el cual no se había logrado instaurar
un efectivo Estado de derecho capaz de proteger a sus ciudadanos, campesi-
nos, obreros, trabajadores, hombres, mujeres y niños de los abusos ocurridos
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dentro de un tipo de economía extractivista y cuasi-feudal, basada en la mi-
nería pero también fuertemente vinculada al agro.
En este ambiente, Víctor Villanueva (1902-1990) buscó retratar la reali-
dad de la sociedad peruana a través de una serie de cuentos escritos con
un toque de costumbrismo, de realismo y en algunos momentos adornados
incluso con el brillo del relato mágico. Además de hacer un registro histórico
con nes estéticos, el autor también buscó hacer una denuncia social, y pro-
bablemente este sea el mayor aporte del libro. Es interesante que esta sen-
sibilidad por lo social haya despertado la voluntad de un ocial militar por
escribir este libro; sin embargo, Villanueva no solo fue un ocial del ejército
sino que además se caracterizó por ser un sagaz observador político.
Efectivamente, su agudeza para el análisis del poder tenía relación con
su vocación y activismo, que se evidencia en su compromiso con el pen-
samiento socialista de la época, en su colaboración con el APRA, y en su
cercano trabajo con el propio Víctor Haya de la Torre,
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quien se consagró
como el líder histórico de ese partido. Si bien su activismo político le per-
mitió conocer al APRA por dentro, es decir, sus contradicciones, traiciones,
desacuerdos y las componendas y arreglos poco claros del partido, su ación
y talento por la escritura lo llevaron a narrar estos acontecimientos que mu-
chas veces ocurren detrás del telón.
Después de su carrera como ocial del ejército y varios años en la prisión
y el exilio por su participación en una rebelión popular en 1948, Villanue-
va hizo un trabajo periodístico y de análisis de la historia política de Perú,
concentrándose en el papel que jugaron las Fuerzas Armadas Peruanas en
el destino de esta nación. Sus observaciones y sus reexiones se reejan en
sus 16 obras sobre asuntos político-militares, entre las que se destacan, La
tragedia de un pueblo y un partido. El militarismo en el Perú, el APRA y el Ejército
(1962), Un año bajo el sable (1963), ¿Nueva mentalidad militar en el Perú? (1969),
100 años del ejército peruano. Frustraciones y cambios (1972), El CAEM y la re-
volución de la fuerza armada (1972) y el Ejército peruano: del caudillaje anárquico
al militarismo reformista (1973). También fue autor de varios artículos publi-
cados en revistas peruanas e internacionales (aunque en muchas de estas
utilizó un seudónimo para la publicación). No es de sorprender que, con esta
trayectoria como activista y analista político, Villanueva haya vivido en el
exilio y que más de una vez haya caído preso por cuestiones políticas.
Ahora bien, La mina y otros relatos es una obra distinta de aquellas que Vi-
llanueva realizó previamente, debido a que es su único trabajo de cción. Fue
escrita a nes de la década de 1950, aunque su publicación se realizó apenas
1. Alianza Popular Revolucionaria Americana. Haya de la Torre, fundador del APRA
y líder del Partido Aprista Peruano.
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en el año de 2013, más de diez años luego de su muerte. El libro constituye
un compendio de 32 cuentos, divididos en tres secciones: la primera ocupada
enteramente por el cuento que lleva por nombre “La mina”, que es el texto
más importante y más extenso de todo el libro. La segunda sección se de-
nomina “Cuentos”, está conformada por 14 relatos cortos de diversa índole,
compuesta por unas pocas moralejas y otros cuentos más elaborados; quizá
este sea el segmento menos logrado del libro. Finalmente, la tercera parte,
denominada “El Panóptico”, contiene una serie de relatos relacionados con la
vida en prisión y con las experiencias de personajes que han pasado por ella.
Villanueva se encargó de narrar las historias con diálogos cortos, y des-
cripciones breves, capaces de transportar al lector al lugar mismo de la his-
toria; de hecho, en algunos pasajes el lector podría estar acompañado de la
sensación de morder polvo, o de ser invadido por la indignación generada por
el cometimiento de abusos contra varios de los personajes que representan la
clase más pobre de la sociedad, y también la más vulnerable. Probablemente,
lo vívido de las descripciones, de las tramas y las polémicas narradas sea el
resultado de una combinación entre el buen manejo del lenguaje y de las
propias experiencias de vida del autor.
“La mina” es el relato más extenso del libro. En este cuento se narran
condiciones y conictos poco tratados en la literatura peruana y en general
de países como Colombia, Ecuador y Bolivia. De hecho, tanto en el Perú
como en los otros países que están atravesados por la cordillera de los An-
des, las condiciones de vida y de explotación de los trabajadores mineros
han sido invisibilizadas; en estas circunstancias, “La mina” cobra un valor
histórico como una descripción de la verticalidad del mundo, de ese mundo
y de esa época. Además, desde una perspectiva de tipo sociológica, Villanue-
va, de manera inconsciente, habla sobre la interseccionalidad del poder y de
la exclusión; es decir, el autor tiene la sensibilidad para captar un mundo
social que no solo se divide entre abusados y abusadores, sino que logra
superar las clasicaciones binarias, para proponer que el ejercicio del poder,
y con él sus abusos, puede y se ejerce efectivamente también al interior de
los grupos débiles, planteando que, en un sistema donde el abuso es ley, las
víctimas también pueden convertirse en victimarios.
El valor de “La mina” como relato histórico también tiene una dimen-
sión actual. Es así que, ante la expansión de la actividad minera en la región
andina, este cuento se convierte en un reejo que es preciso mirar para elu-
dir la reproducción de la precariedad existente en ese sistema de explota-
ción, para buscar mecanismos alternativos para solucionar la conictividad
socioambiental derivada, y también para desarticular aquellas alianzas con
capitales extranjeros cuyo modo de funcionamiento desprovee a los más po-
bres y enriquece a los más ricos.
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En las secciones denominadas “Cuentos” y “El Panóptico”, la voluntad
de denuncia de la injusticia se repite. La sección “Cuentos” se caracteriza
por tener una dosis mayor de magia que de realismo en la propuesta, algu-
nos relatos se asemejan a las fábulas, por su vocación moralizadora; otros,
se distinguen por poner sobre la mesa las contradicciones sociales, incluso
aquellas contenidas en el ejercicio militar, como ocurre en este pasaje del
cuento “El soldado”, referido al último de día de conscripción: “El soldado
está un poco triste. Ya no llevará el uniforme que le permitía audacias con las
mujeres e insolencias con los hombres. Justo cuando aprendió a despreciar a
los paisanos, vuelve a ser paisano a su vez”.
En la parte dedicada al panóptico se agrupan los relatos relacionados
con la cárcel, y de manera alternada también se narran historias de campe-
sinos y de cómo estos han ido perdiendo sus tierras, a manos de los grandes
capitales y de los proyectos modernizadores, y de cómo algunos de ellos han
terminado en prisión. En esta sección, la nostalgia por las tierras perdidas es
un elemento común, que se acentúa con el estado de precariedad que gana
el campesinado al ser desprovisto de los bosques, páramos, ríos y cultivos
que le pertenecieron de manera ancestral. Los relatos muestran el dolor de
la desposesión, de la injusticia, del desamparo, pero al mismo tiempo reivin-
dican la cultura indígena y sus valores. Estos cuentos son novedosos porque
abordan una problemática casi ausente en la literatura andina, y especial-
mente porque incorporan una mirada desde abajo, desde el preso, desde el
que delinque. Lo que hace Villanueva en este segmento es concederle voz
a los abusados y a los privados de la libertad, a los que la sociedad calla en
nombre de la justicia. Especialmente en los cuentos de la prisión, sin propo-
nérselo, Villanueva invita a una nueva lectura del delito y del delincuente,
dentro de un contexto y de una estructura social, económica y política que,
en denitivas cuentas, es la que condiciona su comportamiento.
Víctor Villanueva logra proponer a través de sus cuentos lecturas alter-
nativas a situaciones comunes en América Latina y en la región andina, con-
centra su mirada en la base social, reivindica valores culturales y sociales,
denuncia la injusticia. Su sensibilidad es inusual para ser un ocial de las
Fuerzas Armadas, y sus ideales de progresismo son en el fondo más socia-
listas que los de muchos otros. Recomendada lectura porque constituye un
reejo de lo que fuimos y lo que hicimos y de lo que deberíamos cambiar.
Carla Álvarez Velasco
Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN)
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