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se enfrentan al problema de la escasez de fuentes que permitan recomponer,
por piezas, el panorama de la insurgencia.
A ello se suma el tono partidista de las narrativas sobre la revolución,
tramadas más como gloricación del papel de los camaradas del MNR que
como esfuerzo interpretativo. Desproporción historiográca en la que so-
bran argumentos estructurales (en la interpretación marxista más tradicio-
nal) o explicaciones sociológicas ante el décit en el acercamiento a las situa-
ciones locales de sus participantes: de lo accidental (en el sentido de ruptura)
frente a la homogeneidad que presupone el relato ocial. Ello justica, al
decir de Murillo, optar por fuentes marcadas por lo subjetivo y lo arbitrario
en una tarea por relievar los accidentes que presupone el estudio en escala
micro, de un acontecimiento con implicaciones más amplias.
No obstante, algunos hilos narrativos pudieron anudarse de mejor ma-
nera si se hubiese incluido, en la reconstrucción testimonial de los combates,
las referencias más cercanas a los sectores políticos bolivianos inmersos en el
conicto o a las memorias de los militares. Ello permitiría aquilatar de mejor
manera la “divergencia en el testimonio” entre sectores populares, castren-
ses y elites políticas, o referir pasajes especícos de los trabajos de historia
ocial a los que alude el autor en las páginas iniciales, a efectos de contrastar
aquellos episodios del conicto a los que aluden los testimonios.
Estos aspectos no desdibujan el trabajo con fuentes orales al que nos
acercamos en esta reseña que, de suyo, mantiene la característica de “encar-
nar” el conicto social en una parte de sus actores.
Santiago Cabrera Hanna
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
Katerinne orQUera PolanCo. la agenda edUcativa en el Período
liberal-radical, 1895-1912. QUito. Universidad andina
simón Bolívar / CorPoraCión editora naCional, 2015, 94 PP.
El libro presenta una investigación histórica basada en fuentes primarias
ociales y trabajada con las categorías de la historia del Estado, con el propó-
sito de contrastar la agenda pública con las prácticas gubernamentales entre
1895 y 1912, el llamado período liberal-radical, en cuanto tiene que ver con
la instrucción primaria en general y la que se buscó impartir a las mujeres,
en particular. Esta es la pregunta que anima el relato.
En la introducción, la autora explica que su investigación intenta llenar lo
que considera un vacío en la historiografía ecuatoriana, esto es: una investiga-
ción más profunda de cuáles fueron los proyectos que se plantearon los liberales
radicales que llegaron al poder en 1895, luego de la revolución; así como cuál fue
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la posibilidad real de ejecución que tuvieron esos proyectos. Con esos propósi-
tos en mente, Orquera usa dos conceptos que le ayudan a analizar el tema. Por
un lado está la idea de “agenda pública”, tomada del historiador colombiano
Armando Martínez, y entendida como un conjunto de acciones a ser ejecutadas
por una persona o un grupo de personas dotados de cierto poder dentro de un
Estado; y, por el otro, el concepto de “periferia social”, de Juan Maiguashca, me-
diante el cual se busca dar sentido a los grupos que, aun perteneciendo de for-
ma efectiva a una comunidad política, no han sido formalmente reconocidos ni
puestos bajo el control estatal. Esta visión conceptual adquiere forma mediante
la utilización de documentación primaria como informes presidenciales, minis-
teriales, debates parlamentarios y legislación del período de estudio, así como
del Código Civil aprobado a mediados del siglo XIX en el Ecuador.
Es precisamente con el Código que inicia el análisis de la autora, quien
realiza una comparación entre el realizado por Andrés Bello, en Chile, y el
texto adoptado en el Ecuador, con algunas modicaciones, en las cuales Or-
quera registra cambios que le parecen relevantes para describir las condi-
ciones en las cuales vivían las mujeres para la época en la cual realiza su
estudio, pues era el único instrumento jurídico en el cual ellas eran sujeto de
ley, pues, al referirse al ámbito privado, este cuerpo legal les generaba tanto
obligaciones como derechos, en un espacio que, de acuerdo con el análisis
presentado, parecería ser de mayor libertad que el original chileno, aunque
dentro del mismo contexto de lo que para inicios del siglo XX se esperaba de
las mujeres en el ámbito social.
Una vez ubicado el marco jurídico en el cual se normaba la vida privada
de las mujeres, Orquera busca reconstruir el contexto histórico para desple-
gar los conceptos de agenda pública y de periferia social, en diálogo tanto
con las fuentes primarias como con trabajos previos realizados por autores
como Enrique Ayala Mora, Emanuelle Sinardet, Rosemarie Terán Najas, So-
nia Fernández, Ana María Goestschel, Martha Moscoso y Kim Clark. A partir
de ello busca trabajar especícamente en el ámbito de la instrucción pública
primaria del período de referencia, esto es, entre 1895 y 1912. Encuentra, por
ejemplo, que la Ley de Instrucción Pública aprobada por los liberales-radica-
les en 1897 no correspondió a su elaboración, sino que fue adoptada de una
que, previamente, habían elaborado los Progresistas, expulsados del poder
por la revolución alfarista. Además, explica que el laicismo no fue adoptado
sino hasta 1905, en el gobierno de Lizardo García, derrocado el primer día
del año siguiente por su coideario, el general Eloy Alfaro, quien en condición
de Jefe Supremo emitió una nueva Ley, es decir, que esta no fue debatida en
el Congreso. A partir de dicha fecha, la autora muestra, mediante el examen
de informes ministeriales, cómo se confrontaron los proyectos del gobierno
liberal-radical con la realidad económica y social del país.
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El estudio naliza con el análisis especíco de lo ocurrido con la edu-
cación femenina en la etapa liberal-radical, para lo cual Orquera revisa la
incursión de los liberales-radicales en la periferia social que para ellos cons-
tituían las mujeres y muestra cómo estos políticos intentaron crear un nuevo
paradigma, en contradicción directa con la Iglesia católica, referido al tra-
bajo como la verdadera “salvaguardia” de la mujer. Sin embargo, la autora
también deja claro que dicho conicto estuvo más en el discurso que en los
hechos, pues los liberales-radicales no pudieron llevar a cabo una educación
femenina laica durante su período, sino que esta se mantuvo regida por la
Iglesia. Entre otras cosas, se muestra que el gobierno liberal-radical no solo
que mantuvo las escuelas femeninas en manos de las monjas, sino que ade-
más celebraron contratos con diversas comunidades para que se hicieran
cargo tanto de escuelas existentes como de otras que ellos estaban creando,
pues consideraban que no tenían las habilidades para ejercer el control que
las comunidades religiosas tenían sobre las niñas.
A partir de su trabajo con fuentes primarias, Orquera concluye que la
agenda liberal-radical para la instrucción pública no fue una ruptura con
lo que se había realizado hasta entonces por parte del Estado, sino que co-
rrespondió a una visión republicana del mundo que se había instalado en
el Ecuador desde la Independencia y dentro de la cual la acción educativa
de estos políticos constituyó una continuidad de lo realizado ya por los go-
biernos anteriores, pues, pese al discurso de radicalidad y a una agenda que
pretendía cambios profundos para la educación femenina, esta se vio limi-
tada por la realidad de un Estado que aún no había logrado penetrar en esa
periferia social que, para entonces, eran las mujeres.
Adicionalmente, la autora encuentra que la implementación de esta
agenda educativa entre 1895 y 1912 fue problemática por varias razones: la
falta de recursos humanos, la escasez de capital, el cual se dedicaba en su
mayor parte a la manutención del ejército, así como a la inestabilidad polí-
tica nacional e internacional; pero señala que, más allá de la existencia real
de estas dicultades, se registra una falta de eciencia en la ejecución de su
agenda por parte de los liberales-radicales y sus cuadros burocráticos, pues,
aunque contaban con ideólogos como José Peralta, entre otros ministros del
área, la gestión no fue una de sus virtudes en el momento de tomar el poder.
Al referirse de manera especíca a la educación femenina, Orquera ar-
ma que, en el conicto que se planteó entre la Iglesia y el Estado, este últi-
mo parecería ser el vencedor, si se atiende a su discurso y a la creación de
nuevas escuelas, pero esto queda en duda al comprobarse que el Estado no
contaba con los recursos humanos para llevar adelante la educación de las
niñas y tampoco tenía exacta idea de lo que se esperaba de las mujeres, pues
su discurso respecto a la educación que debía impartírseles iba desde la idea
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de una educación práctica, que las hiciera capaces de valerse por sí mismas
mediante el trabajo, hasta las declaraciones de la necesidad de protegerlas de
sí mismas y enseñarles a ser buenas amas de casa, en lo cual coincidían con
el concepto religioso que sobre ellas se tenía.
En este contexto, la autora encuentra que la principal novedad que plan-
tearon los liberales-radicales para la educación de las mujeres estuvo cen-
trada en un esfuerzo liberal paternalista de usar la instrucción pública como
una herramienta para facilitar el tránsito de las mujeres de lo privado a lo
público, donde se mezclaban tanto las necesidades estatales de ingreso de
fuerza laboral femenina a su servicio como las concepciones morales de evi-
tar su “degradación moral” por medio del trabajo, como instrumento laico y
práctico que les permitiera tener un derrotero distinto al planteado para ellas
desde la Iglesia católica. En esa medida el trabajo se consideró como una éti-
ca social distinta, la cual –de acuerdo con Orquera– es la mayor originalidad
de la agenda liberal radical, aunque no pasó de ser un sueño.
La agenda educativa en el período liberal: 1895-1912 pone en relación las
fuentes y los conceptos que se trabajan para exponerlas. En ese sentido, se
trata de un trabajo riguroso que rompe con las concepciones tradicionales de
una historiografía liberal muy ideológica, que ha sostenido la originalidad
de la acción educativa de los liberales radicales y ha exagerado los alcances
de la Revolución Liberal en la implantación de la educación laica. No obstan-
te, el trabajo –que sí considera la parte previa a la implementación– reque-
riría de una ampliación hacia años posteriores del siglo XX, donde sea posi-
ble encontrar el momento en que la instrucción pública femenina empieza a
hacerse efectiva y facilite reexionar sobre las condiciones que permitieron
al Estado tener mayor inuencia sobre las mujeres, al dejar de ser estas una
periferia social. De todas maneras, ese tránsito permitiría también analizar
el desarrollo del Estado como institución y tener mayores luces sobre la rela-
ción de distintos gobiernos y la ejecución de dichos proyectos en la práctica.
Fernando López Romero
Universidad Central del Ecuador
víCtor villanUeva. la mina y otros relatos. lima:
elefante azUl, 2013, 302 PP.
La situación de pobreza y de injusticia social que vivía la sociedad pe-
ruana de la primera mitad del siglo XX dieron vida a La mina y otros relatos.
Esta obra se escribió en un contexto en el cual no se había logrado instaurar
un efectivo Estado de derecho capaz de proteger a sus ciudadanos, campesi-
nos, obreros, trabajadores, hombres, mujeres y niños de los abusos ocurridos
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dentro de un tipo de economía extractivista y cuasi-feudal, basada en la mi-
nería pero también fuertemente vinculada al agro.
En este ambiente, Víctor Villanueva (1902-1990) buscó retratar la reali-
dad de la sociedad peruana a través de una serie de cuentos escritos con
un toque de costumbrismo, de realismo y en algunos momentos adornados
incluso con el brillo del relato mágico. Además de hacer un registro histórico
con nes estéticos, el autor también buscó hacer una denuncia social, y pro-
bablemente este sea el mayor aporte del libro. Es interesante que esta sen-
sibilidad por lo social haya despertado la voluntad de un ocial militar por
escribir este libro; sin embargo, Villanueva no solo fue un ocial del ejército
sino que además se caracterizó por ser un sagaz observador político.
Efectivamente, su agudeza para el análisis del poder tenía relación con
su vocación y activismo, que se evidencia en su compromiso con el pen-
samiento socialista de la época, en su colaboración con el APRA, y en su
cercano trabajo con el propio Víctor Haya de la Torre,
1
quien se consagró
como el líder histórico de ese partido. Si bien su activismo político le per-
mitió conocer al APRA por dentro, es decir, sus contradicciones, traiciones,
desacuerdos y las componendas y arreglos poco claros del partido, su ación
y talento por la escritura lo llevaron a narrar estos acontecimientos que mu-
chas veces ocurren detrás del telón.
Después de su carrera como ocial del ejército y varios años en la prisión
y el exilio por su participación en una rebelión popular en 1948, Villanue-
va hizo un trabajo periodístico y de análisis de la historia política de Perú,
concentrándose en el papel que jugaron las Fuerzas Armadas Peruanas en
el destino de esta nación. Sus observaciones y sus reexiones se reejan en
sus 16 obras sobre asuntos político-militares, entre las que se destacan, La
tragedia de un pueblo y un partido. El militarismo en el Perú, el APRA y el Ejército
(1962), Un año bajo el sable (1963), ¿Nueva mentalidad militar en el Perú? (1969),
100 años del ejército peruano. Frustraciones y cambios (1972), El CAEM y la re-
volución de la fuerza armada (1972) y el Ejército peruano: del caudillaje anárquico
al militarismo reformista (1973). También fue autor de varios artículos publi-
cados en revistas peruanas e internacionales (aunque en muchas de estas
utilizó un seudónimo para la publicación). No es de sorprender que, con esta
trayectoria como activista y analista político, Villanueva haya vivido en el
exilio y que más de una vez haya caído preso por cuestiones políticas.
Ahora bien, La mina y otros relatos es una obra distinta de aquellas que Vi-
llanueva realizó previamente, debido a que es su único trabajo de cción. Fue
escrita a nes de la década de 1950, aunque su publicación se realizó apenas
1. Alianza Popular Revolucionaria Americana. Haya de la Torre, fundador del APRA
y líder del Partido Aprista Peruano.
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