El tratado secreto del Barón de Río Branco:
la alianza entre Brasil y Ecuador, 1904*
The Baron of Rio Branco’s Secret Treaty: the Alliance
between Brazil and Ecuador, 1904
Luís Cláudio Villafañe G. Santos
Instituto Histórico e Geográco do Brasil
l_c_villafane@yahoo.com
Procesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 43 (enero-junio 2016), 149-167. ISSN: 1390-0099
* Publicado originalmente en portugués en Cadernos do CHDD, n.
o
27 (segundo se-
mestre de 2015): 441-471. Traducción de Sabrina Duque Villafañe Santos. Revisión de San-
tiago Cabrera Hanna.
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RESUMEN
Es casi desconocida en las historiografías de Brasil y Ecuador la
existencia de un tratado militar secreto entre ambos países, rmado
el 5 de mayo de 1904, dirigido contra las pretensiones territoriales de
Perú. El artículo estudia una creciente tensión entre Brasil y Perú, que
disputaban un área de 442 mil kilómetros cuadrados en la Amazonía.
Por iniciativa del Barón de Río Branco, se rmó un tratado secreto
de alianza militar entre Brasil y Ecuador. Si bien este acuerdo no fue
raticado por los países rmantes, fue de suma importancia para
forzar al gobierno peruano a iniciar negociaciones con Brasil, que
años más tarde resultaron en el tratado de límites entre los dos países.
Palabras clave: Historia política, relaciones internacionales,
tratados de límites, Ecuador, Brasil, Perú, Amazonía,
Barón de Río Branco, siglo XX.
ABSTRACT
It is almost unknown in Brazil and Ecuador historiographies the
existence of a secret military treaty between the two countries, signed
on May 5, 1904, directed against the territorial claims of Peru. The
article examines a growing tension between Brazil and Peru, which
fought over an area of 442,000 square kilometers in the Amazon.
Ecuador also had undened limits with Peru. At the initiative of the
Barón de Rio Branco, a secret military alliance treaty between Brazil
and Ecuador was signed. While this agreement was not ratied by
the signatory countries, it was of utmost importance to force the
Peruvian government to open negotiations with Brazil, which years
later resulted in the boundary treaty between the two countries.
Keywords: Political history, International relations, boundary treaties,
Ecuador, Brazil, Peru, Amazonia, Baron de Rio Branco, 20th Century.
Luís Cláudio Villafañe G. Santos
Diplomático e historiador. Doctor en Historia por la Universidade de Brasília.
Ha sido profesor visitante en el doctorado de Historia
de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.
Es autor de varios libros sobre la historia de la política exterior brasileña,
entre los cuales consta El Imperio del Brasil y las Repúblicas
del Pacíco 1822-1889 (2007).
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introduCCión
El 5 de mayo de 1904, el plenipotenciario ecuatoriano en Río de Janeiro,
Carlos Rodolfo Tobar, rmó con el canciller brasileño, Barón de Río Branco,
un tratado secreto de alianza militar con el objetivo de “prevenir o repeler,
según los casos, cualquier agresión de parte del gobierno del Perú y oponer-
se a que este pretenda ocupar, administrativa o militarmente, cualesquiera
territorios de los que no estuvo en posesión cuando se separó de España, y
sobre los cuales una u otra de las Altas Partes Contratantes crean tener dere-
cho”. Para no dejar dudas sobre el carácter del acuerdo, el segundo artículo
del convenio determinaba que Brasil y Ecuador “concurrirán con todos los
medios de guerra de que puedan disponer, a medida de las necesidades, y
concertarán en el momento oportuno su acción militar, tanto de parte del
Océano Pacíco, como de parte del Amazonas”.
Al día siguiente de la rma del pacto secreto Río Branco-Tobar, el 6 de
mayo, los dos diplomáticos rmaron –esta vez en público– un tratado de
límites entre Brasil y Ecuador para regular las fronteras que las dos naciones
tendrían, en caso de que el país andino obtuviese la soberanía del área que
compone actualmente el norte del Perú. Así, se apartaba la posibilidad de
una futura discordia entre los dos nuevos aliados y se daba una muestra pú-
blica de entendimiento entre dos de los cinco vecinos que mantenían litigios
territoriales con Lima.
Aquella alianza podía haber generado un conicto armado, que podía
extenderse potencialmente por el continente e involucrar, además de los tres
países, a Chile, a Bolivia y, tal vez, a Argentina. A pesar de ello, el “Tratado
de Alianza entre la República de Ecuador y la de los Estados Unidos del Bra-
sil” es prácticamente desconocido por las historiografías brasileña y ecuato-
riana. Los historiadores peruanos, en contraste, ya registraron la existencia
del convenio, comenzando por Jorge Basadre, quien exploró el tema en el
tomo XII de su obra monumental Historia de la República del Perú, de 1968.
1
Autores contemporáneos, como Fabián Novak, también discutieron la cues-
tión.
2
La rma de ese tratado y sus posibles consecuencias, sin embargo, aún
carecen de un tratamiento más profundo con base en los documentos y en
las discusiones historiográcas en Brasil y en Ecuador.
1. Jorge Basadre, Historia de la República del Perú 1822-1933, t. XII (Lima: Universitaria,
1968).
2. Fabián Novak, As Relações entre Peru e Brasil, 1826-2012 (Río de Janeiro: Konrad
Adenauer, 2013).
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la diplomaCia seCreta en sudamériCa
La tragedia de la Primera Guerra Mundial creó un consenso interna-
cional sobre los males de la diplomacia secreta y ya en 1919 la Liga de las
Naciones, en su artículo 18, estableció el principio de la publicidad de los
tratados internacionales. La Carta de las Naciones Unidas, adoptada el 26 de
junio de 1945, reforzó ese principio y determinó que los tratados celebrados
debían ser registrados en la Secretaría de la propia ONU y publicados para
que puedan ser invocados frente a los órganos de la organización. Hoy en
día, además de la directriz de la ONU, los ajustes internacionales siguen lo
establecido en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, r-
mada el 23 de mayo de 1969, que refuerza la obligatoriedad de la publicidad
de los actos internacionales.
Hasta el n de la Primera Guerra, sin embargo, era práctica recurrente
la celebración de tratados secretos, en especial en lo que se reere a alianzas
militares defensivas u ofensivas. América del Sur no escapó a dicha política
e, inclusive, los dos mayores conictos militares de la historia del continente
están marcados por la existencia de pactos secretos que denieron el rumbo
de los acontecimientos. El acuerdo entre Brasil, Argentina y Uruguay contra
Paraguay fue estatutario, por iniciativa brasileña, por el Tratado de la Triple
Alianza, rmado el 1 de mayo de 1865. Su artículo 18 decía inequívocamen-
te: “Este Tratado se conservará secreto hasta que se consiga el n principal
de la alianza”. También en la Guerra del Pacíco (1879-1883), la alianza entre
Bolivia y Perú, que enfrentó a Chile, tuvo origen en un convenio secreto
celebrado el 6 de febrero de 1873. Un artículo adicional al texto del acuerdo
determinaba que continuaría secreto “mientras las dos Altas Partes contra-
tantes, de común acuerdo, no estimen necesaria su publicación”.
Los secretos, sin embargo, son difíciles de mantener y, en ambos casos,
los términos de los tratados acabaron por ser rápidamente conocidos por ter-
ceros. La divulgación del texto del Tratado de la Triple Alianza causó dicul-
tades diplomáticas para los aliados, pues rindió protestas generalizadas en
el continente, en especial por cuenta de las cláusulas que denían los límites
territoriales que Paraguay tendría con sus opositores. El Tratado de Alianza
entre Bolivia y Perú, a su vez, acabó por conocerse mucho antes del inicio
de la guerra contra Chile.
3
Los dos contratantes buscaron atraer a Argentina
a la alianza y la discusión de la propuesta en sesión secreta del Congreso
3. Discuto ese tema en detalle en Luís Cláudio Villafañe G. Santos. O Império e as Repú-
blicas do Pacíco - as relações do Brasil com Chile, Bolívia, Peru, Equador e Colômbia (1822-1889)
(Curitiba: UFPR, 2002), 115-120.
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argentino alarmó a Brasil y a Chile, que buscaron descubrir lo que estaba
siendo negociado entre los tres países. El plenipotenciario brasileño en Bue-
nos Aires, el barón de Araguaia, recibió instrucciones para interpelar “deli-
cadamente al gobierno argentino, en conferencia verbal y hasta por escrito,
si las circunstancias aconsejaren este paso más franco, sobre las noticias, que
circulan, de que las sesiones secretas del Congreso tienen por objeto medidas
de prevención contra Brasil”. Los representantes brasileños en Lima, La Paz
y Santiago fueron igualmente instruidos para investigar la hipótesis de que
estuvieran siendo urdidas alianzas contra el Imperio.
4
El barón de Araguaia conrmó las sospechas brasileñas de que el “ob-
jeto de las sesiones secretas fue con efecto un proyecto de alianza ofensiva
entre la República Argentina, Bolivia y Perú, presentado por el señor Tejedor
[ministro de Relaciones Exteriores argentino] como siendo propuesto por
Bolivia”.
5
El ministro chileno en Buenos Aires, Alberto Blest Gana, informó a
su gobierno en el mismo sentido, pero dando a entender que el arreglo entre
los tres países estaba más dirigido contra Brasil que contra Chile. Más tarde,
Blest Gana corregiría su información.
En reacción a la posibilidad de una alianza hostil, se inició una presión
diplomática brasileña sobre Bolivia y sobre Perú. En La Paz, el presidente
boliviano negó la existencia de cualquier acuerdo y armó al representante
brasileño en aquella capital que, si el mismo existiese, “no lo consideraría
únicamente ruin, si no injusticable en vista de las buenas y cordiales rela-
ciones que felizmente tenemos con el Imperio”.
6
Fue el representante brasile-
ño en Lima, Felipe José Pereira Leal, quien develó el misterio de una vez por
todas, en los últimos días de 1873. Presionado por el brasileño, el ministro de
Relaciones Exteriores peruano, José de la Riva Agüero, le confesó
que recelando el gobierno peruano que el chileno consiga por amenazas o por
las armas violentar a Bolivia a cederle su rico litoral bajo la promesa de indem-
nización con territorio peruano, que se extiende desde el río Loa hasta Arica in-
clusive, y habiendo encontrado en los archivos del último Congreso Americano
un proyecto de garantía territorial presentado por el plenipotenciario chileno, sr.
4. “Despacho reservado n.º 16”, 20 de octubre de 1873, Legação Imperial do Brasil em
Buenos Aires, Arquivo Histórico do Itamaraty (AHI), 207/3/12; “Despacho reservado n.º
1”, 20 de octubre de 1873, Legação Imperial do Brasil em La Paz, Ibíd., 211/4/13; “Des-
pacho reservado n.º 1”, 20 de octubre de 1873, Legação Imperial do Brasil em Lima, Ibíd.,
213/2/11; “Despacho reservado n.º 1”, 20 de octubre de 1873, Legação Imperial do Brasil
em Santiago, Ibíd., 213/3/12.
5. “Ofício reservado n.º 27”, 8 de noviembre 1873, Legação Imperial do Brasil em
Buenos Aires, Ibíd., 205/3/16.
6. “Ofícios reservados n.º 1 y 3”, 10 y 25 de diciembre de 1873, respectivamente, Le-
gação Imperial do Brasil em La Paz, Ibíd., 211/2/2.
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Montt, con el pretexto de asegurar la independencia de Paraguay, contra la alian-
za en guerra con el dictador López, había juzgado oportuno consultar mutatis
mutandis, a Bolivia y a la República Argentina sobre la conveniencia de llevarlo a
efecto en resguardo de las usurpaciones que el gobierno chileno pretende llevar
a cabo en el litoral boliviano, con perjuicio de Perú, y en la Patagonia.
7
Para disipar cualquier desconanza, el tratado secreto fue entregado a
Pereira Leal por veinticuatro horas para que él lo copiase por entero. El di-
plomático brasileño tranquilizó al gobierno imperial y aseguró que era in-
tención de las autoridades peruanas evitar que la alianza fuese usada contra
Brasil pues, según él, Perú conocía “los prejuicios y daños que Brasil puede
causarle en las regiones trasandinas”. Así, el ministro de Relaciones Exte-
riores peruano, Riva Agüero, comunicó a su contraparte argentino que las
estipulaciones del tratado no podrían ser invocadas contra Brasil, debiendo
–como de hecho fue– ser agregada una declaración al texto del pacto en ese
sentido o intercambiadas notas de reversión para tal n.
8
Con esa reserva,
Argentina se desentendió del pacto que así continuó restringido a Bolivia y
Perú y acabaría por determinar la alianza entre los dos países contra Chile
en la guerra de 1879.
Sabiamente, la diplomacia brasileña no reaccionó a la amenaza de una
entente contra el país con la articulación de una contra-alianza que, por
ejemplo, podía haber unido a Brasil y a Chile en contraposición a la liga en-
tre Bolivia, Perú y Argentina que llegó a esbozarse. En esa hipótesis, la crisis
entre Chile y Bolivia a nales de la década de 1870 podía haber desatado un
conicto de dimensiones verdaderamente continentales.
las disputas internaCionales
sudameriCanas en 1904
El cuadro de las relaciones entre los países sudamericanos en 1904 se
mostraba bastante complejo. La convivencia entre Brasil y Argentina pasaba
por un momento relativamente favorable. El presidente argentino Julio Roca
había aceptado con tranquilidad la decisión del arbitraje del presidente de
los Estados Unidos que concedió a Brasil el territorio de Palmas y rmó,
7. “Ofício reservado n.º 1”, 25 de diciembre de 1873, Legação Imperial do Brasil em
Lima, Ibíd., 212/2/14. El documento fue recibido en Río de Janeiro el 30 de enero de 1874,
según el despacho reservado para la Legação Imperial do Brasil em Lima, 9 de febrero de
1874, Ibíd., 213/2/11.
8. “Ofício reservados n.º 1 y 2”, 4 de febrero y 11 de mayo de 1874, respectivamente,
Legação Imperial do Brasil em Lima, Ibíd., 212/2/14 y 213/2/11.
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en 1898, el tratado de límites que denió las fronteras de los dos países. El
período de aproximación bilateral prosiguió con el primer intercambio de
visitas presidenciales: –Roca visitó Brasil en 1899 y el presidente brasileño
Campos Sales retribuyó la visita en 1900. También, a nivel económico, el
comercio entre los dos países iba bien, gracias a la clara complementariedad
de productos: el trigo argentino tenía en Brasil uno de sus mejores mercados
y este colocaba un poco de café y mate en el mercado argentino.
En aquel año, sin embargo, Uruguay enfrentaría su última y más san-
grienta guerra civil y, como había sido la regla durante todo el siglo XIX, las
dos facciones en conicto se aprovechaban del apoyo –en armas, municio-
nes, combatientes y otros recursos– que atravesaba la frontera con Brasil o
cruzaba el Río de la Plata. Aunque los gobiernos de los dos países mantu-
vieron una posición ocialmente neutral en el conicto interno uruguayo, la
intromisión de argentinos y brasileños en la guerra civil uruguaya generaba
malestar entre los gobiernos de Buenos Aires y Río de Janeiro.
Las relaciones de Argentina con Chile, a su vez, pasaban por un mo-
mento extraordinario, después de los llamados “Pactos de Mayo”, de 1902,
que habían detenido la corrida armamentista transandina y anunciaban una
nueva era de entendimiento y concordia entre los dos países. También con
Bolivia, a nales de 1904, Chile pudo recomponer sus relaciones, que estaban
tensas desde la Guerra del Pacíco, en la cual Chile se apoderó de todo el li-
toral boliviano, reduciendo a Bolivia a la condición de país mediterráneo. En
octubre, los dos países rmaron un acuerdo que consagró la pérdida territo-
rial de Bolivia y, nalmente, ocializó el n del estado de guerra entre ellos,
pues hasta entonces, aunque las acciones militares de la Guerra del Pacíco
cesaron en 1883, existía apenas un armisticio entre Chile y Bolivia.
La interacción de Bolivia y Brasil pasaba, también, por un momento de
apaciguamiento. Con el Tratado de Petrópolis, de 1903, Bolivia había acep-
tado la pérdida de Acre y las relaciones bilaterales evolucionaron hacia un
estado de cordialidad y entendimiento, por cuenta de la disputa que Bolivia
mantenía con Perú sobre gran parte del territorio antes controlado por La
Paz. A nes de 1902, el pleito boliviano-peruano había sido sometido al arbi-
traje del presidente argentino. También con Paraguay, Bolivia mantenía una
controversia de límites, que solo sería resuelta en la Guerra del Chaco, en la
década de 1930.
La situación de Perú, a su vez, era delicada, pues mantenía encendidas
disputas territoriales con sus cinco vecinos: Chile, Bolivia, Brasil, Colombia
y Ecuador. Hacia el sur, Lima mantenía esperanzas de tomar posesión de las
provincias de Tacna y Arica, ocupadas por Chile en la Guerra del Pacíco.
Con Bolivia estaba pendiente el arbitraje bajo responsabilidad del presidente
argentino. Con Brasil se disputaba, además de todo el Acre, una inmensa
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franja territorial que correspondía a todo el sur del estado de Amazonas en
el territorio brasileño. Al norte, seguía el litigio con Ecuador y con Colombia
por un vasto territorio en la Amazonía.
El Ecuador, a su vez, mantenía indenida su frontera con Perú, con Co-
lombia e incluso con Brasil, pues, según sus reivindicaciones, su territorio
podía extenderse, por el curso del río Amazonas, por el interior del estado
brasileño del mismo nombre.
la Cuestión de límites entre brasil y perú
En 1851 Brasil y Perú habían rmado un tratado que regulaba la frontera
de los dos países por el principio de uti possidetis (de facto), o sea, la posesión
efectiva. Por el convenio, los límites quedaban denidos por la línea Apa-
poris-Tabatinga y por el río Yavarí, desde su conuencia con el Amazonas
hasta sus nacientes. En las nacientes de aquel río comenzaría la frontera entre
Brasil y Bolivia, dada por el tratado rmado en 1867. Así, desde el punto de
vista brasileño, donde quiera que se encontraran las nacientes del Yavarí, no
habría ninguna controversia, Brasil, Perú y Bolivia tendrían allí un punto de
triple frontera. Sin embargo, en 1863, durante los trabajos de demarcación de
la frontera brasileño-peruana, el comisario peruano pasó a reivindicar que, al
sur de las nacientes del Yavarí, la frontera sería establecida por una paralela
a la línea del ecuador hasta encontrar el río Madeira, de acuerdo con lo que
estaba previsto en el Tratado de San Ildefonso, entre las Coronas portuguesa
y española. Así, desde el punto de vista peruano, el tratado de 1851 estaría
incompleto y los límites de Brasil con Bolivia comenzarían solamente en el río
Madeira, a millares de kilómetros de las nacientes del Yavarí. Le pertenecería
a Perú no solo todo el Acre, sino también una inmensa porción del estado
brasileño de Amazonas, un área de 251 mil kilómetros cuadrados. Además,
Perú también reivindicaba todos los 191 mil kilómetros cuadrados del Acre,
adquiridos por Brasil a Bolivia por medio del Tratado de Petrópolis. El terri-
torio en litigio totalizaba, por lo tanto, 442 mil kilómetros cuadrados.
El resultado del arbitraje acordado entre Bolivia y Perú tendría impacto
en la disputa territorial entre Río de Janeiro y Lima. Si el árbitro decidiese
que el territorio de Acre era enteramente de propiedad boliviana, el pleito
peruano con Brasil perdería su objeto, pues Perú no solo que estaría impo-
sibilitado de reivindicar aquel territorio; tampoco tendría cómo sustentar su
postulación sobre la parte sur del estado de Amazonas, que quedaba al este
del Acre. En esa hipótesis, el país heredero del imperio español en condicio-
nes de reivindicar aquella área no sería el Perú sino Bolivia –que no lo podría
hacer en vista del Tratado de 1867– y del propio Tratado de Petrópolis.
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En 1903 Perú había intentado tomar parte en la negociación entre Brasil y
Bolivia sobre Acre, pretensión rechazada por Río Branco. En compensación,
el Barón aseguró al Perú que los derechos peruanos serían resguardados y
que, concluida la negociación con Bolivia, Brasil estaría listo para “entrar con
Perú en el estudio de un tratado de límites complementario al de 1851”. Ya el
20 de enero de 1903 la legación brasileña en Lima fue instruida a:
informar reservadamente a ese gobierno que cualquiera que sea la resolución
que seamos obligados a tomar, cuando agotados los medios persuasivos, en la
cuestión de los extranjeros del sindicato que el gobierno boliviano quiere esta-
blecer en el territorio en litigio, el gobierno brasileño tendrá en la mayor atención
los reclamos de Perú, sobretodo, en la parte que va del Purús para el oeste, y,
animado del espíritu más conciliador y amigable, estará listo para entenderse a
tiempo con ese gobierno sobre el territorio en litigio, como desea entenderse con
el de Bolivia.
9
Perú ya había enviado tropas y establecido un puesto aduanero en el Yurúa,
a la altura de la boca del río Amonea, entre octubre y noviembre de 1902, en-
trando en choque con la población brasileña que habitaba la región. En aque-
lla ocasión, el gobernador del estado de Amazonas pidió la intervención del
gobierno federal brasileño para la expulsión de los invasores. En respuesta, el
canciller Olinto de Magalhães informó que el incidente habría ocurrido en “te-
rritorio extranjero”, ya que la región estaba al sur de la “Línea Cunha Gomes”,
por lo tanto en un área que el gobierno brasileño consideraba hasta entonces
como perteneciente a Bolivia por fuerza del Tratado de 1867 entre los dos paí-
ses. Apenas el 18 de enero de 1903, poco más de un mes después de la asunción
de Río Branco en Itamaraty, Brasil pasó a declarar el área entre la “Línea Cunha
Gomes” y el paralelo de 10º 20’ sur (o sea, el territorio del Acre) como litigiosa.
En aquel momento, la presencia peruana en el Alto Yurúa ya era una realidad,
aunque en el curso medio e inferior del río la población fuese brasileña.
La situación se complicó en junio de 1903 con la llegada de un destaca-
mento militar peruano al río Purús, para ocupar la conuencia de ese curso
de agua con el río Chandless. Los peruanos fueron expulsados por tropas
irregulares de los brasileños que habitaban el Acre en septiembre del mismo
año, pero una nueva expedición peruana atacó la región en marzo de 1904
(después del tratado entre Brasil y Bolivia), con más víctimas fatales para
ambos lados. Los peruanos se retiraron hacia el Alto Purús, donde continua-
ron su dominio militar.
9. José Maria da Silva Paranhos do Rio Branco. “Nota del gobierno brasileño a la le-
gación peruana”, 18 de julio de 1903. En Obras do Barão do Rio Branco. Questões de Limites,
Exposições de Motivos, t. V (Brasilia: FUNAG, 2012), 145.
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A inicios de 1904, por lo tanto, las relaciones entre Brasil y Perú vivían
un momento especialmente difícil y existía la amenaza real de un conicto
armado entre ambos países. Perú exigía que la frontera bilateral fuese recti-
cada y proponía llevar el tema a arbitraje. Río Branco se rehusaba a iniciar
negociaciones o encaminar el tema al examen de un árbitro sin conocer o-
cialmente la extensión de la pretensión peruana y los títulos sobre los cuales
ella se sustentaba. En verdad, el Barón se encontraba en posición sumamen-
te complicada. La aprobación del Tratado de Petrópolis había sido difícil,
con fuerte oposición de la prensa opositora y de parlamentarios inuyentes
en la Cámara y en el Senado. La oposición reclamaba la cesión de cerca de
3.200 kilómetros cuadrados de territorio brasileño a Bolivia, además de la
indemnización de dos millones de libras (cerca de 285 millones de dólares en
valores actuales) y del compromiso de construcción del ferrocarril Madeira-
Mamoré. Como Perú también disputaba la propiedad de Acre, los opositores
del Tratado de Petrópolis recordaban que las concesiones hechas a Bolivia
–ya consideradas excesivas en sí– podrían resultar inútiles, pues había la
posibilidad de haber negociado el Acre con un país que no era su “verdadero
dueño”. Para apartar esa objeción, en la propia Exposición de Motivos con
que encaminó el Tratado de Petrópolis al Congreso, Río Branco aseguró: “No
es esta la ocasión de decir circunstancialmente porque, con el debido respeto
por la opinión contraria, la conanza de nuestro derecho es tal, que ningún
recelo debemos tener por ese lado”.
10
Internamente, el radio de acción de Río Branco era, por lo tanto, muy
limitado. Cualquier concesión hecha al Perú sería atacada ferozmente por la
oposición. A inicios de 1904 la prensa de oposición acusaba al Barón de haber
“comprado por alto precio un litigio con Perú” y profetizaba que el arreglo
con el Perú solo podía obtenerse con nuevas concesiones y que el Acre tendría
que “ser comprado dos veces”. De hecho, en caso de que el arbitraje argentino
señalase al Perú como soberano de todo o incluso parte de Acre, el veredicto
no sería obligatorio para Brasil, que no era parte del arbitraje, pero una nueva
negociación necesitaría iniciarse entre los gobiernos de Río de Janeiro y de
Lima, ya que la cesión de Acre acordada entre Brasil y Bolivia no tendría va-
lor sobre los territorios que el árbitro decidiese que pertenecían al Perú. En el
caso extremo de que el árbitro decidiese que todo el Acre era peruano, el pago
de dos millones de libras y el territorio brasileño cedido a La Paz habrían sido
entregados a cambio de nada, pues Río Branco no habría negociado con el
verdadero propietario. El desastre político-diplomático sería dramático.
Río Branco temía que el Perú siguiese intentando ocupar áreas en la re-
gión del Acre para extender su posesión efectiva y reforzar su posición en un
10. “Exposição de Motivos sobre o Tratado de Petrópolis”. Ibíd., 61.
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eventual arbitraje. La repercusión interna de la continuidad de las invasio-
nes peruanas, registradas con indignación creciente en la prensa brasileña,
acabaría inevitablemente por llevar a los dos países a un conicto armado de
grandes proporciones.
Al contrario que Bolivia, Perú poseía una población considerable en el
valle amazónico y podría desplegar tropas en la región sin necesidad de na-
vegar por los ríos brasileños. Para conocer el real estado de las fuerzas ar-
madas peruanas, en marzo de 1904 Río Branco solicitó al ministro chileno en
Río de Janeiro que le fuese remitida la información que Chile poseía sobre
las fuerzas navales y militares peruanas. El ministro chileno informó a sus
superiores en Santiago que:
A su vez el Señor Barón de Rio Branco me ha expresado que si el Perú no retira su
aduana del Amonea y, si, aprovechando la baja de los auentes del Amazonas,
invade el territorio para restablecer la aduana del Chandless, si hostilizan de
cualquier modo a los habitantes del Brasil, mandará sus fuerzas por el Amazonas
hasta Iquitos, y sin prejuicio vencerá las dicultades que se presenten para man-
dar fuerzas por tierra, o como sea posible, al territorio mismo disputado, a todos
los puntos donde la actitud del Perú le impone esa necesidad.
11
Chile, sin embargo, no facilitó los datos solicitados, pues, según el histo-
riador chileno Cristián Garay, el gobierno de Santiago “adivinaba que sería
el prolegómeno para una salida al Pacíco del Brasil”.
12
Perú, sin embargo,
se armaba y no solo en la Amazonía, pues compraba en astilleros europeos
navíos de guerra que podían venir a amenazar las costas brasileñas.
En realidad, en aquel momento la hipótesis de una victoria militar brasi-
leña sobre Perú con base únicamente en sus propias fuerzas militares estaba
lejos de ser cierta. Aún no recuperadas de las pérdidas y de la desorganiza-
ción causadas por la Revuelta de la Armada (1893-1894), por la Revolución
Federalista (1893-1895) y por el combate a las muchas insurrecciones inter-
nas del inicio de la República (como la revuelta de Canudos de 1896-1897),
las fuerzas armadas brasileñas se encontraban en pésimo estado. La austeri-
dad del gobierno de Campos Sales (1898-1902) no había favorecido la reor-
ganización del Ejército y la Marina y el armamento que poseían era escaso
y obsoleto. Así, quedaban desatendidos los pedidos de Río Branco para que
se diese una demostración de fuerza con el despliegue de un contingente
11. “Ocio condencial n.º 12”, 15 de marzo de 1904, Legación de Chile en Río de Ja-
neiro, Archivo del Ministerio de la Relaciones Exteriores de Chile, vol. 325; Cristián Garay
y Vera, “El Acre y los ‘Asuntos del Pacíco’: Bolivia, Brasil, Chile y Estados Unidos, 1898-
1909”, Historia II, n.º 41, (julio-diciembre 2008): 366.
12. Ibíd.
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razonable de tropas en el área por donde los peruanos bajaban el Yurúa y el
Purús y a lo largo de la frontera con Perú en el estado de Amazonas.
Río Branco presionaba al ministro de la Marina, almirante Júlio César de
Noronha, para que iniciase un programa de reequipamiento naval. A nes
de agosto de 1903 ya había sugerido la compra de una pequeña otilla –un
crucero acorazado y seis destructores (destroyers)– que Argentina había de-
sistido de adquirir en astilleros italianos. En marzo del año siguiente, en el
auge de la crisis con Perú, volvió a la carga con la propuesta de compra de
dos naves chilenas. El 2 de mayo le insistió otra vez al ministro de la Marina,
adelantando que había conversado con el presidente “sobre la necesidad de
encomendar ya y ya dos buenos acorazados, porque Perú puede romper con
nosotros apenas haya hecho sus encomiendas –si es que ya no las hizo– y en
ese caso quedaremos imposibilitados de hacer las nuestras, pues ningún as-
tillero las podrá aceptar”.
13
Perú, de su parte, también hacía planes; en Lima
se habló de la posibilidad de envío de una fuerza de tres mil hombres, que
bajaría el río Amazonas para ocupar la ciudad de Manaos.
el tratado de alianza entre brasil y eCuador
En aquella difícil coyuntura, Río Branco buscó crear una coalición inter-
nacional contra Perú para prevenir una expansión peruana sobre el territorio
en litigio y forzar al gobierno de Lima a negociar. Más que congelar la situa-
ción donde se encontraba, el Barón estaba bajo fuerte presión interna para
lograr que los peruanos abandonasen los territorios donde predominaba la
población brasileña en las áreas que ellos controlaban en los ríos Yurúa y
Purús. Después de todo, no se olvidaba que sobre el litigio con Perú él mis-
mo había declarado que “la conanza en nuestro derecho es tal que ningún
recelo debemos tener por ese lado”.
Las relaciones entre Perú y Ecuador también pasaban por un momento de
gran tensión. Los conictos por la denición de la frontera entre los dos países
comenzaron antes de la separación de Ecuador de la Gran Colombia. En la
guerra de 1829-1830, Perú fue derrotado y tuvo que resignarse a no quedarse
con la ciudad de Guayaquil. Ecuador y Perú se enfrentaron en otra guerra, de
1858 a 1860, concluida con el Tratado de Mapasingue, que reconocía la pose-
sión peruana de gran parte del área disputada en la Amazonía. Ecuador vivía
13. “Ocio condencial del barón de Rio Branco al Ministro de la Marina Júlio de No-
ronha”, 2 de mayo de 1904; Max Justo Guedes, “O Barão do Rio Branco e a Modernização
da Defesa”. En Rio Branco, a América do Sul e a Modernização do Brasil, ed. por João Almino
y Carlos Henrique Cardim (Río de Janeiro: EMC, 2002), 312.
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una guerra civil, y, una vez reunicado el país, el presidente Gabriel García
Moreno declaró el tratado insubsistente en 1861. El Congreso peruano tam-
bién acabó por desaprobar el convenio en 1863, dejando la cuestión abierta.
Entre 1887 e 1890 se intentó, sin éxito, someter el asunto al arbitraje del rey de
España. Otro acuerdo directo fue alcanzado en 1890: el Tratado Herrera-Gar-
cía, iniciativa reprobada también por el Congreso peruano. También se inten-
tó, en 1894, un acuerdo tripartito involucrando a Colombia, que acabó siendo
rechazado por el Parlamento ecuatoriano. En los albores del siglo XX la situa-
ción era explosiva. En junio de 1903 ya había ocurrido un conicto armado
entre tropas ecuatorianas y peruanas en Angoteros, en la región del río Napo.
A inicios de 1904 interesaba también al Ecuador hacer un frente común
contra Perú. Según el historiador peruano Jorge Basadre, el plenipotenciario
ecuatoriano en Río de Janeiro habría propuesto que Río Branco aceptase la
cesión de parte del territorio que su país disputaba al Perú para que Brasil
obtuviese una salida al Pacíco. Naturalmente, tal expansión territorial so-
lamente podía ser obtenida por una guerra que, en verdad, no estaba en los
planes del Barón. El punto crucial para él era apenas garantizar la posesión
de Acre sin hacer nuevas concesiones al Perú.
En todo caso, una alianza militar con Ecuador sería ciertamente instru-
mental para amenazar a Perú con una guerra en dos frentes, “tanto de parte
del Océano Pacíco, como de parte del Amazonas”, como consta en el tra-
tado rmado el 5 de mayo. ¿Y por qué no extender la alianza a Chile, lo que
abriría un nuevo frente de combate para Perú, esta vez en el sur? El represen-
tante chileno en Río de Janeiro ciertamente fue –si no llamado a adherirse al
pacto– informado sobre el contenido del tratado secreto, cuya copia puede
ser encontrada en el archivo diplomático del Ministerio de Relaciones Exte-
riores de Chile.
14
Si realmente fue invitado, el gobierno de Santiago decidió
no adherirse al convenio, por razones que merecen ser investigadas. En todo
caso, se puede sospechar que no le interesaba a Chile la posibilidad de que
Brasil se tornara una potencia del Pacíco.
La noticia del entendimiento entre Brasil y Ecuador también habrá lle-
gado a oídos peruanos, pues, inclusive, tal incondencia interesaba a los dos
aliados por el poder disuasivo que la nueva situación representaba contra la
continuidad de la expansión peruana en el territorio litigioso de los dos paí-
ses. Para no dejar duda alguna, al día siguiente de la rma del tratado secreto,
los mismos funcionarios, Río Branco y Carlos R. Tobar, suscribieron el tratado
14. “Ocio estrictamente condencial n.º 21”, 25 de abril de 1904, Legación de Chile
en Río de Janeiro, Archivo del Ministerio de las Relaciones Exteriores de Chile, Ocios
condenciales, 1904-1908, vol. 325; Claudio Tapia Figueroa, “Política exterior chilena en
la disyuntiva regional: el conicto territorial ecuatoriano-peruano hacia 1910”, Historia
Crítica, n.
o
43 (enero-abril 2011): 156-173.
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de límites entre Brasil y Ecuador, para jar las fronteras que los dos países
tendrían en la eventualidad de que Ecuador garantizase su soberanía sobre el
territorio que disputaba con Perú en la Amazonía. Por lo menos, se hacía una
demostración pública del buen entendimiento entre los dos vecinos de Perú.
De acuerdo con algunos mapas españoles de la época colonial, la antigua
Audiencia de Quito se extendía desde la costa del Pacíco hasta la desem-
bocadura del río Amazonas en el océano Atlántico. Con el avance de la colo-
nización portuguesa por la cuenca amazónica, las pretensiones ecuatorianas
se moderaron, pero el país seguía disputando con el Perú un vasto territorio
en la Amazonía, desde la cordillera hasta una indenida frontera oriental,
que podría adentrarse en territorio hoy perteneciente a Brasil. Los diplomá-
ticos del Imperio brasileño trataron la cuestión en negociaciones mantenidas
en Quito en 1853. En aquella ocasión, quedó acordado que en caso de que
Ecuador adquiriese la soberanía, total o parcial, del territorio que disputaba
con Perú, los límites entre Brasil y Ecuador obedecerían la línea estipulada
por el tratado de 1851 entre Brasil y Perú. Aunque no se haya llegado a un
tratado formal en la época, el entendimiento continuó vigente y el convenio
del 6 de mayo de 1904 consagró así los posibles límites entre ambos países,
que nalmente no compartieron una frontera común.
La idea de que Río Branco armaba una amplia alianza contra Perú no
habrá escapado al gobierno de Lima y los peruanos acordaron en iniciar las
negociaciones en Río de Janeiro, encabezados por Río Branco y por el minis-
tro peruano en esa ciudad, Hernán Velarde. Las discusiones comenzaron el 8
de mayo –tres días después de la rma del acuerdo secreto Brasil-Ecuador–
pero partieron de un impasse, en vista de la posición intransigente y maxima-
lista de Velarde. Perú exigía la neutralización y la administración conjunta
de los 442 mil kilómetros cuadrados en litigio. Si Brasil concordase con la ad-
ministración conjunta de ese inmenso territorio, las autoridades brasileñas
tendrían que dividir con Perú los impuestos obtenidos sobre la mayor parte
del caucho extraído en la Amazonía, mientras durasen las negociaciones.
El 16 de mayo el Barón informó a la legación peruana en Río de Janeiro
que estaba prohibido el tránsito de pertrechos destinados al Perú por los
ríos brasileños. Así, un cargamento de armas y municiones venido de Eu-
ropa con destino a la ciudad de Iquitos fue aprehendido en Manaos. Al día
siguiente comenzaron las providencias para el envío de fuerzas del Ejército
Brasileño al Alto Yurúa y al Alto Purús, a partir de Manaos. Para cumplir
esa misión fueron enviados los batallones de infantería 15º y 33º, siendo que
el último, en aquella fecha, aún se encontraba acantonado en Belén de Pará.
Para el transporte de la tropa, fueron alquiladas naves de la empresa inglesa
Amazon Stream en un proceso que se reveló costoso y demorado. El Barón
se desesperaba. El 27 de mayo, registró en su diario personal:
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Estamos perdiendo tiempo y dando tiempo al Perú para que se refuerce y forti-
que en Iquitos, en Yurúa y en Purús. Cualquiera de las republiquitas de América
Central pondría 6 a 8.000 hombres listos para operar en pocos días. Fui a ver
al presidente para manifestarle mi contrariedad frente a tantos aplazamientos,
cuando desde tanto tiempo, en el interés de la paz, yo pido e insisto que nos
mostremos fuertes y listos para dar un golpe que impresione a los peruanos.
15
Río Branco hablaba fuerte y exigía el retiro de los destacamentos milita-
res peruanos establecidos más abajo del curso del Yurúa y del Purús, donde
la población era de brasileños. El impasse persistió por varias semanas y
el ministro peruano en Washington llegó a sondear al gobierno de Estados
Unidos para que presionase a Brasil a aceptar la administración conjunta del
territorio en litigio hasta una solución arbitral. Los Estados Unidos se decla-
raron neutrales en la cuestión.
Al nal, los peruanos cedieron y, el 12 de julio, Río Branco concluyó con
Hernán Velarde dos acuerdos para encaminar amigablemente la cuestión. El
modus vivendi estableció el deseado retiro de los peruanos, que Río Branco
pidió que no fuese publicitado, pues: “Es necesario guardar la autoestima de
la otra parte, aún más que es ahora que va a comenzar la negociación sobre
lo principal”. La posición brasileña había prevalecido completamente. Río
Branco resumió la situación en una carta al presidente de la Comisión de Di-
plomacia y Tratados de la Cámara, diputado Gastão da Cunha: “donde hay
brasileños gobernamos nosotros, retirándose los destacamentos y autorida-
des de Perú, y encima de Breu (en Yurúa) y de Catay (en Purús), donde no
hay brasileños, funcionarán las comisiones mixtas, gobernando nosotros y
los peruanos”.
16
Se estableció que, en caso de que no se llegase a un acuerdo
denitivo hasta el día 31 de diciembre de aquel año, las dos partes negocia-
rían un tratado para el arbitraje de la cuestión. Hasta allá las comisiones mix-
tas brasileño-peruanas explorarían el Alto Yurúa y el Alto Purús. El asunto,
sin embargo, aún no estaba resuelto y era necesario actuar con cautela. El
canciller informó a la legación de Brasil en Lima sobre el estado de las ne-
gociaciones y advirtió: “Aquí no cantamos victoria y nada más ridículo e
inconveniente que un diplomático ande gritando victorias”.
17
El acuerdo denitivo con Perú aún demoraría. Tras sucesivas prórrogas
del modus vivendi, el tratado de límites entre los dos países acabó rmado
por Río Branco y por Hernán Velarde apenas el 8 de septiembre de 1909.
15. “Apunte”, 27 de mayo de 1904, Cadernos de Notas, n.º 43, AHI, fondo Barão do
Rio Branco.
16. Rodrigo M. F. Andrade, Rio-Branco e Gastão da Cunha (Río de Janeiro: Ministerio de
Relaciones Exteriores / Instituto Río Branco, 1953), 195.
17. Álvaro Lins, Rio Branco (Biograa) (São Paulo / Brasilia: Alfa Ômega / FUNAG,
1996), 295.
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¿Y qué destino tuvo el Tratado de Alianza Secreta entre Brasil y Ecuador?
Quien esclarece la cuestión es el propio barón de Río Branco, que anotó de
puño y letra, con lápiz, en la cubierta del original del tratado que se encuen-
tra en el Archivo Histórico de Itamaraty en Río de Janeiro: “Este tratado no
tuvo ningún efecto. El gobierno de Ecuador, sin acordar su acción diplomáti-
ca con Brasil, entró en negociaciones con Perú para solucionar su litigio terri-
torial por medio de arbitraje. Brasil, a su vez, concluyó con Perú los acuerdos
del 14 de julio de 1904. El Tratado no fue presentado al Congreso Brasileño
y no fue raticado”.
18
De hecho, Ecuador ya había decidido entregar su cuestión de límites con
Perú a un segundo arbitraje con el rey de España, que, por cierto, acabó
suspenso y sin resultado en 1910, cuando Ecuador y Perú no entraron nue-
vamente en guerra gracias a la intervención conjunta de Argentina, de Brasil
y los Estados Unidos de América, que actuaron como mediadores. En cuanto
a Brasil, con la rma del modus vivendi, las tensiones con Perú fueron desva-
neciéndose progresivamente y después de conocido el laudo arbitral argen-
tino, que reconoció la posesión boliviana sobre la parte oriental de Acre, se
pudo alcanzar el acuerdo por el cual los 39 mil kilómetros cuadrados en el
Alto Yurúa y en el Alto Purús, donde predominaba la población peruana,
fueron transferidos denitivamente a la soberanía de Lima. Esa pérdida te-
rritorial, relativamente modesta, acabó siendo fácilmente absorbida por la
opinión pública brasileña, pues en 1909 la situación política de Río Branco
ya se encontraba plenamente consolidada y el tratado con el Perú aseguró
la soberanía brasileña sobre 403 mil kilómetros cuadrados, un territorio de
extensión casi equivalente a Paraguay.
18. Río Branco, “Tratado de Alianza Secreta entre Brasil y Ecuador”, 4 noviembre de
1908.
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Fuentes y bibliograFía
FUENTES PRIMARIAS
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FUENTES SECUNDARIAS
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transCripCión
tratado de alianza entre la repúbliCa del eCuador
y la de los estados unidos del brasil
ARQUIVO HISTÓRICO DO ITAMARATY (RÍO DE JANEIRO)
TRATADOS. P8/M47
El Presidente de la República del Ecuador y el Presidente de la República
de los Estados Unidos del Brasil, dispuestos a acordar su acción diplomática
de modo que, sin alteración de la paz, puedan tener solución amigable y
honrosa las cuestiones acerca de límites suscitadas contra las dos Repúblicas
por el Gobierno del Perú; mas, comprendiendo al mismo tiempo que deben
tomar las convenientes precauciones para resguardar el territorio del Ecua-
dor y el del Brasil contra nuevas tentativas o empresas del mismo Gobierno
con el intento de resolver tales cuestiones por la fuerza, acordaron concluir
un tratado de alianza defensiva, y para este objeto nombraron Plenipoten-
ciarios, a saber:
El Presidente de la República del Ecuador al Sr. Dr. D. Carlos R. Tobar,
Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la misma República
ante el Gobierno del Brasil; y
El Presidente de la República de los Estados Unidos del Brasil, al Sr. Dr.
José Maria da Silva Paranhos do Rio Branco, Ministro de Estado de las Rela-
ciones Exteriores;
Quienes, después de canjeados los respectivos Plenos Poderes y de ha-
llarlos en buena y debida forma convinieron en los artículos siguientes:
Artículo I
La República del Ecuador y la República de los Estados Unidos del Brasil
únense en alianza defensiva, con el objetivo de prevenir o repeler, según los
casos, cualquier agresión de parte del Gobierno del Perú y oponerse a que
este pretenda ocupar, administrativa o militarmente, cualesquiera territorios
de los que no estuvo en posesión cuando se separó de España, y sobre los
cuales una u otra de las Altas Partes Contratantes crean tener derecho.
Artículo II
Para conseguir los nes de la alianza, las dos Altas Partes Contratantes
concurrirán con todos los medios de guerra de que puedan disponer, a me-
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dida de las necesidades, y concertarán en el momento oportuno su acción
militar, tanto de parte del Océano Pacíco, como de parte del Amazonas.
Artículo III
El plazo de duración de este Tratado será de cinco años, que comenzarán
a correr el día del canje de raticaciones. Considérase, no obstante, prorro-
gado por otro período igual, si no fuese denunciado con antecedencia de un
año.
Artículo IV
El presente convenio se conservará secreto, comprometiéndose las dos
Altas Partes Contratantes a no someterlo al examen y aprobación de los res-
pectivos Congresos Legislativos sino en la ocasión que a los dos Gobiernos,
de común acuerdo, pareciere oportuna. Aún después de la necesaria apro-
bación legislativa, consiguiente raticación y trueque de raticaciones conti-
nuará secreto y solo acordándolo los dos Gobiernos será publicado.
Artículo V
Las raticaciones de este Tratado serán canjeadas en una de las ciudades
de Río de Janeiro, Quito o Santiago de Chile.
En fe de cual, nosotros, los Plenipotenciarios arriba nombrados, lo r-
mamos y sellamos en dos ejemplares, cada uno en las lenguas castellana y
portuguesa.
Hecho en la ciudad de Río de Janeiro, a los cinco días del mes de mayo
de mil novecientos cuatro.
[FIRMAN]:
C. R. Tobar Río Branco
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ISSN: 1390-0099

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