La expedición de límites de 1750
en la Guayana española: los logros
de una tarea que nunca comenzó
The Expedition of Boundaries in 1750 in the Spanish Guayana:
The Success of an Exercise that Never Took-off
Miguel Ángel Perera
Universidad Central de Venezuela (Caracas)
pereramiguel46@gmail.com
Fecha de presentación: 07 de marzo de 2014
Fecha de aceptación: 01 de agosto de 2014
Artículo de investigación
Procesos: revista ecuatoriana de historia, n.º 41 (enero-junio 2015), 35-61. ISSN: 1390-0099
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RESUMEN
Esta contribución aborda las implicaciones de la demarcación
de fronteras en las cuencas del Orinoco y el Amazonas, en la segunda
mitad del siglo XVIII, a partir del estudio de la expedición de límites
entre España y Portugal. Esta empresa resultó en un sorprendente
juego de omisiones, infortunios y enfrentamientos personales. Una
tarea nunca deseada que para la Guayana española, no obstante,
marcó un cambio radical en su valoración geoestratégica y dio inicio
a una tardía modernidad colonial lograda gracias a la iniciativa de
sus comisarios. Así, preservaron una parte importante de su
integridad territorial frente a las pretensiones geográcas lusitanas y
frenaron el tráco de esclavos indígenas hacia el Amazonas.
Palabras clave: historia de América Latina, Amazonía, expedición de
límites, Guayana española, política borbónica, imperio portugués,
misiones, modernización colonial, siglo XVIII.
ABSTRACT
This contribution addresses the implications of the boundary
demarcation on basin of Orinoco and Amazon, during the second
half of the 18th Century, beginning with the study of the expedition
of the boundary between Spain and Portugal. This enterprise ended
up in a surprise of games of omission, unfortunate and personal
confrontations. The undesired task for the Spanish Guayana,
however, marked a radically change in the geostrategic valuing and
paved way to a latter colonial modernity thanks to the initiative of its
commissioners. In this way, an important part of the territorial
integrity was preserved against the geographical desires of lustanas
and stopped the trafcking of indigenous salves towards
the Amazon region.
Key words: Latin American history, Amazon region, expedition of
boundaries, Spanish Guayana, borbonic politics, Portuguese
Empire, missions, colonial modernization, 18th century.
Miguel Ángel Perera
Doctor en Geografía Humana (ecología cultural) por la Universidad de Bristol,
Inglaterra; con estancia posdoctoral en el Consejo Superior de Investigaciones
Cientícas, CSIC (Madrid). Fue profesor e investigador titular en
la Universidad Central de Venezuela, Complutense de Madrid, y profesor
invitado a la cátedra Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge.
Investiga el Amazonas venezolano y guayanés en sus
dimensiones históricas, culturales, etnohistóricas, y ecológicas ambientales;
además de los procesos de su incorporación al Estado nacional.
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introducción
Los orígenes de las disputas territoriales entre Portugal y España en
América se remontan a la Bula Inter Cetera del 4 de mayo de 1493 que jaba
la división entre ambos reinos a lo largo de una línea que corría de un polo
al otro del planeta, 100 millas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde. El
Tratado de Tordesillas trasladó la divisoria 270 millas más al oeste. La ane-
xión de Portugal a España entre 1580 y 1640 hizo perder el interés en nuevos
arreglos de límites en las tierras descubiertas en el continente sur. No obstan-
te, Pedro Teixeira no olvidó el tema y en 1639 realizó una gran penetración
colonial por el río Amazonas desde Belén a Iquitos en la que dejó diferentes
marcas geográcas con el escudo de la Unión Ibérica.
1
Como observador del
gobierno español, el jesuita Cristóbal de Acuña le advirtió al monarca sobre
las intenciones de Texeira de extender los dominios de Portugal en la cuenca
amazónica tan lejos como fuera posible, ante la que se tenía como una inmi-
nente declaración unilateral de independencia de España.
Una relación anónima de 1639, sobre el viaje de Texeira, recibida por el
presidente de la Audiencia de Santa Fe y remitida al rey, daba cuenta de las
noticias que el piloto mayor recogió en el Río Negro:
nace este río [Guainía] de unas sierras vecinas del Nuevo Reino y que en su ori-
gen se divide en dos brazos; uno de ellos con el nombre de río Negro, desagua
después [...] en el de las Amazonas, el otro viene a desaguar en el mar del Norte a
la vista de la isla de la Trinidad, y precisan que este río es el famoso río Orinoco.
2
En nombre de los jesuitas, Acuña sugirió la construcción de una fortaleza
en la entrada del río Óbidos y otra en el Río Negro para frenar a los enemi-
gos holandeses e ingleses que pudieran venir del norte, ya que se suponía
la existencia de una comunicación uvial con el mar del norte.
3
Aquellas
preclaras advertencias cayeron en saco roto.
1. “cuarenta y siete canoas de buen porte [...] y en ellas setenta soldados portugueses,
mil doscientos indios de boga y guerra, que con las mujeres y muchachos de servicio pasa-
rían todas de dos mil personas”. Cristóbal de Acuña, Novo Descubrimento do Rio Amazonas
(edición bilingüe), ed., trad. e introducción de Antonio R. Esteves (Montevideo: Oltaver S.
A. /Embajada de España en Brasil, 1944 [1641]), 62.
2. Mariano Useche Losada, El proceso colonial en el Alto Orinoco-Río Negro (siglos XVI
a XVIII) (Bogotá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales / Banco de la
República, 1987), 87.
3. De Acuña, Novo Descobrimento
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El clima político en la península ibérica hacía temer lo peor. Al año si-
guiente del viaje de Texeira, en Lisboa, un grupo de independentistas asesi-
nó al ministro español Miguel de Vasconcelos lo que precipitó la declaración
de independencia de Portugal y la proclamación del duque de Braganza
como rey Juan IV.
4
Las tierras al este de los hitos jados por Texeira pasaron
a ser consideradas posesión de Portugal y posteriormente reconocidas por
los tratados de Utrech (1713), Madrid (1750) y San Ildefonso (1777).
Dieciocho años más tarde los portugueses fundaron un primer estable-
cimiento en Tarumá, cerca de la desembocadura del Río Negro. En 1699 edi-
caron el fuerte de San José, convertido en la fortaleza de la Barra, núcleo
fundador de Manaus.
5
La Barra fue el centro portugués de operaciones escla-
vistas de mayor importancia en el siglo XVIII. Si bien al principio los portu-
gueses no sobrepasaron el curso inferior del Río Negro, desde 1725 las tropas
de rescate portuguesas se adentraban con cierta frecuencia por el Casiquiare
y llegaban por el Orinoco hasta el Temi donde llegaron a establecer “campos
de esclavos”. Hasta 1720 los portugueses contaban con los manao (manaus,
manavi, managuo y manoa) como sus principales proveedores de mano de
obra esclava. Este importante y extendido grupo arawako, que poblaba los
río Içana y el curso inferior del Río Negro, mantuvo un activo tráco escla-
vista con portugueses y holandeses.
Sobre la magnitud del tráco esclavista que mantenían los portugueses,
el jesuita Manuel Román nos da algunas cifras tomadas de los registros que
llevaba el también religioso Achiles Abogadri, residenciado en Río Negro
por orden del rey de Portugal, como “contable” de las operaciones de com-
pra. En 6 años registró 8.000 esclavos indios y un número no determinado de
“orros”, o individuos dados en calidad de servidumbre por 5 años al término
de los cuales volvían a quedar en libertad, amén de muchos otros que no
quedaban registrados para no pagar los tributos reales exigidos.
6
Quedaban
sin contabilizar las bajas que producían durante las capturas y cuyos daños,
según Román, “no se puede saber; lo cierto es que serán más a los que quitan
las vidas, que a los que cauptivan”.
7
Citando cifras de Wright (1981), Useche
8
nos da otra dimensión igual-
mente elocuente de la magnitud del tráco humano. En 1744 a la llegada de
Román al poblado de Arrayal, en el Río Negro, se habían administrado 6.000
4. Véase Miguel Ángel Perera, El Amazonas venezolano. Impacto y ecodesarrollo (Cara-
cas: Universidad Central de Venezuela / Consejo de Desarrollo Cientíco y Humanístico,
2003).
5. Ibíd.
6. Useche, El proceso…, 111.
7. Ibíd.
8. Ibíd.
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bautismos y se habían sacado del río al menos 20.000 esclavos. Hemming
9
calcula que entre 1620 y 1720 solamente por Belén y San Luis de Marañón
pudieron pasar anualmente quizás unos 2.000 indígenas, lo que representa-
ría para todo el Amazonas entre 100.000 y 200.000 personas.
Con la conrmación de la comunicación interuvial entre las cuencas del
Orinoco y del Amazonas por medio del canal del Casiquiare, y las informa-
ciones de los jesuitas sobre los establecimientos portugueses y el tráco de
esclavos procedentes de la Guayana, las autoridades comenzaron a tomar
conciencia de la magnitud de la política expansionista de sus vecinos y del
alcance del tráco humano. Guayana estaba literalmente amenazada, a lo
largo de sus indenidos límites australes, por las redes comerciales maneja-
das por portugueses y holandeses. Los límites de la primigenia capitulación
de Guayana de Jiménez de Quesada habían sido ampliamente invadidos y
reducidos a la cuenca del Orinoco y algunos de sus auentes, pero aún sin
control, delimitados por las fronteras internas de resistencia indígenas y las
tierras sin explorar que mediaban entre los ríos tributarios del Bajo Orinoco
y las divisorias de aguas que caían al Amazonas.
Guayana a la lleGada
de la exPedicion de límites
A dos siglos y medio del arribo español a Guayana la consolidación y
progreso colonial seguía representando una apuesta riesgosa que solo las
órdenes religiosas habían aceptado con fervor y celo apostólico generando
un clima de rivalidades nada conveniente, entre franciscanos observantes,
capuchinos catalanes y jesuitas, que el gobernador Sucre trató de zanjar me-
diante una concordia que concluyó el 20 de marzo de 1734. En dicha concordia
los límites geográcos de competencia de los jesuitas abarcaba toda la fron-
tera meridional que se extendía hasta el río Amazonas.
10
El arrinconamiento
al que fueron relegados, entre las inmensas soledades de los llanos del Meta
Vichada y un Alto Orinoco geográcamente desconocido, los llevó a ser pio-
neros en la exploración cartografía de la región y, una vez llegada la Comi-
sión de Límites, a ser naturalmente sus más cercanos aliados aunque, en la
realidad fueron desdeñados por los comisarios de la Expedición.
9. John Hemming, Red Gold. Conquest of the Brazilian Indians (Londres: Papermac, 1995
[1978]), 488.
10. Demetrio Ramos Pérez, El tratado de límites de 1750 y la expedición de Iturriaga al
Orinoco (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientícas, 1955); José Antonio de
Armas Chitty, Guayana su tierra y su historia, t. I (Caracas: Ministerio de Obras Públicas,
1964), 107.
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Pero la rivalidad entre las órdenes religiosas no era el único problema
ni el más importante del estancamiento ya secular que padecía la provincia,
a mediados de siglo XVIII. En primer lugar tenemos el hecho de que en el
Orinoco continuaba existiendo un solo establecimiento español con un valor
más emblemático que estratégico, administrativo o comercial. Santo Tomé,
ahora Ciudad Guayana, era un pequeño enclave aislado e incomunicado en
la provincia teóricamente más grande del imperio español y sin vías de co-
municación, salvo la uvial.
11
A dos meses –viaje de ida y vuelta– de Santa
Fe, de la que dependía económicamente, a 15 días de Trinidad, y con una co-
nexión terrestre precaria con las ciudades costeras de Barcelona y Cumaná,
capital de la provincia en ese momento. La existencia de Santo Tomé depen-
día de un erario público siempre insuciente, por lo que, marginal a todas
las rutas comerciales y sin vida económica, sus habitantes se veían obligados
a incurrir en negocios ilícitos como el contrabando.
Al arribo de los comisarios de la Expedición de Límites, el control te-
rritorial sobre la provincia era minúsculo. Guayana carecía de una política
poblacional basada en núcleos estratégicos con enlaces vitales entre ellos a
lo largo y ancho de su geografía. Aparte de Ciudad Guayana, en el Bajo Ori-
noco en el resto de la cuenca orinoquense, España controlaba escasamente y
de forma intermitente algunos bolsones de ocupación aborigen “reducida”
en las áreas de misión capuchina y jesuita. Estas poblaciones, étnicamente
desarticuladas, en su mayor esplendor nunca fueron superiores a las 5.000
personas. Los frecuentes brotes epidémicos generaban una constante reno-
vación poblacional o la fuga al control de los religiosos. Guayana no había
logrado integrar en la región una masa signicativa de colonos, agricultores,
comerciantes y artesanos. Las condiciones ambientales, endemismos, pla-
gas, enfermedades y el desabastecimiento de alimentos, útiles de trabajo y
de toda clase de géneros de consumo diario aunado a la falta de estímulos
económicos-scales y la constante amenaza caribe, determinaron que la per-
manencia de los colonos fuera pasajera y en consecuencia incapaz, hasta ese
momento, de generar un mestizaje local importante o expresiones étnico-
culturales como las que se desarrollaban demográcamente en Brasil con los
mamelucos o los caboclos.
12
11. Daniel de Barandiarán y José del Rey Fajardo, “Estudio Introductorio”. En Noticia
del principio y progresos del establecimiento de las misiones de gentiles en el Río Orinoco, por la
Compañía de Jesús 253 (Caracas: Universidad Católica del Táchira / Biblioteca de la Acade-
mia Nacional de Historia, 2000), 252.
12. Habitante del interior del Brasil. Indígena aculturado, mestizo, mulato o cualquier
otra mezcla de indígena, africano y europeo. Emilio F. Morán, La ecología humana de los
pueblos de la Amazonía (México: Fondo de Cultura Económica, 1993), 272.
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La ausencia de planes concretos para la región, los desaciertos adminis-
trativos, las demoras para realizar obras urgentes para la defensa del río y
el vacío de poder que representaba la falta de un gobierno provincial esta-
blecido en la región hicieron que para su sobreviviencia las congregaciones
religiosas invadieran competencias ociales hasta generar la aparición de
varios centros independientes de decisión. Cada misión tomaba sus propias
iniciativas, manejaba su propios recursos y entrenaba y dirigía sus propias
milicias en una lucha por controlar una población dispersa y escasa.
La región vivía un clima de frecuentes enfrentamientos con las pobla-
ciones amerindias, generados muchas veces por el anhelo misional de ver
aumentado su “rebaño”. En claro desacato a las cédulas reales que prohibían
entrar en conicto con los caribes, los misioneros organizaban entradas ar-
madas con escoltas y milicias indígenas para capturar y someter pueblos que
vivían fueran de los ámbitos misionales. Los indígenas respondían a estas
acciones con una violencia que los misioneros eran incapaces de contener. El
recurso entonces consistía en demandar a las autoridades el envío de expedi-
ciones punitivas, totalmente inútiles, o solicitar el incremento de protección
armada mediante la asignación de mayor número de soldados a cargo del
erario público, que las autoridades no podían costear.
La resistencia caribe, a lo largo de la llamada “frontera caríbica”, repre-
sentaba un obstáculo para el avance de los planes coloniales y las autorida-
des españolas de la Expedición de Límites parecían saberlo muy bien. Era un
enemigo interno con capacidad de respuesta y fuerte apoyo externo, prin-
cipalmente holandés, que controlaba buena parte de la actividad comercial
de mano de obra esclava y sobre todo las rutas uviales y sendas interiores
que al margen del Orinoco interconectaban la hidrografía guayanesa entre
el Bajo y el Alto Orinoco y entre este y las posesiones holandesas y tierras
del Roraima brasileño. Los cauces de los ríos Caura y Cuchivero fueron dos
de esas vías. Remontando sus aguas llegaban hasta sus auentes superiores
donde tenían instaladas postas y desde allí, por los ríos Erebato y Parucito,
alcanzaban la cuenca del Ventuari, y de allí, por las cabeceras de los ríos
Cuntinamo, Padamo, Metacuni u Ocamo y el Alto Orinoco. En dirección a
las colonias holandesas, desde las cabeceras del Ventuari o bien desde el mis-
mo Caura, atravesaban al Paragua, para continuar por la sierra Parima hasta
el Uraricuera, en territorio brasileño,
13
o bien seguir por sendas a lo largo de
la sierra Pacaraima hasta la cuenca del Caroní y, descendiéndolo, acceder
hasta el Cuyuní que desemboca en el Esequibo. También por vía terrestre
13. Marc de Civrieux, Los Caribes y la conquista de la Guayana española (Caracas: Institu-
to de Investigaciones Históricas / Facultad de Humanidades y Educación / Universidad
Católica Andrés Bello, 1976), 943.
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desde el Caroní existían picas que los comunicaban con la Gran Sabana, el
río Camarán y el Mazarumi que igualmente naliza en el Esequibo.
Por si no fuera suciente para las autoridades españolas de la Comisión
de Límites tener que afrontar el problema caribe, el de las colonias holande-
sas, el del comercio clandestino y el de las misiones, en su ruta al Sur, debe-
rían además contener el expansionismo portugués inltrado en Río Negro,
Yabita, Temi y los auentes del Casiquiare.
la comisión de límites Proyecto
demarcador o Plan Político
Una vez más los jesuitas con su indoblegable espíritu pionero aparecen
en la escena de lo que fueron los acuerdos previos que condujeron a las nego-
ciaciones de 1750. Los jesuitas, conscientes del avance portugués, se esforza-
ron desde 1630 en profundizar su presencia en la cuenca amazónica tratando
de contrarrestar el vacío español. Las rmas de los acuerdos para facilitar
las tareas pendientes de delimitación de Lisboa en 1668 y Utrecht en 1715,
como dice Kratz,
14
tuvieron un carácter provisional y la intención de apartar
dicultades en lugar de resolverlas.
Desde el comienzo del reinado de Fernando VI en 1746 y con el nom-
bramiento de José de Carvajal y Lancaster, las negociaciones con Portugal
marcharon a paso rme. El momento era oportuno para que, bajo su políti-
ca pacista, los reyes de ambos países peninsulares unieran esfuerzos para
zanjar viejos contenciosos. En un clima de secreto para evitar la intromisión
de las potencias rivales, los negociadores expusieron sus argumentos. Cada
país tenía sus prioridades y ópticas diferentes. Los portugueses sabían que
a esas alturas el uti possidetis juri para el Amazonas era una cción jurídica
si no se tenía su complemento necesario en el uti possidetis de facto: gobernar
es poblar un territorio.
15
Por su parte, España prefería límites precisos, aun
al costo de grandes renuncias, que la total carencia de ellos. Madrid a duras
penas tenía fuerzas para defender lo que poseía, por lo que de ninguna ma-
nera se podía plantear recuperar lo que ya daba por perdido. Por otro lado,
la principal preocupación española era el contrabando de hombres, recursos
y bienes comerciales, mientras que para Portugal lo clave era el reconoci-
miento internacional de su avance fronterizo.
14. Guillermo Kratz, El tratado hispano-portugués de límites de 1750 y sus consecuencias
(Roma: Bibliotheca Instituti Historici S. J., 1954), 17.
15. De Barandiarán y Del Rey, Noticia del principio..., 269.
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En las negociaciones que llevaron a la rma del Tratado de Límites de
Madrid, el 13 de enero de 1750, los españoles comenzaron por alegar que
Portugal se había extendido excesivamente al oeste a todo lo largo y ancho
de la cuenca amazónica y los portugueses acusaban a los españoles de so-
brepasar sus límites con la ocupación de Filipinas. Pero, en realidad el punto
neurálgico de las negociaciones fue la colonia de Sacramento fundada por
los portugueses en 1680 en la margen oriental del río de La Plata. España,
obsesionada por hacerse con la colonia, accedió a la demanda portuguesa
de entregarla a cambio de las reducciones jesuitas del Paraguay. Un trueque
que hoy en día se considera injusto no solo por lo traumático que resultó
para sus más de 30.000 habitantes,
16
sino porque Sacramento era un enclave
comercial distante de Brasil, de dudosa rentabilidad comercial y que podía
ser fácilmente bloqueado por la marina española.
17
La visión mercantilista
de la España de los Borbón medía el valor de sus colonias por su potencial
comercial, y centró sus estrategias políticas en impedir que Inglaterra pudie-
ra tener acceso a los mercados americanos tal y como temían que ocurriría
a través de Sacramento. De allí la disposición a negociarla a tan alto costo.
A partir de todo lo dicho hasta ahora se desprende que las tareas expedi-
cionarias de la Comisión de Límites no eran exclusivamente las correspon-
dientes a la demarcación de fronteras. Detrás se ocultaba el objetivo de mo-
dernizar y rentabilizar la provincia de Guayana para lo cual se requería, al
mismo tiempo, del saber cientíco y técnico de hombres con visión política y
capacidad para introducir las reformas necesarias y para lograrlo se preparó
la expedición. El propósito cientíco básico era el reconocimiento geográco
y la delimitación del Sur guayanés complementando los trabajos de explora-
ción con el estudio de la Historia Natural del Orinoco y Amazonas mediante
la recolección de muestras botánicas, zoológicas y minerales. Particular im-
portancia tuvo el recabar información sobre el cacao y la canela, sobre todo
esta última, pues Carvajal sabía que en Quijos y Macas se daba una especie
superior a la de Ceilán.
18
Por su parte Gumilla aseguraba que al explotar la
canela se lograría hundir el imperio comercial holandés.
19
16. John Lynch, La España del siglo XVIII (Barcelona: Crítica, 1999), 162.
17. Manuel Lucena Giraldo y Antonio E. de Pedro, La frontera caríbica: expedición de
límites al Orinoco 1754 / 1761 (Caracas: Cuadernos Lagovén, 1992), 14.
18. En Guayana y el Alto Orinoco no existe ninguna variedad de canela con las ca-
racterísticas comerciales de Cinnamomun zeylanicum sino la llamada canelilla, guarimán
o Aniba canelilla, un árbol de tamaño mediano de corteza dulce y aromática de uso me-
dicinal. Véase Henri Pittier, Manual de plantas usuales de Venezuela (Caracas: Fundación
Eugenio Mendoza, 1978), 159; y Ludwig Schnee, Plantas comunes de Venezuela (Caracas:
Universidad Central de Venezuela / Ediciones de la Biblioteca, 1984), 141.
19. Eleazar Córdova-Bello, Compañías holandesas de navegación (Sevilla: Escuela de Es-
tudios Hispanoamericanos, 1964), 150.
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El área por explorar y delimitar que debían llevar a cabo en forma conjunta
con la comisión portuguesa era enorme. Después de encontrarse en Mariua, en
el Río Negro, debían trasladarse hasta la boca del río Jaurú, y desde allí empezar
a delimitar hasta las cabeceras del río Japura, que en sus nacientes andinas se co-
noce como Caquetá, para luego, rumbo al este, jar hitos demarcatorios hasta el
Surinán holandés en la costa atlántica. Para dar una idea de las distancias, desde
el pie de monte andino del Caquetá hasta el Atlántico, se cubre en línea recta una
distancia de unos 2.400 km. Considerando la necesidad de remontar los princi-
pales tributarios del Amazonas por su margen izquierda para buscar las diviso-
rias de aguas y jar los puntos astronómicos correspondientes, este recorrido, a
pie o navegando, podría signicar, según el cálculo más conservador, una dis-
tancia total superior a los 4.000 km, tarea a todas luces imposible de realizar en
los plazos estipulados y con los recursos y medios disponibles para la época.
Subalterna al trabajo de delimitación guraba un conjunto de tareas
“secundarias” de carácter político contenido en una serie de órdenes reales
muy especícas, que el ministro Carvajal llamaba “una visita secreta”. Entre
otras, obtener noticias generales de Cumaná, Trinidad y Margarita, sobre la
economía de las misiones y aclarar lo que había de cierto acerca de la comu-
nicación del Orinoco con el Amazonas. Al parecer, Carvajal no dudaba de la
existencia de dicha comunicación pues José de Iturriaga, comisario principal
de la expedición, le había hecho llegar un mapa, tal vez copiado de los dibu-
jados por los jesuitas Manuel Román y Bernardo Rotella, donde se mostraba
dicha ruta de comunicación, y por ello le encargaba recorrer esa vía acuática
para determinar los lugares donde debería fundar pueblos de españoles que
impidieran el tráco ilegal de extranjeros.
Carvajal había elaborado un plan de organización territorial para Gua-
yana que, según Ramos Pérez,
20
plasmaba parte de las ideas de Gumilla que
como hombre de la vanguardia misionera entendía que era necesario pensar
menos en nuevos bautizados y más en un progreso regional basado en el
libre comercio y en políticas inmigratorias continuas. Carvajal contemplaba
como prioritarias tres tareas: a) el establecimiento de pueblos de españoles.
Sobre esta idea pivotaba toda su argumentación y su fe inquebrantable en
que con ellos terminarían por expulsar a las potencias extranjeras de Gua-
yana planteando incluso incorporar como súbditos a los negros cimarrones
huidos de las colonias holandesas, noticia ya conocida por las autoridades
españolas. Al parecer ambas coronas coincidían en el propósito de expulsar
a los colonos extranjeros que ocupaban las costas atlánticas desde la desem-
20. Demetrio Ramos Pérez, Estudios de historia venezolana (Caracas: Biblioteca Acade-
mia Nacional de Historia, 1988), 487.
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bocadura del Orinoco hasta el Amazonas;
21
b) acabar con el problema caribe
para garantizar seguridad a los integrantes de la expedición, abolir el tráco
de esclavos y dejar el río libre al comercio. Al respecto, en carta del 6 de no-
viembre de 1753, Carvajal le escribía a Iturriaga:
parece conveniente y aún preciso tentar el ánimo de esta Nación Caribe por si se
les puede pacicar o reducir a que vivan en nuestras Misiones ofreciéndoles to-
das las comodidades que se puedan y sean compatibles con el estado de nuestras
Provincias [...] para cuyo efecto he considerado muy oportuna la persona de VS
[...] concurre que ya es un hombre conocido entre aquellos Bárbaros.
22
Y c) frenar denitivamente el deslizamiento portugués al Alto Orino-
co. Estos proyectos de Carvajal, que comenzaron con las actuaciones de la
expedición transformaron a Guayana, según Lucena Giraldo y de Pedro,
23
en un área de experimentación para nuevas soluciones políticas, estructuras
urbanas y organización territorial.
LA ORGANIZACIÓN DE LA EXPEDICIÓN
La Expedición de límites a Guayana representó la primera empresa cien-
tíca del siglo XVIII completamente española en sus orígenes y organiza-
ción, que serviría de referencia para futuras expediciones.
El retardo de su comienzo, hasta 1754, no se debió únicamente a la imperi-
cia o a la falta de voluntad política para dotarla de los mejores medios posibles,
sino a las reacciones que suscitó la rma del tratado que obligó a que los pasos
de su preparación tuvieran que darse con la mayor discreción, usando guras
interpuestas para evitar el descubrimiento de una misión asumida como secre-
to de Estado; y buscando proveedores de los equipos y vituallas en otros países,
entre otras cosas, para no pagar el sobreprecio con que los comerciantes locales
solían facturar sus mercancías cuando sabían que corrían a expensas del rey.
La selección del equipo humano se hizo teniendo en cuenta la profesio-
nalidad y delidad a las ideas del monarca. Los cuatro comisarios principa-
les y el ayudante del primero eran todos ociales del ejército o de la armada,
muchos con amplia experiencia americana: Primer Comisario: José de Itu-
rriaga, ocial de la Real Armada y de la Compañía Guipuzcoana, defensor
de La Guaira y Puerto Cabello en la guerra contra los ingleses. Ayudante del
21. Carvajal a Iturriaga, San Lorenzo, 18 de noviembre de 1753, Museo Naval de Ma-
drid, 572.
22. Ramos Pérez, Estudios…, 609; Carvajal a Iturriaga, 6 de noviembre de 1753, Archi-
vo General de Simancas. Fondo Estado, leg. 7375, f. 49.
23. Lucena Giraldo y de Pedro, La frontera caríbica…, 18.
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Procesos 41, enero-junio 201546
primer comisario: José Ignacio de Madariaga, ocial de la Armada. Segundo
Comisario: Eugenio Alvarado, criollo de Popayán, ocial en el Ejército de
Indias. Tercer comisario: Antonio de Urrutia, guardiamarina. Cuarto comi-
sario: José Solano, guardiamarina y experto en ciencias exactas. El equipo se
completó con la contratación de numerosos astrónomos, cosmógrafos, ciru-
janos, pilotos y un instrumentario: Apolinar Díez de la Fuente, gura señera
en la exploración del Alto Orinoco. Los trabajos de Historia Natural fueron
encargados al sueco Pedro Löing, botánico discípulo de Linneo e introduc-
tor de su modelo de clasicación en España. Junto a él formaban equipo
los médicos botánicos Benito Paltor y Antonio Condal y como dibujantes
Bruno Salvador Carmona y Juan de Dios Castel. Este equipo de naturalistas
representó el primero que un gobierno español nanciaba y enviaba a sus
dominios.
24
Para el transporte de la expedición se adquirieron una fragata, la
Inmaculada Concepción, de 275 toneladas de capacidad, y el navío Santa Ana
de 640 toneladas, propiedad de la Compañía Guipuzcoana.
la Penetración territorial.
cumaná, Primer obstáculo
La situación general de la provincia auguraba dicultades para el des-
empeño de las tareas de la expedición, aunque parte de los problemas ya
venían a bordo. A la vista de las costas cumanesas, el día 8 de abril, fallecía
en Madrid el ministro Carvajal. Ajenos a la noticia, los comisarios reunidos
a bordo de La Concepcion, antes de tocar tierra, abrieron el legajo con sus
nuevos nombramientos.
25
La llegada sin previo aviso de aquellos dos barcos a Cumaná con tan im-
portante número de marinos, militares y cientícos sorprendió a las autorida-
des locales. Allí se rebelaría el carácter irascible y poco negociador del primer
comisario Iturriaga y la terquedad obstruccionista del gobernador Mateo Gual
(1753-1757) conocido de Iturriaga y por quien no profesaba ninguna simpatía.
En una real cédula que Iturriaga hizo llegar a Gual, el ministro Carvajal
le solicitaba al gobernador que facilitara a los miembros de la expedición
todo cuanto necesitaran para comenzar sus trabajos:
he resuelto que vos les acudáis y auxiliéis con todos los medios [...] y especial-
mente que de la tropa de vuestro mando les deis y entreguéis que vos y ellos
24. Francisco Pelayo y Miguel Ángel Puig-Samper, La obra cientíca de Löing en Vene-
zuela (Caracas: Cuadernos Lagovén, 1991), 14.
25. Ramos Pérez, El tratado…, 93.
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juzgaseis necesaria para la seguridad de sus personas y los indios de servicio que
les parezca como también las piraguas, canoas, pertrechos y utensilios y víveres
que necesiten.
26
Puesto que Iturriaga había decidido entrar al Orinoco por mar desde
la Boca de Navíos aprovechando las crecientes del río, sus demandas eran
urgentes. Exigía 12 lanchas y 3 o 4 goletas o balandras de 6 a 8 cañones cada
una. Demandaba además 25 bongos, 6 curiaras, 250 indios bogas, 100 hom-
bres de tropa con 4 ociales conocedores de la región así como casabe y tasa-
jo para un año.
27
Con precipitado optimismo Iturriaga se apresuró a comuni-
car a Ricardo Wall, sucesor de Carvajal, que todo estaba presto para partir.
28
Nada más lejos de la verdad.
A su demanda, Gual le respondió que en toda su gobernación solo había
50 lanchas, 33 piraguas, una balandra y dos goletas, todas imprescindibles
para el aprovisionamiento de la provincia. No podía darle el número de in-
dios solicitados por estar dedicados a tareas agrícolas y al sostenimiento de
las cajas reales. Todo cuanto podía ofrecerle eran soldados que debería ali-
mentar y pagar con los fondos de la expedición.
29
A partir de ese momento
la comunicación entre Iturriaga y Gual comenzó a deteriorarse sin remedio
con graves trastornos para la misión.
El alto cargo que Iturriaga desempeñó en la Compañía Guipuzcoana no
era su mejor carta de presentación. Hombre conocido en aquellas tierras,
demasiado tal vez, gozaba de la antipatía tanto de pequeños comerciantes y
productores, como de altos funcionarios del gobierno que continuaban vien-
do en él a un representante de los intereses de la monopólica Guipuzcoana
y no al primer comisario de una expedición cientíca. Pero además, sostiene
Ramos Pérez,
30
en el impasse con Gual también estaba implicado el segundo
comisario Eugenio Alvarado arbitrariamente desplazado por Iturriaga de la
dirección de la expedición por viejas rivalidades entre ociales de la marina
y del ejército. Alvarado habría medrado contra Iturriaga buscando que el
fracaso de su gestión lo reivindicara en la conducción de la expedición.
Gual exibilizó su negativa pidiéndole a Iturriaga que se ciñera a lo im-
prescindible y participándole que ordenaría al comandante de Guayana que
preparara las lanchas para remontar el Orinoco. Iturriaga rechazó esta oferta y
26. Real Cédula al gobernador de Cumaná Aranjuez, 19 de junio de 1753, Archivo
General de Simancas, fondo Estado, leg. 7375.
27. Lucena Giraldo y de Pedro, La frontera…, 34.
28. Iturriaga a Wall, Cumaná, 28 de abril de 1754, Archivo General de Simancas, Fon-
do Estado, leg. 7389.
29. Wall a Iturriaga, Cumaná, 7 de mayo de 1754, Archivo General de Simancas. Ibíd.,
leg. 7390.
30. Ramos Pérez, El tratado…, 98.
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se negó a ver al gobernador por desacatar las órdenes reales.
31
Los comisarios
de Límites, casi todos militares, además de obedecer a sus líneas de mando,
participaban de una visión ilustrada de la gestión pública y la clara determi-
nación de imponer el regalismo Borbón sobre cualquier forma de poder local.
Con la carga de la Inmaculada Concepción todavía sin desembarcar, Itu-
rriaga buscó el auxilio de sus amigos de Caracas con el n de salir lo antes
posible de Cumaná. La Guipuzcoana le adelantó 10.000 pesos que destina-
ría a construir las embarcaciones faltantes. Gual volvió a obstaculizar esta
iniciativa quitándoles al carpintero de ribera y sus ayudantes, a quienes
puso en otras labores. Iturriaga decidió hacerlas en Trinidad y enviar un
contingente de avanzada a Guayana con las embarcaciones disponibles. Las
aguas del Orinoco empiezan a descender a partir de septiembre y el tiempo
apremiaba. El 29 de julio Iturriaga ordenó a Gual que concentrara todo el
transporte disponible. Por n el día 5 de agosto se dieron los despachos de
salida y el 6 partió el convoy compuesto de 15 embarcaciones, una balandra,
dos goletas y 12 lanchas. Los comisarios Alvarado, Urrutia y Solano, junto
a varios cosmógrafos, partieron en aquella avanzadilla al mando de la cual
estaba Alvarado, aunque solo en teoría ya que Iturriaga había girado instruc-
ciones particulares a su ayudante personal para que se ignorara la autoridad
del segundo comisario. A pesar de que el destino nal de todos sería Ciudad
Guayana, cada uno llevaba instrucciones particulares. Solano se quedaría
en Trinidad para garantizar las embarcaciones que requería la expedición,
Urrutia exploraría la costa de Guayana y Alvarado debería acercarse hasta
las colonias holandesas, para luego entrar al Orinoco.
Mientras la expedición partía para enfrentarse a nuevas dicultades, Itu-
rriaga y el grupo de botánicos y dibujantes permanecieron en la provincia
de Cumaná. El Primer Comisario seguiría ocupado en resolver los proble-
mas de transporte, sin embargo el inconveniente más grave que le quedaba
por resolver era el de las escoltas militares para los expedicionarios. El costo
de 100 soldados y cuatro ociales al año representaba 15.000 pesos anuales,
cantidad exorbitante para una provincia que vivía principalmente del situa-
do. Para complicar la situación, las noticias de la muerte de los primeros
expedicionarios, ocurridas entre enero y febrero de 1755, llegaron a Cumaná
y tuvieron un efecto negativo en el reclutamiento de nuevos soldados para
una misión que, según Gual, la gente comenzaba a ver con horror. Los ban-
dos publicados con ese propósito no lograron atraer a ningún voluntario.
En enero de 1755 se descargó la Inmaculada Concepción y se solicitó ayuda al
gobernador de Caracas para explorar la posibilidad de organizar una ruta
terrestre de suministros a Guayana a través de los llanos.
31. Ibíd., 150.
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El 22 de abril, luego de un año, Iturriaga abandonaba Cumaná rumbo a
Trinidad. Con excepción de Benito Paltor, que partió con Solano para colectar
en solitario en Trinidad, el resto del equipo, bajo la dirección de Löing, se
mantuvo activo reconociendo los alrededores de Cumaná y haciendo obser-
vaciones sobre la ora local que quedarían recogidas en sus manuscritos sobre
Flora Cumanensis, parte de cuyo material sería publicado en 1778 por Linné
en el Iter Hispanicum. Sus observaciones faunísticas en los alrededores de Cu-
maná representaron el embrión de lo que hubiera deseado que fuese su Fau-
na Cumanensis. Luego de tres meses de permanencia en Cumaná, entre julio
y septiembre, Löing y su equipo se trasladaron a Barcelona y de allí a las
misiones de Píritu, de donde regresó en septiembre para reponerse de unas
ebres que comenzaron a fragilizar irremediablemente su salud. Restablecido
el 17 de diciembre de 1754, volvió a partir hacia Barcelona. A pesar de distintos
contratiempos, Löing estuvo colectando en la cuenca del Unare hasta marzo
de 1755 cuando Antonio Caulín le transmitió la orden de dirigirse a Guayana
“y para que el viaje sea bien dirigido puede V.M. irse conduciendo de pueblo
en pueblo”.
32
loGros y nuevos inFortunios de la exPedición,
aGosto 1754-octubre 1756
Urrutia y Alvarado costearon Paria y el Golfo Triste. En Paria, Alvarado
capturó a varios extranjeros, posiblemente franceses, acampados en la costa,
que se dedicaban a la captura de tortugas para comerciarlas en Martinica. Que-
mó sus ranchos y se los llevó prisioneros a Ciudad Guayana de los Castillos,
penetrando el Orinoco por la Boca de Navíos. Un comienzo, como dice Lucena
Giraldo,
33
que no deja lugar a dudas sobre las intenciones de la expedición.
Llama la atención de que, a pesar del atraso de algo más de un año con
que zarpó la expedición al Orinoco para encontrarse con la comisión por-
tuguesa en el Río Negro, Iturriaga no parecía tener mucha prisa, como si
estuviera esperando que nuevos imprevistos contribuyeran a demorar aún
más la fecha de un encuentro que al parecer el Primer Comisario nunca tuvo
como prioridad.
El tercer comisario, Antonio de Urrutia, y el cosmógrafo Francisco Gui-
llén sucumbieron por las ebres en la misión capuchina del Caroní. El mismo
32. Carta de Iturriaga a Löing, 14 de marzo de 1755, Real Jardín Botánico, II 4-1-9;
Lucena Giraldo, Laboratorio tropical. La expedición de límites al Orinoco 1750-1767 (Caracas:
Monte Ávila Editores / Consejo Superior de Investigaciones Cientícas, 1993), 152.
33. Ibíd., 154.
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Alvarado y sus hombres se vieron postrados y obligados a reponerse de su
agotamiento por causa de las lluvias incesantes, el calor húmedo y la plaga.
Para tal n consideraron prioritario establecerse en el lugar más saludable.
Tan pronto como le fue posible, Alvarado comenzó a cumplir con las
labores contenidas en las “instrucciones reservadas” del 30 de septiembre
de 1753
34
que hacían de él una especie de “espía” que debía rendir informes
detallados sobre aspectos tan diferentes como la economía política de las mi-
siones o su distancia con los establecimientos holandeses. Debía internarse
tierra adentro para explorar las comunicaciones con las colonias holandesas,
establecer contacto con los caribes y hasta obtener noticias precisas sobre las
minas de oro que, según Iturriaga, existían en las cercanías de la misión de
Cupapui.
Entre la muerte de Urrutia y hasta poco antes de la llegada de Iturriaga
a Guayana, Alvarado trabajó para dar cumplimiento a las “instrucciones re-
servadas”. En abril remitía los primeros informes sobre el estado de las mi-
siones capuchinas, sobre las minas de oro y sobre las rutas de comunicación
con las colonias holandesas y los grupos caribes. Mientras esperaba el arribo
del primer comisario se aprestó a partir a las misiones jesuitas para lo cual
reunió 250 indígenas bogas y víveres necesarios para 400 hombres. En mayo
de 1755 llegaron al Orinoco tres champanes de los construidos en Trinidad
que debían transportar río arriba todos los efectos almacenados en Ciudad
Guayana. El invierno había vuelto a entrar, las aguas comenzaban a subir y
el resto de los expedicionarios no terminaba por llegar a la ciudad, lo que
presagiaba una nueva inmovilización de la expedición.
En junio de 1755 se produjo una nueva pérdida humana. Se trató del
especialista en astronomía, el jesuita croata Francisco Javier Haller, fallecido
por las ebres. Löing contaba con Haller como un futuro gran colaborador
y Alvarado lo contrató en Sevilla pensando que su presencia en las las de
la expedición permitiría suavizar las tensiones que se preveían habría con
los misioneros del Orinoco.
35
Después de acusar este nuevo golpe, Iturriaga
y Solano se adentraron al Orinoco en medio de grandes aguaceros y vien-
tos. El 22 llegaron a Santo Tomé en un estado calamitoso y dejando atrás la
mitad del convoy. El instrumentista Apolinar Díez de la Fuente escribía a un
amigo “solo le digo que hemos quedado de toda la expedición la mitad, unos
mancos y otros tullidos y los demás muriéndose, yo escapé en una tabla en
la primera turbonada con todos los sacramentos”.
36
34. Archivo General de Simancas, fondo Estado, leg. 7390, f. 19.
35. Del Rey Fajardo, Documentos relativos a la Compañía de Jesús en Venezuela, t. 2 (Cara-
cas: Biblioteca Academia Nacional de la Historia, 1974), 269.
36. Carta de Apolinar Díez de la Fuente a Manuel Sánchez de Orellana. Caroní, 8 de
diciembre de 1755. Archivo General de Simancas, fondo Estado, leg. 7390.
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Aún sin reponerse, Iturriaga despachó al cosmógrafo Juan Sánchez Ga-
lán a los raudales de Atures, con el n de allanar el camino al resto de la
expedición en su paso por ese obstáculo natural, preparando depósitos y
alojamientos. Estando en la misión jesuita de San Juan Nepomuceno de Atu-
res, Sánchez Galán enfermó de ebres y falleció en noviembre de 1755. En
febrero de 1756 Solano partió de Ciudad Guayana con destino a los raudales
al mando de un convoy formado por 8 champanes de carga, una piragua de
cocina, tres falúas, tres piraguas y tres curiaras para la pesca. Llevaba 126
indígenas y 13 soldados.
Solano, aparentemente, era el único que expresaba preocupación por los
atrasos que llevaba la expedición en relación al lugar y fecha de encuentro
con el equipo portugués. Al llegar a los raudales decidió emprender la aven-
tura de remontarlos en solitario
viendo que quedarían sin efecto el tratado de límites no vericándose aquel
paso, se metió en un champán y llevo en el y canoas de los indios, dos cientos de
los áviles [...] al atravesarle por el pie del Raudal, los empeño a subir la primera
cascada [...] y habiendo conseguido vencer aquella primera dicultad fue em-
peñándolos de una á otra [...] y en tres días y medio [...] consiguió vencer aquel
decantado imposible el 28 de marzo de 1756.
37
Posteriormente, se dirigió hasta el raudal de Maipures, unos 60 km
aguas arriba, para estudiar la posibilidad de remontarlo. Allí se encontró
con el líder de los Guaypunabi, Cuseru (Crucero). Luego de los obsequios de
rigor, le manifestó que ellos eran “españoles del rey” gente diferente a la que
en otras ocasiones pudieron haberlos ofendido. Esa reunión sentó las bases
de una futura colaboración.
Mientras tanto, Iturriaga, quien permaneció entre los capuchinos, se
avocó a tratar el problema caribe y a crispar a los misioneros de quienes
dependía el abastecimiento de la expedición. Las tensas relaciones mante-
nidas con los misioneros y el hecho de que no lograba restablecerse de sus
dolencias llevaron al primer comisario a tomar la decisión, para alivio de los
capuchinos, de trasladarse en junio de 1756 a un sitio elevado y seco, cercano
a la misión franciscana de Muitaco, que bautizaría con el nombre de Puer-
37. Josef Solano, “Viaje del Excmo. Señor D. Josef Solano Marqués del Socorro en la
provincia de Guayana; siendo capitán de fragata de la Real Armada, y comisionado por
Estado con D. Josef de Iturriaga jefe de Escuadra, D. Eugenio de Alvarado Marqués de To-
veloso; coronel de Infantería y D. Antonio de Urrutia Capitán de Navío, para efectuar los
acordados límites de los Dominios del Rey y del Rey Fidelísimo, en la parte septentrional
de la América Meridional”, citado por Ángel de Altoaguirre y Duvale, Relaciones Geográ-
cas de la gobernación de Venezuela 1767-1768 (Caracas: Ed. de la Presidencia de la República
de Venezuela, 1767-1768, 1954), 243-288.
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to Sano, por haberlo sanado de sus males, y donde permaneció por largo
tiempo. Muy distinta fue la suerte de Löing, que murió en la misión de San
Antonio de Caroní el 22 de febrero de 1756.
Para esas fechas la expedición semiparalizada se había avocado a cum-
plir los objetivos secundarios de su misión y sin reportar a la corte. Frente al
desánimo colectivo sobresalía el entusiasmo de Solano empeñado en desple-
gar la infraestructura de abastecimiento para que la expedición pudiera por
n llegar al Alto Orinoco.
EL SEGUNDO ALIENTO. OCTUBRE 1756-FEBRERO 1758
Atribuir a la fatalidad o a las condiciones de Guayana todas las dicul-
tades por las que atravesaba la expedición no es del todo cierto, como se
puede ir apreciando. Los comisarios, reunidos en Puerto Sano, evaluaron la
situación conscientes de que, a pesar de haber cumplido con algunos de los
objetivos subalternos ordenados por Carvajal y de las buenas noticias traídas
por Solano, estaban tan lejos de comenzar a cumplir con el objetivo principal
de su misión como del lugar de encuentro con los portugueses que llevaban
dos años esperando a la comisión española.
En este punto se hace pertinente señalar la enorme e insuperable ventaja
que representó, para la comisión portuguesa, la topografía del valle ama-
zónico y su dilatada experiencia colonizadora en el entorno del bosque hú-
medo tropical. Mientras los españoles, o mejor dicho la avanzada jesuita,
apenas rozaba la antesala del Alto Orinoco, entre grandes espacios desco-
nocidos y una topografía abrupta descubrían la conexión con el Amazonas
a escasamente 800 km del Atlántico, los portugueses, sin contar los otros
ríos principales explorados y ocupados, se habían internado a lo largo de
la autopista uvial del Amazonas casi 4.000 km desde el océano hasta el
Río Negro. En pocos meses y sin ninguna dicultad de aprovisionamiento,
la comisión pudo llegar al lugar de encuentro. Respecto a colonización de
la Hylaea amazónica Portugal le llevaba a España una delantera abismal.
Lisboa, incluso bajo la dominación española, apoyó irrestrictamente la ex-
pansión fronteriza al interior de la selva amazónica
38
–el macro hábitat prin-
38. Bayle nos recuerda que el método empleado por los portugueses en sus empresas
colonizadoras era el más idóneo para sus nes. Realizaban grandes expediciones anuales
o bianuales de reconocimiento y leva de gente, con la cual establecían un pueblo trayendo
personas de ambos sexos que enseñaban a trabajar a los nuevos reducidos. La adminis-
tración y cargos principales del poblado eran dados a los colonos. Un capitán y tropa
se encargaban de la defensa y de no dejar enemigos a sus espaldas. Véase: Constantino
Bayle S. J., “Las misiones, defensa de las fortalezas de Mainas”. Missionalia Hispania, n.
o
24 (1951), 433.
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cipal de su colonia americana–, sin embargo para Madrid, con un imperio
repleto de ambientes variados y benignos, la selva tropical careció de un va-
lor particular salvo para los misioneros, especialmente jesuitas, que estaban
logrando establecer un “cerco” misional en torno al Amazonas portugués.
Aparte de las misiones, España no mantenía ninguna presencia estable en
Amazonas, pero ocurre que las misiones no eran consideradas en el derecho
internacional como establecimientos permanentes de ocupación a los efectos
de generar soberanía. Por consiguiente, la frontera debía establecerse sobre
espacios vacíos, siguiendo las líneas naturales que marcan los ríos, cadenas
montañosas y divisorias de aguas.
Los problemas por las bajas sufridas en el personal y la falta de medios
para proseguir la campaña debían ser resueltos de inmediato. Acordaron
que Iturriaga se estableciera en los raudales con los escasos recursos dispo-
nibles, mientras Madariaga iría a Madrid y Solano a Santa Fe para gestionar
ante las autoridades la obtención urgente de fondos, recursos humanos y
materiales para proseguir sus actividades. Iturriaga, por su torpeza y arro-
gancia, apenas alcanzó la misión jesuita de La Encaramada donde tuvo un
serio altercado con el jesuita Felipe Salvador Gilij, que puso de relieve las
profundas diferencias entre la Compañía de Jesús y los representantes de
un monarca que había entregado las misiones del Paraguay. Empantanado
por falta de hombres que quisieran acompañarlo, terminó estableciéndose
en la misión de Cabruta, en el Orinoco Medio, no muy lejos de Puerto Sano
escribiendo a la Corte: “por nuestra parte estamos ya prontos a principiar
la Línea divisoria [...] no considerando en el tránsito para Río Negro, otro
invencible tropiezo”.
39
Madariaga, nombrado interinamente tercer comisario por Iturriaga, en
sustitución del difunto Urrutia, hizo con Solano un rápido viaje de reconoci-
miento hasta los raudales para comprender mejor la situación. De vuelta en
febrero de 1757 ambos partieron a sus respectivas misiones.
En España, los ministros de Estado e Indias, Ricardo Wall y Julián de
Arriaga, mantenían profundas dudas sobre la utilidad de la expedición al
punto de contemplar su anulación denitiva. Madariga culpó de los atrasos
de la expedición al gobernador de Cumaná, a los jesuitas y al mismo Iturriaga,
a quien calicó de infeliz, aturdido, equivocado y caviloso.
40
Madariaga no
fue muy convincente porque en denitiva él tampoco creía en la expedición.
Arriaga propuso el envío rápido de auxilios, la apertura de un crédito
entre 50 y 80 mil pesos y cubrir las plazas vacantes con nuevos cartógrafos.
39. Archivo General de Simancas, fondo Estado, leg. 7390, f. 26, citado por Ramos
Pérez, El tratado…, 213-214.
40. Lucena Giraldo, Laboratorio tropical…, 175.
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Se mostró partidario de sustituir a Gual, y recomendó se instruyera a Iturria-
ga para que abandonara de inmediato todos los propósitos secundarios de la
expedición y se avocara de lleno al trazado de la línea divisoria. Por su parte
los ministros se dirigieron a la corte portuguesa para explicarles las causas
de largo retraso y procedieron a destituir a Gual.
41
Las gestiones de Solano en la capital virreinal fueron más rápidas. El
virrey Solís le ofreció 100.000 pesos de ayuda. El presidente de la Audiencia
de Quito se excusó de enviarle lo solicitado, aunque no cerró las puertas a
una posible ayuda. A mediados de 1757 cuando se aprestaba a regresar al
Orinoco para cruzar el raudal de Maipures en la siguiente temporada de
sequía, Solano recibió la orden de Iturriaga de permanecer en Santa Fe hasta
no tener alguna respuesta concreta de Quito que, en los meses siguientes,
ofreció 30.000 pesos de ayuda. En enero de 1758 llegaban a Cabruta con el
aval de 130.000 pesos de las cajas virreinales, 1.500 arrobas de harina, armas,
legumbres secas y la mala noticia sobre la paralización de los trabajos del
Tratado de límites a causa de nuevas tensiones entre España y Portugal por
la dilación lusitana en la entrega de Sacramento. Ambos países acusaron a
los jesuitas de maniobrar para retrasar la puesta en marcha del Tratado. Todo
ello justo cuando Gual era reemplazado por Nicolás de Castro y se disponían
los preparativos para el envío de pertrechos y dinero.
Mientras esperaba el regreso de los dos comisarios, Iturriaga decidió es-
tablecerse en Cabruta para enfrentarse a una supuesta confabulación de los
jesuitas con sus aliados indígenas, que trataría de obstaculizar el paso de la
expedición por los raudales y para atacar el problema de la resistencia caribe.
Con el n de iniciar la fundación de nuevos pueblos de españoles para
garantizar el control territorial, Iturriaga despachó a los guardiamarinas Vi-
cente Doz y Nicolás Guerrero a explorar el Apure y realizar observaciones
sobre las misiones, la ora y la fauna llaneras, mientras continuaba con su
política represiva contra los caribe. Con el nuevo gobernador, Nicolás de
Castro, que de inmediato se puso a las órdenes de Iturriaga, Ciudad Guaya-
na recibió un fuerte impulso. Se acondicionaron y reforzaron los castillos, se
trajo ganado y nuevos pobladores, se iniciaron los trabajos de construcción
de hornos de cal, una alfarería, nuevas viviendas y el talado de bosques para
incremento de las siembras. Para Iturriaga la fundación de pueblos no mi-
sioneros era fundamental para crear áreas de inuencia y control. Establecer
dependencias y necesidades entre las poblaciones nativas que pudieran ser
satisfechas desde los nuevos centros poblados, garantizando una suerte de
control estratégico militar que restara espacio a la inuencia holandesa, que-
brando sus alianzas con los caribes e inutilizando las redes comerciales.
41. Ibíd., 177.
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Al llegar Solano de vuelta de Santa Fe, en enero de 1758, Iturriaga sabía
la noticia de la suspensión temporal del Tratado y la retirada de la comisión
portuguesa al Pará. Este le comunicó a Solano, su decisión de permanecer en
Cabruta. Los argumentos de Iturriaga no convencieron a Solano, incapaz de
aceptar aquella inacción. Frente al vacío de poder que signicaba la actitud
de Iturriaga y colapsado el diseño colectivo de la expedición, Solano se sintió
con la suciente libertad para tomar iniciativas y llevar adelante sus propios
planes al margen de la suspensión del Tratado.
el avance al alto orinoco - río neGro y el Fin
de la exPedición. Febrero 1758-Febrero 1761
Con Iturriaga autoexcluido de las actividades de primera línea, en fe-
brero de 1758 Solano tomó las riendas del avance de la expedición empren-
diendo un nuevo viaje al raudal de Maipures. En su anterior visita se había
percatado del enorme valor estratégico de aquel sector del Orinoco y la ines-
tabilidad de las relaciones inter étnicas a causa de la presencia de las misio-
nes jesuitas en el norte y de los esclavistas portugueses por el sur.
Solano actuó como un hábil político. Su estrategia se basó en insertarse
en el área como un elemento más entre los poderes regionales, sin imponerse
sobre la base de razonamientos repudiados por inaceptables o incomprensi-
bles, e identicando a sus interlocutores más relevantes. Tuvo la perspicacia
de asociarse con quien mejor le convenía para perjudicar a sus enemigos y
manipular los litigios presentes en su benecio, presentándose como socio y
benefactor de los indios justo cuando los portugueses se habían convertido
en un eminente peligro para sus pueblos.
En marzo de 1758 se acercó a los guaipunabis en una falca tripulada por
21 indígenas, 10 soldados y un sargento. Franqueó el raudal de Maipures sin
ninguna dicultad remarcable y “llegó en la tarde del 10 de marzo al Puesto
del lugar donde residía Cruzero situado en la punta entre los ríos Orinoco y
Atabapo”.
42
Los guaipunabis se encontraban enfrentados a los pobladores del Casi-
quiare y alto Río Negro liderados por Imno, jefe de los manetivitanas, quie-
nes estaban aliados con los manaos que huían de las represalias portuguesas.
Es comprensible que Cruzero, al sentirse aislado, aceptara la alianza ofrecida
por Solano y sus “españoles del Rey” para enfrentarse a Imno y su yerno
Cocuvi.
42. Solano, “Viaje del Excmo …”, 257.
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En estrecha cooperación levantaron un fuerte y pueblo en el río Ataba-
po sobre un antiguo lugar de ocupación llamado Maracoa. En abril de 1758
Solano se dirigió a Wall exponiéndole algunas de las ideas de su proyecto
de “reforma de la frontera” que adquirieron su expresión denitiva en los
primeros meses de 1759. Su propósito era dedicar parte de los esfuerzos de
la expedición en mejorar la infraestructura regional. Para el tercer comisa-
rio el trazado de la línea divisoria requería, al mismo tiempo, la ampliación
y consolidación de las fronteras internas. En ello coincidía plenamente con
Iturriaga.
En julio de 1758 el fuerte estaba levantado y el establecimiento, que se
llamaría San Fernando de Atabapo –llamado a ser el pueblo español más
importante del Alto Orinoco y capital sentimental del actual Estado Amazo-
nas–, congregaba en sus primeros núcleos de población a diferentes grupos
indígenas aislados de los alrededores. Solano procedió al nombramiento de
las autoridades bajo el mando de Cruzero, que aceptó de sumo grado y con-
certó la amistad de los mazerinavis del Ventuari y los menguepures, a los
que propuso fundar un pueblo en Maipures para garantizar el control de
ambos raudales.
Desde San Fernando de Atabapo, Solano ordenó la exploración de los
ríos Guaviare, Ariari, Guayabero y Atabapo. En diciembre de 1758 San Fer-
nando contaba con 200 indígenas y tan fuertemente armada con la artillería
y soldados traídos que Solano se sintió en condiciones para iniciar gestiones
de paz secretas con los otros grandes líderes de la región: Imno e Inao, el
cacique de los manoa, quien, educado en Lisboa y al parecer con nombre
cristiano, le envió una carta aceptando la paz ofrecida:
Senor Comandante D. Josef Solano: Quezera que Vm.m. nos desse licema para
que podesemos entrar de bayso de Coroa de Españea ja que á Coroa do Portugal
nao nos quy valer, vallamos agora a Coroa Españea A bayso de Deos de Vm.m.
Certo criado é Servo Joao Marcello.
43
Con el éxito de los acuerdos alcanzados, respaldados por la nutrida pre-
sencia española en soldados, indígenas de pelea y armamento, se produjo el
acercamiento de otros grupos como los maquiritare (yekuanas) por quienes
supieron de la existencia de cacahuales silvestres en el Alto Orinoco, lo que
animó a Solano para organizar una exploración hacia las fuentes del Orinoco
en busca de esos plantíos y de posibles negros cimarrones procedentes de las
colonias holandesas, que se rumoraba habían podido llegar hasta allí. Con la
pacicación en marcha, Solano percibió que el camino hasta Mariua estaba
43. Ibíd., 270.
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despejado. En 40 días de navegación desde Atures la expedición podría al-
canzar por n su destino.
A principios de 1759 Solano, dispuesto a cumplir con determinación el
Tratado de límites, se encontraba en Atures impulsando la continuación de
las exploraciones y el establecimiento de asentamientos y puestos defensi-
vos, sin saber que en la península estaban por ocurrir cambios políticos que
terminarían denitivamente con la expedición. No obstante, desde marzo de
1759 y hasta febrero de 1761, cuando se produjeron la disolución ocial y la
retirada de la mayoría de sus integrantes, tuvieron lugar una serie de rápidas
exploraciones y fundaciones que marcaron en la práctica los primeros lími-
tes fronterizos del sur con Portugal y un freno efectivo al tráco esclavista.
BOBADILLA. SALVANDO LA CARA
LLEGA A MARIUA EN EL RÍO NEGRO
A las fundaciones en 1758 de Maipures, San Fernando de Atabapo y San-
ta Bárbara en ruta al Alto Orinoco, se sumaron en los dos años siguientes las
de Buena Guardia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la boca del Casiquia-
re y las San Carlos y San Felipe en el Río Negro, aunque hubo un proyecto de
construir un fuerte en el raudal de Corocubi (Cocubi), cerca de Mariua. En
esta última etapa, la función defensiva de estos establecimientos frente a los
portugueses cumplió su propósito fundamental.
El 1 de enero de 1759, en carta al ministro Wall, Solano resumía sus ac-
tuaciones y la amplitud de su visión regional al proponerse distribuir a los
jefes indígenas que juraron adhesión a la causa del rey, en las selvas entre
los ríos Japura y Negro; en las cabeceras del Atabapo, por donde se tenían
noticias existía una posible comunicación con el Río Negro y por último en
las orillas del Orinoco cerca del Casiquiare y en la desembocadura del Casi-
quiare con el Río Negro, para frenar el paso de los portugueses.
44
El área del Atabapo y caños próximos fue recorrida por Francisco José de
Alén y Nicolás Guerrero quienes dieron información cierta sobre la existen-
cia de un arrastradero de unos 12 km entre el río Temi, auente del Atabapo
y el caño Pimichín que desemboca en el Río Negro.
45
Con cuatro horas de
marcha se obtenía un ahorro de 30 días de navegación desde Atabapo al
Río Negro. De las expediciones al Casiquiare-Río Negro debemos resaltar,
en primer lugar, la iniciada el 2 de agosto de 1759 por el alférez de la infan-
tería de marina Simón Santos López de la Puente en compañía del veterano
44. Solano a Wall, San Fernando de Atabapo. 1 de enero de 1759. Archivo General de
Simancas, fondo Estado, leg. 7396. En Lucena Giraldo, Laboratorio tropical…, 206.
45. Perera, El Amazonas venezolano…, 239.
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Francisco Fernández de Bobadilla. Mientras Santos permanecería en el Casi-
quiare buscando el apoyo de los jefes y haciéndose de provisiones, Bobadilla
y sus hombres alcanzarían la aldea de Mariua para reunirse con la comisión
portuguesa y preparar el tránsito del resto de la expedición. El 4 de octubre
de 1759 llegaron al fuerte portugués donde los recibió el teniente coronel
Sousa Filgueiras, representante del gobernador. Había tardado 42 días entre
Atabapo y Mariua. Las circunstancias de aquel demorado encuentro no es-
tuvieron exentas de cierta sorna por parte portuguesa:
Llegué al Real, en cuyo puesto encontré lleno de soldados, indios y el teniente
coronel en los balcones del palacio [...] me dijo el coronel que nos había estado
esperando cinco años y medio, y que por falta de noticias nuestras se fue el ge-
neral y los matemáticos. Me mandó aguardar, y dijo que el día siguiente despa-
chaba al gobernador la carta, que a los cuarenta días vendría el gobernador o su
respuesta. Díjele la orden que llevaba de volverme luego, y me respondió que
me esperase un tiempo, ya que ellos nos habían esperado cinco años y medio.
46
Al arribo del gobernador portugués, Bobadilla le informó sobre lo ocu-
rrido a la expedición desde 1754, y le hizo entrega de un mensaje de Iturriaga
según el cual en seis meses todo podía estar preparado para la demarcación.
Bobadilla enfermó debiendo posponer su regreso hasta enero de 1760. Por
intermedio de este los portugueses informaron a Iturriaga que irían a las
posiciones españolas para acordar con los comisarios la fecha de encuentro
de las dos comisiones y, obviamente, con el propósito de conocer las instala-
ciones y fuerzas españolas destacadas en la región.
Con San Carlos de Río Negro en la margen izquierda del río y el fuerte de
San Felipe en la orilla opuesta, ambas cerca de la desembocadura del Casiquia-
re, Solano completó el cierre del dispositivo estratégico. Para entonces, acota
Lucena Giraldo,
47
Solano parecía haber abandonado la idea de ubicar el fuerte
más al sur en el raudal de Corocubi donde según él se encontraba el n de los
dominios españoles. “San Carlos de Río Negro, aunque algo distante del rau-
dal de Corocubi que debía ser límite, puede ser por ahora fuerte de frontera”.
48
La tardanza de los portugueses en pasar al Orinoco fue interpretada por So-
lano como una muestra de su desinterés por delimitar, así que, de forma simbó-
lica, tomó posesión del raudal de Corocubi despertando el enojo de sus vecinos:
46. Diario, sucesos y observaciones del sargento Francisco Fernández de Bobadilla
enviado por la Real Expedición de Límites española con pliegos para la portuguesa en
Río Negro. Real Academia de la Historia. Colección Muñoz, 9/1708. En Lucena Giraldo,
Laboratorio tropical…, 207-208.
47. Ibíd., 208.
48. Solano, “Viaje del Excmo…”, 208.
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Todo lo avisó D. Josef Solano á D. Josef de Iturriaga pero aquel ocial portugues
el Teniente Coronel D. Gabriel de Sousa [...] no llegó a San Fernando hasta el 15
de mayo de 1760 por cuyo retardo [...] no dudaron los españoles que los portu-
gueses no querían vericar los límites acordados. D. Josef Solano sospechándolo
antes hizo acto de posesión hasta el Raudal de Corocuvi [...] y trató de poner bajo
el amparo y dominio del Rey los indios del alto Río Negro [...] prohibiendo que
los portugueses pasaran de aquel raudal de lo que se quejó aquel comandante
portugués pero Solano le dijo que no estaba ni había estado ocupado aquel puer-
to por los portugueses y el tratado no les daba por aquella parte mas estensión.
49
el Fin de la exPedición de límites
En España la alta política llevó adelante la última jugada contra la expe-
dición. El 10 de agosto de 1759 moría Fernando VI y el 9 de diciembre entra-
ba a Madrid su sucesor Carlos III, siempre reacio al Tratado de Madrid de
1750 por considerarlo un mal negocio para España. Su ministro napolitano
Tanucci lo mantenía informado. A cambio de las reducciones paraguayas,
los portugueses no habían entregado la colonia de Sacramento, sino que por
el contrario reforzaron sus defensas.
50
Por ello una de sus primeras medidas
de política internacional fue denunciar el Tratado y ordenar la paralización
de todos los trabajos de la expedición en espera de una decisión denitiva
que tardó 5 meses en producirse. El embajador portugués fue informado de
la anulación española del Tratado. El acta que ponía n a aquella ambiciosa
empresa tuvo lugar el 12 de febrero de 1761 mediante el Tratado del Prado
en que se hacía constar que todo debía ser como si el Tratado de Madrid de
1750 y los demás derivados de él no hubieran existido jamás.
49. Ibíd., 278-279.
50. Alberto Armani, Ciudad de Dios y ciudad del sol: El “Estado” jesuita de los guaraníes
(1609-1768), (México: Fondo de Cultura Económica, 1977), 203.
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49.
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de diciembre de 1755. Fondo Estado. Legajo 7390.
Iturriaga a Wall. Cumaná. 28 de abril de 1754. Fondo Estado. Legajo 7389.
Real Cédula al gobernador de Cumaná. Aranjuez. 19 de junio de 1753. Fondo
Estado. Legajo 7375.
Solano a Wall. San Fernando de Atabapo. 1 de enero de 1759. Fondo Estado.
Legajo 7396.
Wall a Iturriaga. Cumaná. 7 de mayo de 1754. Fondo Estado. Legajo 7390.
Museo Naval de Madrid
Carvajal a Iturriaga, San Lorenzo, 18 de noviembre de 1753, 572.
Real Academia de la Historia
“Diario, sucesos y observaciones del sargento Francisco Fernández de Boba-
dilla enviado por la Real Expedición de Límites española con pliegos para la
portuguesa en Río Negro”. Colección Muñoz, 9/1708.
Carta de Iturriaga a Löing, 14 de marzo de 1755. Real Jardín Botánico, II
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Solano, Josef. “Viaje del Excmo. Señor D. Josef Solano Marqués del Socorro
en la provincia de Guayana; siendo capitán de fragata de la Real Armada,
y comisionado por Estado con D. Josef de Iturriaga jefe de Escuadra, D. Eu-
genio de Alvarado Marqués de Toveloso; coronel de Infantería y D. Antonio
de Urrutia Capitán de Navío, para efectuar los acordados límites de los Do-
minios del Rey y del Rey Fidelísimo, en la parte septentrional de la América
Meridional”. En Ángel de Altoaguirre y Duvale. Relaciones Geográcas de la
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