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fernando Hidalgo nistri. la república del sagrado corazón.
QUito: Universidad andina simón Bolívar, sede eCUador
/ CorPoraCión editora naCional, 2013, 311 PP.
La Republica del Sagrado Corazón, del historiador ecuatoriano Fernan-
do Hidalgo es un erudito y original estudio del ethos y el discurso de los
conservadores en Ecuador entre, aproximadamente, 1875 y 1950. Tomando
como leitmotiv la devoción de la República del Sagrado Corazón de Jesús (p.
20) analiza las visiones conservadoras del orden sociopolítico, de la historia
y de la teología política en Ecuador. No se trata, como admite Hidalgo, de
una historia del Partido Conservador (p. 25) o de la política clerical, sino de
un inventario de las ideas conservadoras.
Como bien señala el autor en las primeras páginas, el conservadurismo,
sea como pensamiento o como organización política, ha sido poco estudiado
por la historiografía ecuatoriana (p. 14). Si bien el régimen de García More-
no ha resultado ineludible para los historiadores, la trayectoria posgarciana
del conservadurismo ha recibido escasa atención. Hidalgo menciona como
antecedente a su proyecto el estudio clásico de los franceses Marie-Danielle
Demélas e Yves Saint-Geours, titulado Jerusalén y Babilonia (p. 14), que re-
exiona sobre la recurrencia de este motivo escatológico en la política ecua-
toriana. Aunque Hidalgo no explica la virtual ausencia del conservadurismo
en la historiografía ecuatoriana, sin duda tiene que ver con la hegemonía
que ha ejercido el liberalismo, y una izquierda que se reclama heredera del
liberalismo, en la escritura de la historia en la postguerra en Ecuador.
�idalgo dene a los pensadores conservadores como “cordícolas” (p.
234), es decir, exponentes de un orden sociopolítico sacralizado abocado al
Sagrado Corazón de Jesús. Esta denición es fructífera en cuanto apunta a la
persistencia de la teología política en el pensamiento conservador, pero opa-
ca la diversidad del pensamiento conservador y las vertientes pragmáticas
del mismo. Por ejemplo, no era lo mismo la gura de Cristo-Rey asociada al
catolicismo social de Acción Católica en los años 20 que la noción de repú-
blica católica de los restauradores de 1883 relacionada con el Concordato.
¿Qué tipo de historia intelectual hace Fernando Hidalgo en este inno-
vador libro? El autor se centra en el ethos conservador (p. 14), consistente
en los valores o hábitos de pensamiento de esta corriente. Estos incluyen la
jerarquía (p. 38), el organicismo (p. 37) y la escatología (p. 195). La estructura
profunda del ethos jalona los discursos explícitos y está latente aun en las
apropiaciones conservadores de matrices de pensamiento modernas como
el positivismo. Al optar por el concepto de ethos, Hidalgo rechaza implícita-
mente otras opciones teórico-metodológicas, como la historia conceptual o
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la historia de los lenguajes políticos. Hubiera sido interesante que Hidalgo
justicara su elección mediante diálogo con estas corrientes que hoy día do-
minan el campo de historia intelectual tanto en la metrópoli como en Amé-
rica Latina.
El deseo de Hidalgo de explorar los recesos más profundos de la men-
talidad conservadora le conduce a vincular el conservadurismo a un in-
consciente barroco (p. 13). Ello recuerda a la tesis de Bolívar Echeverría, que
plantea una suerte de sustrato barroco que sigue operando entre las élites
latinoamericanas después de la Independencia. No obstante, Hidalgo no
menciona a Echeverría y socava el nexo que el mismo establece entre barroco
y conservadurismo al señalar la fuerza que tuvieron las críticas jansenistas y
neo-clásicas al barroco en el siglo de las luces en Quito (pp. 200-205). Incluso
la recristianización de García Moreno se hizo en contra de la religiosidad
popular barroca y no como una revitalización de la misma.
Aunque el hilo conductor del Sagrado Corazón de Jesús tiende a opacar
la heterogeneidad del pensamiento conservador, Hidalgo no deja de propo-
ner una periodización (pp. 30-36). Arma que el conservadurismo tomó for-
ma en la década de 1850 bajo el auspicio de los jesuitas que regresaban de su
expulsión (p. 30) y que poco después cobró fuerza con el régimen de García
Moreno. Posteriormente, hubo una escisión en la que una parte del conser-
vadurismo plegó al progresismo, mientras otros como Juan León Mera, Ca-
milo Ponce y Pedro Schumacher se mantuvieron en el bando ¨terrorista¨ (p.
33). Hidalgo no especula sobre los orígenes de la denominación sui generis
en América Latina de terrorista, un mote que los liberales ecuatorianos en-
dilgaron a los conservadores, pero parece haber originado en la armación
de García Moreno de que para gobernar exitosamente debía recurrir a ¨una
rmeza que inspire terror¨. Un nuevo momento del conservadurismo, el que
le interesa realmente a Hidalgo, se inicia a partir de 1895 (p. 36).
Los progresistas fueron desalojados del poder y esto permitió, como
indica Hidalgo, un aggiornamento o reagrupación y renovación del bando
conservador (p. 35). La convención conservadora de Cuenca de 1918 y luego
la Asamblea conservadora de 1925 marcaron hitos en este proceso. Hidalgo
explica, de manera muy hábil, cómo en este tercer momento los conservado-
res dejaron de lado la disputa Estado-Iglesia y se centraron en la forma de
construir una sociedad moderna armónica y dotada de una sociedad civil ac-
tiva. Inuidos por el positivismo y el catolicismo social, buscaron convertirse
en una tercera vía frente a un liberalismo en crisis y un socialismo percibido
como disolvente (pp. 36-37).
Como sugiere Hidalgo, esta periodización tiene dimensiones transna-
cionales (p. 17), pero la historia conectada no es parte de su proyecto. Hu-
biera sido interesante relacionar las tres fases del conservadurismo respec-
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tivamente a los papados de Pío Nono, León XIII y Pío XI en un contexto de
romanización de la Iglesia.
Los contenidos más interesantes del libro de Hidalgo conciernen la mez-
cla de positivismo y catolicismo social que primó en la primera mitad del
siglo XX. El libro muestra cómo pensadores de la talla de Jijón y Caamaño,
Julio Tobar Donoso y Remigio Crespo Toral criticaron el individualismo y el
pluralismo del paradigma liberal como también la lucha de clases marxista.
Como alternativa al pluralismo, propusieron un gobierno de unidad nacio-
nal compuesto de expertos (p. 93), así como frente a la lucha social plantea-
ron un modelo corporativista basado en lazos paternales que unieran a la
élite industrial con los obreros (p. 93). Como menciona Hidalgo, este modelo
no era una mera utopía sino que se empezó a construir desde la sociedad
civil mediante la corriente de Acción Católica.
Al concentrarse en las ideas conservadoras en lugar del debate político,
Hidalgo no se percata de cuán sintonizado estaba el pensamiento conser-
vador con las corrientes post-liberales de la interguerra. Los programas de
los conservadores, socialistas y populistas convergieron en una mezcla de
tecnocracia, corporativismo e industrialización. No se trataba, como cree la
historiografía liberal o liberal-marxista, de una profundización de la Revo-
lución Liberal, sino de una contracorriente frente a un liberalismo que expe-
rimentaba una crisis global. No es casual que la Revolución Juliana tuviera
una vertiente terrateniente e incluso fascista, si consideramos el inujo de la
Misión Militar Italiana. En otras palabras, no sería difícil demostrar cómo el
conservadurismo ayudó a construir el consenso posliberal de la interguerra
que luego se traspasó a la posguerra como desarrollismo.
Otros temas del conservadurismo que explora Hidalgo son su visión de
la historia y su escatología. El autor muestra cómo en la primera mitad del
siglo XX los conservadores, especialmente Jijón y Caamaño y Julio Tobar
Donoso, armaron una identidad nacional que supuestamente se remontaba
a los orígenes de la nacionalidad (pp. 111-118). Subrayaron la “unicidad” del
Ecuador en el concierto de naciones e insistieron en que las instituciones na-
cionales debían levantarse sobre las bases históricas y no sobre abstracciones
o ideologías importadas. El historicismo conservador legitimaba una socie-
dad inspirada en el catolicismo sin dejar de lado las raíces prehispánicas que
formaban parte del mestizaje, que se valoraba positivamente. Incluso fueron
pioneros del anti (norte) americanismo al plantear un conicto secular en-
tre la cultura anglosajona e hispánica y un modelo industrial proteccionista
antes de que la izquierda anara su propio antiimperialismo (pp. 124-127).
La escatología fue otro componente medular del ethos conservador, según
Hidalgo (p. 209). Pensadores conservadores como Julio Matovelle aguarda-
ban el triunfo del reino de Cristo en la tierra y, en términos providencialistas,
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veían a América e incluso al pequeño Ecuador como entidades destinadas a
realizarlo (pp. 224-234). Hidalgo resalta la tradición del pacto Iglesia-Estado
que se inició con las juntas autonomistas quiteñas (1809-1812) y continuó
con García Moreno, la construcción de la Basílica del Voto Nacional (1883)
y la exaltación de Cristo-Rey en la inter-guerra. No obstante, hace falta con-
siderar los aspectos transnacionales y las especicidades de los conceptos
de la teología política. La gura de Cristo-Rey tenía que ver con la Encíclica
“Quadragesimo Anno” de Pío XI de los años 1930 que planteaba una recons-
trucción corporativista del orden social desde las asociaciones católicas en
lugar de vincularse al Concordato.
En n, se trata de un libro de una enorme erudición y muy bien escri-
to, acaso demasiado erudito y elocuente. A veces �idalgo tiene dicultad
en canalizar su enorme caudal de conocimientos de manera analítica y en
controlar sus propias metáforas que rivalizan con las de los pensadores con-
servadores. Asimismo, la originalidad de su texto se traduce en una falta de
diálogo con la historiografía sobre el siglo XIX, por ejemplo, los referentes
ineludibles de Roberto Di Stefano y Sol Serrano, así como con los plantea-
mientos de la historia intelectual contemporánea.
Carlos Espinosa Fernández de Córdova
Flacso-Ecuador
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